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sábado, 9 de mayo de 2015

Al otro lado del glory hole

Hacía meses que no pasaba un viernes en soledad en mi querida Barcelona. Maria estará fuera todo el fin de semana por cuestiones de trabajo, o eso es lo que me ha contado. A medida que se acercaba la hora de salir del despacho mi modosito proyecto de fin de semana de lectura y reposo en casa se iba enturbiando. Casi sin darme cuenta había activado todas mis redes sociales golfas, rastreado la oferta de putas de erosguia y chateado con amigos varios de nuestro querido sub-mundo golfo. A las 22:00 me encontraba delante del vestidor escogiendo el disfraz adecuado para mi plan noctámbulo. Algo sobrio, clásico e incómodo, pero éxito asegurado: americana, camisa y pantalón tejano. Casi no me reconocía: debe hacer años que no me pongo una americana fuera del horario laboral. Parecía un pijo repelente de los años 90, precisamente lo que quería aparentar.

En este mundo del golferío siempre he sido un tío solidario. Casi una ONG del vicio. La proporción de hombres y mujeres que se han follado a Maria con mi beneplácito dejan en anécdota la cifra de las que me he follado yo. Maria no sabe decir que no, y a mí, que no soy nadie para decidir sobre ella y sus actos, me cuesta negarme a verla bien follada. Acabaré siendo un tierno voyeur. Así que, harto de ir de putas en mis aventuras solitarias, decidí que debía reclamar la cuota de solidaridad que siempre he tenido con los demás y acercarme a un club swinger como nunca había hecho: como chico solo. De ahí mi indumentaria. Sé por experiencia que la edad media de los swingers suele estar sobre los 40 así que, por cálculo de probabilidades, escogí el look que podía tener mejor aceptación. Defecto profesional.

A Uhomo sólo he ido dos veces con Maria. Una de la que no quiero acordarme y otra de la que, por más que lo intento, no tengo el más mínimo recuerdo. Tan sólo sé de la tremenda resaca del día siguiente y de un manchurrón de semen en la camiseta que había vestido aquella noche. La leche no era mía, me lo confirmó Maria. Perfumado, con dos gin-tonics en el cuerpo y una cena frugal me acerqué al local. 
Pagando la entrada, notando el zumbido de los bajos de la música en interior del local, me sentí como un adolescente de caza en la discoteca un domingo por la tarde. La chica del guardarropía me miró de arriba abajo, sin pudor, como el segureta del aeropuerto que te hace pasar por el arco detector de metales. Incluso se alzó de su taburete para ver mi calzado. La encargada era de lo poco que recordaba de nuestra primera vez en el local, una chica encantadora, de un aspecto agresivo, pero dulce en el trato. Aquella noche fantaseé con ella y con Maria, nos encantó a los dos. Por desgracia aquella noche, a parte de ella, no había más que tres parejas no muy recomendables. Tras consultar en voz baja con un chico de seguridad, grandote y alto, la chica sonrió y me dio unas indicaciones con voz edulcorada. Nada que no supiera de mi experiencia al otro lado.

El local estaba muy oscuro, no lo recordaba así, tuve que acostumbrarme para llegar a la barra. La música sonaba con nitidez y calidad, cosa rara en la mayoría de clubs, y un dj joven se entregaba a su oficio con ganas. Había bastantes parejas en la pista, bailando y en los sofás. Recordé las indicaciones de la encargada y permanecí discretamente resguardado en la barra. Tan sólo éramos cinco chicos. Enseguida entablé conversación con uno de ellos, de ventipocos, delgadito y de aspecto pulcro como un cirujano. Por lo visto no resulta nada fácil franquear la entrada del club como chico solo. Según me explicó mi colega yo era el único desconocido, ellos cuatro eran habituales del local. No quise preguntar si habían pagado los treinta euros de la entrada. Volvía a mi mente el recuerdo de las discotecas de tarde para adolescentes, siempre me tocó pagar. Mi locuaz amigo me repitió las normas del caballero solitario en el club swinger y procedió a darme algunos consejos más, de su propia cosecha porque "se te ve buena gente". Lo cierto es que debía tener una gran intuición pues apenas había abierto la boca. Los otros tres hombres empezaron a desaparecer, buscando la pole-position en las zonas que tienen asignadas los chicos en el local, la jaula y el glory hole. Me sorprendió que del trío restante uno fuera un tipo de unos cincuenta años, una tanto ajado. De los otros dos, uno era un negrazo, que seguro triunfaría en la noche, y el otro un chico joven musculado, bien afeitado y mejor peinado, que podía pasar por un futbolista de éxito: un ramillete variado donde escoger.
Mi compañero de barra seguía con su cháchara y su copa, atento a un diálogo del que yo solo participaba con gestos de mi cara, vocablos tipo "ya" y "claro" afirmaciones breves y alguna que otra sonrisa.
-Tu vas de coca? -mi pregunta pareció incomodarle al principio, pero la evidencia se encargó de responderme.
-Sólo me tomo una puntita, ya sabes para aguantar más. Aquí es raro el que no se mete un poquito. Entre las parejas y entre los tíos solos -su certeza me sorprendió pues, aunque no dudo de los hábitos drogatiles de algunos swingers, siempre he tenido la percepción de que era algo minoritario. -Aquí hay mucha farla y mucho Viagra, ¿cómo si no va haber tíos que aguantan una hora de reloj bombeando como cabrones? yo con un cuartito de Viagra tengo rabo para toda la noche.
De un bolsillo de la chaqueta sacó un paquetito envuelto en papel film con los restos de una pastilla de Viagra recortadita por los extremos.
-Con una de estas tengo para casi un mes.

Viendo el cariz que tomaba la conversación, decidí apurar la copa y moverme hacia la zona de combate. Tengo un curioso magnetismo para la marginalidad, aunque en este caso no pude comprobar si mi interlocutor representaba la excepción o la norma entre los hombre solos del mundo swinger. Tampoco me apetecía comprobarlo.

Me sorprendió la cantidad de parejas que llenaban el local. Nada que ver con mi primera visita. Como ya os he dicho no puedo comentaros como estaba en la segunda. Sentí nostalgia de no poder estar con Maria entre aquella marabunta. Había de todo y muy apetitoso, para todos los gustos. Parejitas jóvenes y maridos maduros exhibiendo a sus deliciosas señoras, arregladas para la ocasión. Disfruté con la vista de un par de señoras con medias, botas y corset. Sin perder más tiempo me acerqué a la zona de la jaula.
Había movimiento en la zona de guerra. Entre la oscuridad y mi miopía no podía discernir muy claramente lo que veía, pero intuía carne, piel y mucho placer. Oía la sinfonía de gemidos en la distancia y mi polla se empezó a hinchar. Entre los cuerpos vi al cincuentón con el que rivalizaba como hombre solo, recibiendo una mamada soberbia de una mujer regordeta que se afanaba sobre su polla. Ladeaba la cara y el gentil cincuentón le apartaba el pelo para que el marido disfrutara de una inmejorable vista de las artes de su señora. Mi nostalgia seguía creciendo y también cierta envidia. No daba un duro por el cincuentón y allí estaba siendo devorado. Entre las sombras vi a mi otro rival, el guaperas con pinta de futbolista gay, que se masturbaba lentamente atento al juego de las parejas. Vi que si tenía éxito no sería por sus atributos: al pobre efebo le faltaban algunos centímetros de personalidad.

Pasado un rato en el que las parejas no nos prestaron la más mínima atención a los enjaulados, y envidiando ya sin reservas al cincuentón que pasaba de hembra en hembra, decidí acercarme al glory hole, buscando algo de solidaridad de la que yo tantas veces he hecho gala en estos recintos.

Si el local era oscuro el glory hole casi requería usar un frontal de minero para no tropezar. Allí estaba el negro, confundido en la falta de luz, observando como una pantera por uno de los agujeros. Me animé a hacer lo mismo. Una pareja estaba a escasos metros de la pared agujereada. El marido hablaba al oído de la chica. Ella no quitaba ojo de la pared, sonreía y se frotaba excitada con su compañero. El negro se bajó los pantalones y metió su pollón aun semi flácido por el agujero, como el pescador que pone su mejor cebo en el anzuelo. La pareja se acercó un poco más, sin deshacer su abrazo. La mujer, de unos cuarenta años, vestida sólo con una mini falda negra, medias y sujetador del mismo color, pajeaba a su marido con los ojos entreabiertos mientras le escuchaba excitada. Imité a mi rival y metí la polla por el agujero, atento a la competencia. Noté la caricia suave de la mujer y me esforcé por ver que ocurría sin sacar la polla del orificio, ni herirme con algún rozamiento inapropiado. La chica estaba recostada en la pared y tenía en una mano la polla del negro y en la otra la mía. Su acompañante estaba sobre ella, a escasos centímetros de de la pared. Oía perfectamente como excitaba a su mujer.
-¿Con cual vas a follar puta?... ¿con cual me vas a hacer cornudo?- el hombre hablaba a media voz, casi susurrando.
-¿Cual quieres tu, cornudo?... ¿no me puedo follar a los dos? - preguntó con un tono burlón, infantil, que encendió a su marido.
-Venga puta, que después te limpiaré el coño bien follado.
Es sorprendente como se ha expandido el movimiento cuckold por el ambiente. Lo que antes podía considerarse una rareza ahora está presente en el ambiente casi por mayoría. A los hombres les encanta ver como disfruta su mujer, todos quieren tener una puta, una golfa, una reina del porno en la casa. Me encanta. En cambio no acabo de llevar del todo bien las conversaciones sacadas del doblaje de una película porno del viernes noche en el plus. Es tan sólo una observación, esta pareja no tenía nada impostado, eran puro morbo. Noté como la chica soltaba mi polla y pensé que era el preludio de una mamada. A mi lado escuché gemir a mi rival que se arrimaba al agujero para sacar más trozo de su pollón, ya totalmente armado. Miré como pude por el agujero y vi a la mujer entregada a una mamada frenética. Su marido estaba en cuclillas a escasa distancia de la escena.
-Chúpasela al negro, cómete el chocolate, ya verás como te pone fina el negro, ¡que polla tiene el negro! ¡Te va a dar café con leche!
Con la decepción del momento, escuchando como jaleaba el buen hombre, me replanteé mi observación sobre la sensualidad de la charla de la pareja. En cuanto la mujer se había aplicado a la mamada el hombre se había entregado a su fantasía de porno casposo. Me fui de allí odiando al negro y al marido que subía los decibelios diciendo.
-¿Mirad como la puta se la chupa al negro! -no sé porque vino a mi mente Georgie Dann.

LLevaba ya unas horas deambulando por el local y había agotado ya dos copas. Muchas parejas me miraban morbosas, pero se entregaban a sus juegos. No nos olvidemos que muchas parejas acuden a clubs para jugar sólo entre ellas. El resto de asistentes no pasan de ser atrezzo para sus fantasías. Volví a la zona del glory hole y allí seguía el negro. Ahora dos mujeres le chupaban la polla. Los maridos se masturbaban viendo la escena. Por lo visto ya había dado cuenta de la pareja anterior y parecía tener cola para su apéndice. No quise meter mi polla en la escena: aun creo en la estética y creo que le hubiera fastidiado el momento a aquellos hombre que disfrutaban viendo a sus chicas compartir miembro.
De nuevo en la zona de la jaula. El cincuentón seguía al lío acompañado ahora del futbolista metrosexual de polla escasa. El maduro debía llevar una hora y media si parar. Recordé a mi compañero de la barra y sus palabras sobre los artificios químicos de los swingers. Ni rastro de él, se había esfumado. Resignado me apoyé en los barrotes y me empecé a masturbar. Una pareja se acercó a mi y la chica pareció invitarme a unirme ¡Por fin! me preparaba para entrar cuando escuché al marido que, sin mirarme, le decía a su chica sujetándola por el brazo.
-Ni hablar, tu no me has dejado estar con la rubia, así que si quieres algo, fóllate al negro, al pijo ni hablar. Lo habíamos hablado Nuria...
La muchacha besó al marido en el cuello y cogiéndolo de la mano lo sacó de la zona de camas, con destino a coger turno en el glory black hole.

Me planteé si valía la pena apurar algo más mis opciones, acabar la paja o irme del local. Recuperé mi americana y saludando amablemente a la encargada me vi con cierto ánimo para intentar algo con ella. Que malo es ir caliente delante de una persona que está por su trabajo. Respetando su profesionalidad salí a la calle. En la puerta me crucé con una nueva pareja que acudía al local en un estado de embriaguez considerable. Ella era una preciosidad rubia que me recordó enormemente a mi añorada Maria, él un joven atractivo de pelo largo y barba, los dos con clase y morbo. Me replanteé entrar de nuevo y probar suerte, pero me los imaginé sacando turno donde el negro. Resignado me dirigí a las Ramblas en busca de alguna negra que me la chupara. Inversión de roles lo llaman. No me costó escoger, barato, simple y efectivo. Veinte euros por una mamada a pelo en el portal de una casa. Casi lo mismo que me había costado entrar en el local. Creo que la próxima vez que esté sólo volveré a mis viejas costumbres puteras.

  

sábado, 27 de septiembre de 2014

Boda pederasta

Siempre he tenido vocación de abuelito. Eso de llevar al nieto a los columpios y comprarle chuches me parece de lo más tierno. Pobre de aquel que no haya podido vivir esa sensación de felicidad plena volando en un columpio, insistiendo al abuelo para que te lleve más y más arriba. Detrás de esa imagen bucólica, no os quepa la menor duda, hay una parte egoísta del abuelo en cuestión. Pocas oportunidades se le presentan a un jubilado en el tiempo de descuento de ver una mejor colección de jóvenes mamis de mirada cómplice con el esforzado yayo. El abuelo, entre empujón y empujón al columpio, no pierde la oportunidad, como el viejo cazador que es, de mirar una nalga, un pecho, o, en una tarde de gloria, unas braguitas mostradas en un descuido. Las mamis bajan la guardia de su arduo trabajo entre semejantes o entre abuelos. No lo olvidéis.
Desgraciadamente para ser abuelo no queda otra que ser padre antes, siempre que no lo remedie algún visionario de la tecnología, aunque tras la muerte de Steve Jobs me cuesta imaginarlo. No tengo espíritu de sacrificio y tengo un punto egoísta que me mantiene lejos de esa responsabilidad. Estas, entre otras cuestiones son las que me mantienen sin hijos, o para se más correctos, en la ignorancia de la paternidad. Cualquier hombre puede ser padre sin saberlo y, como desgraciadamente no todos pasamos por el Sálvame Deluxe, muchos permaneceremos ignorantes de nuestra condición de papis. 

Otro de lo motivos que mantiene a mis espermatozoides como un ingeniero en paro (sin ejercer para lo que se han preparado) es la emancipación brutal de las niñas. Por un lado me estremezco, por otro lado me lamento de no haber nacido en esta gloriosa época en que los niños follan antes de saber conducir. En mi época era al revés, sin coche era difícil llegar a la meta. Me pongo en el papel de esos padres que ven a la niñas salir de casa con los shorts que han agitado las calles este verano y me entran sofocos. A eso viene esta introducción. Este verano pude comprobar ese furor femenino. Aún me dura la resaca emocional.
De las mejores noticias que puedes recibir en verano está la invitación a una boda familiar. Rompe tus planes, olvídate de las playas y las aventuras. Un pariente ha decidido aprovechar las vacaciones para que todo el mundo pueda acudir a su día más especial. El quince de Agosto, marcado en el calendario con rotulador fosforito, amenazaba desde hacía meses. Una de las primas de Maria, de igual nombre, aprovechaba la singular fecha para celebrar una boda de alto copete. Resignado me dispuse a cambiar mis vacaciones anuales por el honor de ser participe de tan alto honor. Maria estaba alterada, esa parte de la familia, adinerada y de alta reputación entre la burguesía de Barcelona, requerían de todo un protocolo fácilmente traducible por aburrimiento. Desde semanas antes a la boda me insistió en que me controlara con bebida y demás. La Maria que me iba a acompañar a la boda dista mucho de la Maria que convive conmigo: debía ser remilgada, abstemia, sobria y cortés con todo el mundo. Yo acepté el trato y me dispuse a actuar como un galán de culebrón hasta la cena. Allí tendría libertad condicional para intentar pasar un buen rato.
Sin avisar a Maria me preparé una petaca de Jagger y aparcados en la calle, antes de llegar a la iglesia, me pegué el primer trago. Mi chica me miró indignada pero, en vez de regañarme, me quitó la petaca y le dio un buen trago al licor de los cazadores. Antes de guardarla en la americana di otro buen sorbo. En ese momento vi por la ventana de Maria como una chica de unos dieciséis años, vestida con un sobrio vestido gris, me miraba por encima del hombro, arqueando una ceja en un gesto de desaprobación que me hizo guardar la petaca apresuradamente. La chica giró el cuello y siguió caminando. Sin duda el arreglado pelo, perfectamente planchado y brillante, recién salido de la peluquería, los zapatos de tacón y el bolsito a juego la definían como invitada a la misma boda. 
Salimos del coche y Maria inició un carrusel de saludos, besitos al aire, gimoteos, falsas añoranzas y reconocimientos mutuos de belleza con amigas y familiares. Yo me limité a poner el piloto automático estrechando cuantas manos se me ponían por delante y añorando mi petaca de licor. Tan cerca tan lejos como tituló Wim Wenders una de sus películas. Conforme nos acercábamos a la puerta de la iglesia el parentesco aumentaba en proximidad. Abuelos, hermanos, primos y la hermana de la novia. Cristinita, quince años de tontería, mojigatería y pijerío embutidos en un horrible vestido rosa que la hacía parecer un chicle de fresa mal masticado. Por todas partes le salían brotes de carne magra, como si fuera una morcilla echada al fuego a punto de explotar. Como se puede tener esa edad y ser así de desparramada? A su lado su antítesis. La niña censora que me había reprochado con un gesto mi chupito de ánimo en el coche. Tenía los ojos muy vivos, como si el resto de su cara ocultara algo que los ojos no conseguían disimular. Miré su escote con disimulo, su cintura, su espalda descubierta, su culo. Esa chica haría sufrir a más de un hombre en su vida. Todo su rostro era armónico, bello, sin ningún rasgo llamativo, salvo sus ojos codificados.
- Esta es mi mejor amiga, Leyre.
- Mucho gusto, son tus padre navarros? - pregunté sorprendentemente cohibido.
- No, por qué?
- Por el nombre. Es típico de Navarra - Maria sonrió confirmando mi afirmación.
- No. A mis padres les gustaba mucho una canción que se llamaba "Lady" pero como no sabían inglés creían que se escribía Leyre, como se pronuncia vamos.
Durante unos segundos no supe que decir, hasta que Cristina empezó a reír y Maria y yo la seguimos por simpatía. Vaya con la niña.
- Perdona tienes razón, era broma. Sí son navarros - afirmó sonriendo cómplice con su amiguita. 
Aprovechando que Maria y su primita se enzarzaban en un cotilleo continuo sobre el vestido de la novia y los arduos preparativos, Leyre me dijo al oído, sutilmente.
- Espero que me invites a un trago de eso que llevas ahí dentro.
- No pienso contribuir a que una niña se convierta en una alcohólica - dije con sorna.
- ja ja ja habló el anciano, deberías empezar a dejar los excesos, a tu edad ya se sabe...
No pude evitar la sonrisa. Aquella chica prometía mucho.
Os voy a ahorrar el coñazo de la ceremonia. El lugar inmejorable: la basílica de Santa Maria del Mar, rodeados de guiris y curiosos. Todo se desarrolló conforme el clásico guión de boda, con emociones varias, llantos, e incluso alguna leve lipotimia de un invitado de la parte del novio que dieron color al trámite. Las mesas se repartieron según estricto protocolo, que como de costumbre, sólo entendían los novios y sus padres. La media de edad de nuestra mesa superaba los cincuenta. Mucho bótox y silicona entre ellas y mucha carencia de pelo entre ellos. Poco me costó entablar conversación con el vecino de al lado. Un empresario de la construcción venido a menos que no había perdido los buenos hábitos y me invitó a unas rayas. Volviendo del baño con mi nuevo mejor amigo vi la mesa en que estaba sentada mi joven amiga. Sentada en la mesa de los niños, destacaba rodeada de Fanta naranja y pollo con patatas. Miraba fastidiada a la mesa de honor en que estaba sentada su amiga y hermana de la novia. No pude resistir acercarme.
- Te lo pasas bién con tus amigos? Leyre no me contestó, me miró con suficiencia y me pidió la petaca. Sin llamar mucho la atención vacié la petaca en su vaso de coca cola.
- No me vayas a denunciar.
Los platos se sucedieron tanto como el vino y los licores. Fui al baño siete u ocho veces con mi nuevo amigo mientras Maria me clavaba puñales imaginarios. Al final de la cena estaba más cerca del Nirvana que de la boda y procuré con todos mis esfuerzos mantenerme lejos de la estirada familia de Maria y de su postiza pose. Me encontré solo en la barra tomando copas hasta que Leyre se acercó a mí. No le costó convencerme de que le pidiera unas copas. He de reconocer que disfruté de su frescura, de su alegría aunque lamentablemente no recuerdo mucho de la charla. Le conseguí unos cigarrillos y la acompañé a la calle a fumar. La miraba embobado aspirar el humo del pitillo. Aún me quedaba algo de licor en la petaca y lo compartí con la niña. Simplemente disfrutaba de su compañía, no pensaba en nada más. Noté que su lengua se volvía trapo y la advertí de que no bebiera más.
Volvimos a la sala y vi como Maria seguía cumpliendo con sus obligaciones protocolarias. Que bien se le da parecerse a lo que se espera de ella, tan lejos de lo que realmente es. En un par de ocasiones me miró alzando el pulgar, gesto que le devolví con complicidad. Leyre seguía flotando a mi alrededor. Tan sola como yo. Me pidió que bailara con ella y no me negué. Se acopló a mi cuerpo, y yo la abracé dubitativo. Ternura, deseo, complicidad? Bailamos juntos mientras algunos nos miraban comprensivos y otros suspicaces. Leyre me pidió al oído si tenía algo de lo que había tomado con mi compañero de mesa. Me había observado y sabía que ninguno de los dos teníamos problemas de cistitis. Se apretó a mi cuerpo. Noté sus pechos, rocé su culo con las manos, observé nuestra imagen reflejada en un espejo y no vi a un hombre y a una niña. Vi a dos personas, a una pareja. Se me puso dura. Leyre no se incomodó. Se apretó más, buscaba notar con su cuerpo mi erección. Yo deslicé mis manos sobre su culo y lo noté duro, deseable. Estuve a punto de separarme, poner tierra y un par de copas de por medio, pero la chica se resistió. Me llevó al centro de la pista donde había más gente y sutilmente pasó su mano por mi polla. Me miró a los ojos y me susurró al oído.
- Parece que no me ves tan niña...

Sin parecer brusco me fui a la barra y pedí otra copa. Leyre me siguió y se recostó sobre mi. Noté como buscaba  contacto y puso su entrepierna sobre mi rodilla, una técnica digna de las mejores fulanas de cualquier casa de putas. Bebió un par de sorbos de mi copa. Vi como sus ojos estaba turbios, afectados por el alcohol, pero seguían mostrando decisión, personalidad.
- Te espero en el baño.
Me encorvé como pude para ocultar el bulto de mis pantalones mientras la vi alejarse hacia los servicios.
- Es vuestra hija? - me preguntó un señor mayor, que recostado en la barra seguía con la mirada a la niña.
- Es una pariente, nada más -
- Será toda una rompecorazones - concluyó el señor sorbiendo un brandy oscuro con pinta de muy caro. Apenas se dio la vuelta. Apuré mi copa y seguí las huellas de Leyre. No era yo, algo que me arrastraba. Busqué a Maria entre los bailarines y no la encontré. Mis pasos me llevaban sin remedio hacia los servicios.
Entré en el baño de las chicas. Una señora mayor se refrescaba en el lavabo. Esperé a que acabara y susurré el nombre de mi perdición cuando la señora cerró la puerta a mis espaldas. La puerta de uno de los baños se abrió y vi como unas braguitas negras caían al suelo, cerca de mis pies. No pensé más. Me acerqué unos pasos y vi a Leyre sentada en el inodoro, con las piernas abiertas. Me apoyé en la pared y la miré a lo ojos. Apartó la mirada pero no cerró las piernas. Mis ojos se recrearon en su coño. Caliente, mojado, ansioso, suave, deseable. Podría haber estado allí horas, días, pero me arrodillé y lamí con una pasada todo lo que pude, desde su culo hasta el poco vello que tenía en el pubis. Me excitó mucho ver su coño depilado y prieto. Mis inquietudes quedaron al margen y me entregué a comerle el coño con todas mis ganas. Intentó apartarme cuando se corrió por primera vez pero, siendo más suave, pude seguir entregándole a mi lengua aquella delicia. Después de correrse nuevamente se irguió y me desabrochó el cinturón. Yo estaba empalmadísimo y la coca me había dado esa rigidez adicional tan negativa a veces y tan buena otras ocasiones. La niña se metió la polla en la boca. Entera. Me la comió saboreándola. No para cumplir. Me pajeó, me lamió por todos los rincones y, lo más sorprendente, me miraba a los ojos, gozando de lo que hacía y como lo hacía. Estaba deseando correrme, acabar con aquello, dejarlo en un recuerdo morboso. Leyre me sentó en la taza del inodoro, se colocó bien la falda y salió al baño. Me dejó allí con la polla apuntando al techo, en la frontera de la fantasía y la realidad. Volvió en breve con un condón que había sacado de la máquina del vestíbulo.

Me sobresalté e intenté disuadirla. Le susurré al oído que debía guardarse para otra ocasión pero su respuesta fue concluyente.
- No vas a tener el honor de ser el primero.
Volví a abandonarme, me enfundé el condón y puse las manos en la cintura de la niña. Se subió sobre mi y se hundió mi polla entre las piernas. Estaba apretada pero tan mojada que no tardé en estar dentro de ella. Se movía con cuidado, con cautela. Sin duda había chupado más de una polla pero no era una gran amazona. Le marqué el ritmo con las manos y empezó a gemir. Tenía las mejillas sonrojadas, los labios entreabiertos y los ojos cerrados, entregada. Busqué sus pechos, su culo, ansioso de tocar, chupar y penetrar aquel regalo. Puestos a pecar mejor hacerlo a lo grande. Lamí sus pezones, pellizqué su culo, acaricié su coño abierto con mis dedos y me corrí cuando deslicé dos dedos en su culo. Al notar mis embestidas ella se aferró con fuerza y noté como se corría empapando mi pubis. Seguí lamiendo sus pechos y permanecimos así durante no sé cuanto tiempo. Oímos la puerta del baño batir en varias ocasiones. Abrir y cerrarse el grifo, el secador y la cisterna del baño. 

Olí su cuello y sentí la suavidad de su culo en mis manos. Volví a acariciar su coño con suavidad. La niña reaccionó con gusto y volví a jugar con su cuerpo mientras mi polla anestesiada seguía en su interior. Volvió a correrse en mis manos mientras gemía sobre mi cuello. Me llevé los dedos a la boca y sorbí con placer. Ella me miró sorprendida, con sus ojos de regaliz.

Salimos de baño separados. Yo volví a la barra y ella se sentó con su amiga. No pude quitarle ojo. Acababa de follar con una niña de quince años y no podía convencerme de que era malo lo que había pasado. Entre los invitados pude ver a Maria riendo, siendo la Maria que conocen en su familia, no la Maria que sin duda hubiera pagado por estar en aquel baño conmigo y Leyre.
Leyre me dio su teléfono - es para que lo tengas, no para que me llames - yo le dí mi número, falseando las dos últimas cifras. Muy a mi pesar no quería volver a asomarme al precipicio. No puedo negar lo que sentí. Me he masturbado volviendo a aquel baño. Me encantaría volver a follar con Leyre, pero algo me dice que no nos traerá nada bueno, ni a ella ni a mí.

Maria te acariciaré el coño después de que leas esto. No podrás engañarme y sabré si te has enfadado o si has lamentado no haber compartido a la niña. No he tenido valor para contártelo hasta ahora. Te enfadas?

domingo, 7 de abril de 2013

Fan trans-bipolar

Parece que mi blog se ha convertido en centro de acogida para lectores con las más variadas taras mentales. Esta casa está abierta a todo el mundo y siempre he tenido predilección por los débiles, los tarados y las causas perdidas.

Siguiendo la serie iniciada con Fan fatal os presento la segunda parte: Fan trans-bipolar, con la inestimable colaboración de un nuevo amigo: Infantes. Le llamaremos así ya que como Batman o Spiderman nadie conoce su verdadera identidad. He aquí su mail por si alguien tiene la curiosidad de indagar en la metamorfosis hombre-mujer más asombrosa vista desde Bibi Andersen o, para los más jóvenes, Bibiana Fernandez: infantes666@yahoo.es. 

No creo que le moleste que le escribáis, y si os animáis a enviarle alguna foto mejor, pues parece que es lo que mueve los oscuros resortes de su mente privilegiada

----- Mensaje reenviado -----
De: Infantes <infantes666@yahoo.es>
Para: "anemak74@hotmail.com" <anemak74@hotmail.com> 
Enviado: Sábado 16 de marzo de 2013 11:03
Asunto: Rv: cas

----- Mensaje reenviado -----
De: Infantes <infantes666@yahoo.es>
Para: "anemak74@hotmail.com" <anemak74@hotmail.com> 
Enviado: Sábado 9 de marzo de 2013 11:13
Asunto: cas

Nicolas, tengo 25 años , atractivo, alto 1.80, delgado, , pelo castaño, , dotado, hetero y cargado de morbo. 
Si quieres podemos quedar un dia, charlamos, nos conocemos, y disfrutamos del sexo, pasando ratos inolvidables, haciendo nuestros deseos realidad.
Si estás interesada enviame un mail detallando forma de contacto.
Anímate que seguro que no nos arrepentimos.
hasta la vista,
¿de donde eres?

Me acabo de hacer dos pajas con tus fotos, te voy a comer todo tu cuerpo a lametones con mi lengua, especialmente las tes y en el coño, donde no voy a parar de comertelo una y otra vez hasta que te corras, y luego acabar follando como locos, hasta que te corras una y otra vez, asi las veces que tu quieras


No os voy a negar que cuando Maria vio esta foto, aún dudando de que el escritor del mail fuera su legítimo poseedor, le entraron unas ganas locas de acariciar su garganta con la punta de esa polla. Así que, a parte de darnos un pretexto para una buena mamada, este mail fue a la papelera. Antes, eso sí, fue respondido amablemente: gracias por tu foto, menudo pollón! pero no buscamos chicos solos, bla bla bla, gracias por pasarte por el blog, bla bla bla que sigas disfrutando en tus pajas del coño de Maria.

La sorpresa, milagro de la cirugía o muestra de imbecilidad suprema se manifestaron en un mail recibido ayer, curiosamente del mismo comunicante, el gran Infantes:

De: Infantes <infantes666@yahoo.es>
Asunto: con
Fecha: 6 de abril de 2013 10:36:43 GMT+02:00
Para: "anemak74@hotmail.com" <anemak74@hotmail.com>
Responder a: Infantes <infantes666@yahoo.es>

hola pareja

Soy MARTA, de girona tengo 25 años , atractiva delgada , rubia ,morbosa
Si quereis podemos quedar un dia, charlamos, nos conocemos, y disfrutamos del sexo, pasando ratos inolvidables, haciendo nuestros deseos realidad.
Si estás interesados enviarme un mail detallando con forma de contacto y FOTOS VUESTRAS..
Anímaos que seguro que no nos arrepentimos.
hasta la vista,

Atentos a la sutilidad con la que nuestro admirador resalta que es MARTA y que quiere FOTOS VUESTRAS. Creo que si algo no falta en este blog son fotos de Maria, aún así, si alguien quiere más, os dejo algunos links donde podéis encontrar algo más.

Como podéis apreciar sin mucho esfuerzo, nuestro amigo Infantes ha pasado de ser un polludo deseable (Nicolas) a ser una modosita chica de Girona, con todas las características físicas de las chicas de la zona (Marta). No os confundáis, es de Girona, aunque parezca rusa o checa. 

Infantes: no pensantes en hacerte una dirección de mail alternativa? te doy un par de posibilidades Martagirona25@, rubiamarta@, morbosagirona25@, no sé si estarán disponibles, prueba a ver, pero te recomiendo mi favorita: esquesoyunputoimbecil@ymeencantademostrarlo.com

domingo, 24 de marzo de 2013

De putas con Maria

"Vuelvo el 23 por la noche, serás capaz de darme una buena bienvenida?"

Esta foto es un fetiche para nosotros. Es de la misma sesión que la foto que encabeza el blog. Una noche de hace muchos años ya, de las primeras en las que ví a Maria salpicada del semen de otro hombre. No folló con él. El pobre hombre se tuvo que conformar con pajearse sin tocarla.

Sé perfectamente que quiere decir esa foto. Unas horas más tarde tenía preparada una reserva en un hotel de Barcelona a la altura de los acontecimientos. Tenía ganas de ir al W. He estado por alguna reunión de trabajo, pero me apetecía follar en él. No es precisamente barato pero la lujuria tampoco suele serlo. 
Durante los días previos a nuestro reencuentro no hablamos por teléfono, ni por facetime, ni por mail. Sólo mensajes, escuetos, sugerentes, lascivos.... creo que me he hecho más pajas en estos últimos días que en todo un año. Maria tiene ese poder sobre mí, puedo estar harto del sexo pero su olor, su tacto y la promesa de volver a tenerla, me hacen perder la razón.

Se negó a que fuera a buscarla al aeropuerto. Supe que llegó a media mañana pero quedó con una amiga y sólo se presentó en la habitación del hotel para ir a cenar. Yo ya me había tomado cuatro o cinco copas y había recorrido todo el hotel de arriba a abajo. Golpeó la puerta con los nudillos. Juro que pude notar como su perfume se colaba por las rendijas de la puerta. Me acerqué para abrir y aspiré con los ojos cerrados, no podía ser nadie más. El perfume, sus zapatos UN, las medias Wolford, el vestido negro de una pieza con el escote asimétrico mostrando uno de los hombros, la gargantilla de cinta de raso anudada al cuello con un pequeño charm en forma de zapato de tacón rojo, las uñas lacadas en negro, el cuello, su sonrisa, el pelo recogido y sus ojos de espejo. No supe que hacer, tieso como un perchero, sólo pude sonreír. Mi cuerpo se debatía entre la risa y el llanto, la alegría y la pasión desbocada, como una procesión de semana santa. María dejó caer el bolso al suelo y me abrazó, me besó y no hubo más palabras.

La sobé, pellizqué, estrujé, manoseé, acaricié pero nada más, no follamos. Maria, recordándome que no había cambiado, susurró "la noche es muy larga".

Tras recomponer nuestra vestimenta, y ponerse Maria un poco de gloss en los labios, nos dirijimos al restaurante. Para la ocasión había reservado en Torre de Alta Mar, quizás el restaurante con las mejores vistas de Barcelona. No íbamos a cenar mucho, somos más de beber, y eso no faltó. Volvíamos a ser los de siempre, juntos, sin dudas ni fisuras, disfrutando de Baco. María volvió a entregarme su tanga tras ir al baño. No quería dejar lugar a dudas, la noche no había hecho más que empezar. A la altura del segundo plato me contó alguna de sus aventuras y me mostró varios de sus trofeos en el móvil. Una galería de pollas de todos los tamaños y formas. No se cuantas veces me llegué a empalmar en la cena. Tuve miedo de que el mecanismo erector de mi polla acabara fallando.

La primera copa de la noche la tomamos en el mismo restaurante. Muchas de las mesas se habían ido ya y los camareros empezaban a pulular esperando que les pidiéramos la cuenta. No tardamos en irnos. Las siguientes horas las pasamos recorriendo varios locales de la zona del Born, bebiendo y besándonos como adolescentes. Maria me señaló varios chicos a los que le comería la polla sin dudarlo. Os podéis imaginar como reaccionaba mi entrepierna. No sé cuantas copas tomamos, pero una torcedura de los tacones de Maria y un resbalón mío sobre los adoquines húmedos de la calle del Rec me convencieron de que era la hora de que un taxi nos llevara a nuestro siguiente destino.

Sorprendentemente no fue difícil conseguir taxi. En cuanto le indiqué la dirección al conductor pude ver, por su media  sonrisa, que conocía el destino, de la misma manera que ví que Maria no tenía ni idea de donde íbamos. Maria empezó a interrogarme de la mejor manera que sabe, metiendo sus manos bajo el pantalón y pajeándome mientras me preguntaba al oído. Yo hice lo mismo y metí mis manos bajo su vestido para acariciarle el coño. Pude ver como el taxista miraba de reojo por el espejo y decidí alegrarle el trayecto, separando las piernas de Maria mostrando bien su coño empapado. Mi chica, cómplice, se recolocó hacia el centro del asiento para que el conductor disfrutara plenamente de al vista.

Al parar el taxi Maria miró a través de la ventana y mostró su sorpresa al no reconocer donde estaba. Una simple calle y una simple puerta, sin ningún letrero. El taxista cobró la carrera y, si hubiera sido algo más discreto en sus comentarios, le hubiera dejado sobar el coño de mi acompañante, pero hasta para ser grosero hay que tener arte.

Respondió al telefonillo una señora de acento sudamericano, dulce y atenta, tal como me había atendido días atrás por teléfono. Nos hizo esperar unos segundos hasta que abrió la puerta. Maria seguía un tanto confundida, pero intuitiva como es, sabía que no la iba a decepcionar. Lo primero que llama la atención del local es la cuidada y oscura, los aromas y la delicadeza de la señora de la entrada, la Mami. Dio dos besos a Maria y nos llevó a una de las habitaciones. Nos dejó a solas para que se nos presentaran las chicas. Las recibimos con mis dedos en el coño de Maria. Pasaron todas las muchachas que atendían parejas y Maria se encargó de escoger. De todas las candidatas sólo tres habían mirado con morbo mi mano hundida en el coño de mi chica, de las tres sólo una era morenita. La elección fue sencilla. Laura.

Maria parecía nerviosa y sorprendida por el ritual de higiene obligatorio en estos lugares de pecado. La sonrisa de Laura la relajó y poco después estaban las dos tumbadas en la cama, acariciándose delicadamente. Me aparté de la escena, me bajé los pantalones y me agarré la polla con fuerza. Pocos minutos después Maria estaba hundida en el coño de Laura. Yo veía desde mi silla el coño empapado de mi chica, saqué el móvil del pantalón y busqué la aceptación de Laura. No necesitó mucho para decirme con un sutil movimiento de cuello "nada de fotos". Teníamos una hora por delante y quería que Maria disfrutara de su primera noche putera. Laura se retorció para llegar a Maria en un sesenta y nueva que duró hasta que mi chica apartó la boca de Laura de su coño: primera corrida.

Me sacaron de mi refugio y Maria me invitó a compartir su regalo. Lamimos el coño de Laura con furia, nuestras lenguas se entrecruzaban y sincronizaban haciendo que la puta se retorciera de placer. Yo me encargué de su culo y Maria del coño. Pude ver como metía la lengua dentro y sorbía con los labios. Laura se corrió. No todos los clientes comen los coños y los culos de las putas, para mí es una obligación.
Dejamos a Laura descansar mientras Maria se metió mi polla en la boca. Hacía tanto que no me la comía que había olvidado su maestría, nadie me la ha chupado mejor. Quería correrme, meterme en su coño, pero cuando notó que me aceleraba, retiró la boca y mirando a Laura me dijo "fóllatela, quiero verlo" Laura parecía recuperada y Maria se inclinó nuevamente sobre su coño para comprobarlo. Me excité mucho cuando me pusieron un condón entre las dos, me notaba la polla a punto de reventar y mi vanidad se llenó cuando Laura me dijo riendo que después de mi iba a necesitar un "dencansito".

Se sentó sobre mí, le cogí el culo y no encontré resistencia para meterle un dedo. Pareció agradecerlo. Empecé a lamerle los pezones, marrones y duros como el turrón. María estaba ahora sentada y se masturbada con dos dedos dentro del coño. Laura saltaba sobre mi polla con fuerza y Maria, tras darse al placer voyeurista, se levantó para unirse a la fiesta. Vi como le tocaba las tetas, como la besaba en el cuello y apretaba las nalgas. Maria se acercó a mi y me metió la lengua en la boca, sabía deliciosamente a coño. Me corrí como un criajo, de no ser por la insonorización del local hubiera despertado a media ciudad.

La despedida fue borrosa, Laura se quedó arreglando la habitación y la Mami nos acompañó a la calle. El silencio de la madrugada nos hizo plantearnos si todo había sido realmente tan perfecto. Un taxi llamado por la propia Mami nos recogió. Maria me echó mano a la polla y me dijo "vamos al Oops?" Se me puso dura de nuevo, sólo imaginar que Maria quería más, me hizo excitarme. Imaginar a Maria con una polla en la boca en nuestro reencuentro me hizo excitarme, recuperarme con si la hora anterior la hubiera pasado en un balneario, y no en un burdel. "Si vamos al Oops tu tendrás que conformarte con mirar, quiero que me folle otro" la sugerencia me calentó y apunto estuve de sacarme la polla en el taxi, pero la cara del conductor me hizo controlarme, no creo que le hubiera hecho mucha gracia.

Maria indicó al taxista la dirección. No era el Oops. Llegamos al hotel media hora más tarde. Yo seguía con la polla dura como si me hubiera pinchado viagra. Maria no me dejó ni tumbarme en la cama, de pie, apoyado en la puerta del baño, se arrodilló y se metió mi polla hasta la garganta. Con la mano izquierda se acariciaba el coño y no pude aguantar mucho. No duré nada, me corrí y Maria no dejó que se escapara de su boca ni un mililitro de semen. Me besó en los labios y tras susurrarme "lo echaba de menos" me arrastró a la cama.

Esta mañana hubiera deseado ser accionista de Bayer. No sé cuantas aspirinas debo llevar en el cuerpo. He bajado a desayunar mientras Maria seguía enroscada en el lado izquierdo de la cama y he aprovechado, aun abotargado por la endorfina, para anotar en el portátil cuatro sensaciones de la noche. En casa me he sentado para intentar contaros como mejor sé, que vuelvo a ser prisionero de Maria. 

PS: mil gracias a Felinabcn por hacernos más fácil pecar a las parejas pervertidas.


sábado, 17 de marzo de 2012

sábado, 11 de febrero de 2012

Pajillero

No me sienta bien el invierno. Ni me sienta bien ni me gusta. Odio el frío. Uno de los motivos por los que me gustaría ser millonario es para no volver a notar el tacto de una bufanda de lana en el cuello. Digamos que estoy invernando como un oso pardo. La verdad es que desde el último post que escribí no han pasado cosas demasiado remarcables, hasta diría que estoy en retroceso. Quizás es la edad, la maldita ola  de frío siberiano, los abrigos o la interminable crisis. O puede que haya otra explicación, no soy supersticioso, pero este año, por primera vez, no me acabé las uvas el día de fin de año. Mal presagio empeorado al no empezar el 2012 con la acostumbrada buena dosis de sexo, pero mejor os lo cuento.

Empezar el año en Madrid se ha convertido en una especie de tradición para nosotros. Nada de uvas en la puerta del sol, no, un buen hotel con rica cena y maratón de vicio en algún club de la ciudad. En esta ocasión algunos de nuestros amigos se habían apuntado a la cena, así que se nos planteaba un reto de escapistas: ir al club a desbocarnos y volver a la fiesta, a última hora, a desayunar con nuestros amigos. Ellos no tienen idea de nuestro lado sórdido, de nuestros vicios y perversiones. Algo intuyen, pero prefieren no preguntar, no vaya ser que a alguno le entren dudas. A veces las mentiras menos elaboradas son las que mejor funcionan, así que simplemente les dijimos que teníamos que pasar por casa de unos conocidos. 

En la recepción del hotel había un bullicio de mujeres de todas las edades maravillosamente vestidas, perfumadas y calzadas. Las mujeres de mis amigos estaba deseables y preciosas; asiduas del jersey de lana y los tejanos, estaban deliciosas con sus vestidos. Me sorprendí con el escote de alguna, el culo de la otra o los labios de aquella: toda mujer tiene algo por lo que matar. Una cena con amigos en la que abunda el alcohol tiene un alto riesgo de ebriedad. María me miraba de reojo intentando calmar mi ansia de beber, pero lamentablemente no le hice mucho caso. En el segundo plato estaba bastante perjudicado. El cava, los chupitos, los cubatas... perdí la cuenta en las uvas. Empecé tarde y me quedaban en la mano aun tres cuando el chef acabó de golpear la cacerola al ritmo de las campanadas. Baco me pidió su peaje cuando me levanté para ir al baño. Estaba muy mareado, casi choco con una mesa vecina y me equivoqué de puerta un par de veces antes de encontrar el servicio. Al volver María estaba muy molesta, así que antes de sentarme me agarró de la mano y, excusándome, me sacó del restaurante.

Si no fuera por los 240€ que nos costaron las entradass para el club, me hubiera quedado en el hotel, pero María no era de mi misma opinión.
-Porque tu te desmadres no me vas a dejar a mi con las ganas- Me recompuse como puede y fuimos hasta el club, que estaba muy cerca, en un taxi. Me concentré para entrar al club con la máxima dignidad. Creo que lo conseguí. El ambiente era, o me pareció a mi, delicioso. Igual que en el hotel vi a la mayoría de asistentes bien vestidos y sexys. También vi unas cuantas parejas que no entiendo como les habían dejado entrar en el local. Debería haber una policía que detuviera a la gente que no respeta un mínimo de dress code, y más en una noche tan especial. Estaba muy lleno pero faltaba algo de química en el aire, mucha pose, parejas preciosas, pero poco sexo. Opté por acercarme a la barra y empezar a canjear mis vales por cubatas. Uno tras otro. María bailaba, miraba, se dejaba mirar, se rozaba con uno y con otra. Yo sostenía la barra y empezaba a lamentar mi ansia. María me cogió de la mano y me adentró en el laberinto, eso me parecía a mi, de habitaciones oscuras. Los gemidos eran aquí más insistentes y capté con mucha claridad el olor del látex caliente, de los cuerpos, del sudor y del resto de fluidos posibles. Sexo en mayúsculas.

Nos acercamos al glory hole. Sólo una polla asomaba por uno de los agujeros. María se puso en cuclillas y empezó a chupar. La polla estaba dura, no era muy grande pero era la que había, y por lo que vi, María se moría de ganas de meterse una en la boca. Me sentí invisible y afortunado a la vez. Vi como el tío empujaba y metía la polla todo lo que podía a través del agujero. Oía los gemidos ensordecidos a través del tabique y veía la cabellera rubia de mi chica moviéndose con ritmo. Yo, que estaba apoyado mirando desde lejos, me arrodillé y me puse cerca de María, escuchando como sorbía y chupaba. No me miraba, era como verla a través del espejo. No me sostenía muy bien, así que estaba recostado en la pared. Noté algo suave en mi cuello. Pensé que alguien me reclamaba, y me giré con la mejor de mis sonrisas. Delante de mis ojos vi amenazante una polla que se colaba por otro de los agujeros del Glory Hole. Estaba tan borracho que incluso dudé si tenía que chuparla, cumpliendo con lo que se suponía que debía hacerse allí, retorcerla, escupirle o pegarle un collejón. Así que opté por levantarme muerto de la risa mientras oía al dueño de la polla insistir con un seductor -chupa, vamos, chupa- pobre hombre seguro que no tenía ni idea de lo que estaba al otro lado.

María miró de reojo al nuevo inquilino pero viendo su tamaño, siguió mamándosela al primer afortunado. Aún así se apiadó de la polla confundida y la pajeó como pudo. María empezó a engullir más hondo y más rápido y el chico gemía y decía -te quiero follar, te quiero follar- Vi como mi chica deseaba la leche del muchacho, pero este parecía querer más. Cuando estaba a punto de correrse el tío retiró la polla del agujero, y apareció ante nosotros. María casi no se había levantado y allí estaba ya el tío con la polla al aire. Mi chica lo miró de arriba abajo, pasó por su lado y me agarró del brazo. 

Se veían ahora más cuerpos, carne, había sexo y mirones por todas partes. En el cuarto oscuro perdí a María. Yo me saqué la polla y deambule tanteando cuerpos. Me pajearon, me chuparon, toqué, estrujé, me tropecé y salí a tomar el aire, subiéndome el pantalón por el camino. María apareció a mi lado -Vámonos de aquí antes de que te echen- Habíamos estado en el cuarto oscuro mas de media hora. Ni idea de lo que hizo mi chica por allí.

Volvimos al hotel caminando. María me agarraba para darse calor y equilibrarme. La fiesta del hotel estaba en pleno apogeo y no fue difícil encontrar a nuestros amigos. Probablemente a causa del lugar de donde veníamos y del alcohol, me pareció ver a nuestras amigas muy cariñosas entre ellas y desinhibidas. Ellos comentaban en la distancia, cubata en mano, con la misma mirada que tantas veces les había visto en las casas de putas, fantaseando con la presa a elegir. Estuve a un tris de hablar más de la cuenta proponiéndoles a mis amigos un fin de fiesta "diferente"; por suerte algo de razón entró en mi mollera, cerré la boca y me alejé a por otra copa. María bailaba con las chicas y me controlaba por el rabillo del ojo.

En unos segundos se desmoronó el mundo, me flojearon las piernas y la gente se volvió borrosa y ondulante. Mi cuerpo dijo basta y el ron se reía de mi en el vaso. Lamenté mi poca cabeza, no me pasaba algo así desde hacía años. La camarera me miraba con cara de malas pulgas y lástima. María me cogió del brazo nuevamente y me arrastró a la habitación. Me desnudé y me dejé caer sobre la cama. Mi chica me miraba con los brazos cruzados dede los pies de la cama. 
-Yo no me voy a acostar todavía- después de decir eso oí cerrarse la puerta. Me quedé con la tele encendida. Creo que estaba Sandro Rey haciendo predicciones para el sorteo del niño, tal vez lo imaginé. Me levanté a vomitar varias veces, me perdí en la habitación y casi vomito en el balcón. Dentro de mi patetismo intenté hacerme una paja, pero me quedé dormido sin llegar a empalmarme. Me desperté varias veces. El reloj avanzaba y María no volvía. 

Me desperté con la luz del sol, la persiana abierta hasta arriba, y no había nadie a mi lado. Vi por el suelo de la habitación las prendas de María, su sujetador, las medias... y su tanga. Afilé mis sentidos y oí el correr de la ducha. Me levanté con un dolor de cabeza horrible y busqué pruebas de como le había ido la noche a mi pareja. No sé que hizo, no me lo ha contado, pero puedo imaginar cualquier cosa.

Desde que empezó el año María me sigue pasando factura por mi lamentable espectáculo. En este mes y medio poca cosa ha ocurrido. Follamos, eso sí, pero no me ha explicado nada de sus horas a solas en Madrid. No fantasea, no juega conmigo, ni siquiera hemos utilizado nuestros vibradores en lo que llevamos de 2012.

Tal como decía al principio yo tampoco estoy en mi mejor momento. Por suerte alguna amiga del blog me ha alegrado con sus fotos y me he devirgado en una nueva práctica. En nuestros inicios en el vicio colgábamos fotos en morbocornudos o amateurtotal. Recuerdo cuando los chicos nos enviaban sus fotos corriéndose sobre el cuerpo de María. Cuantas corridas les debo a esos benefactores! Mi chica se ponía muy caliente viendo el efecto que provocaba en otros chicos y, en parte gracias a eso, se ha convertido en quien es ahora. En este trance invernal parece que he completado un bucle. Ahora soy yo quien se corre con las fotos de sus amigas y se las devuelve llenas de leche. Después de todo me he vuelto un pajillero. Creo que hasta que no le devuelva a María la noche que le escamoteé en fin de año me lo va a hacer pagar. Quizás tampoco me vaya mal un poco de vida de marido convencional: sexo ortodoxo con la esposa y pajas furtivas con amantes imaginarias. A alguno os suena de algo?

*Las fotos corresponden a admiradores pajilleros de María durante estos años.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Playing leds

Hay que ver el juego que da un buen hotel y un equipo de leds...



domingo, 22 de mayo de 2011

María no se aburre

A las tres de la mañana recibí esta foto de María. Sin una sola palabra ni aclaración. Me he pajeado como un animal. María pasándolo en grande y yo viendo la Noria y las pelis X del plus. Creo que el próximo finde voy a poner un empate en mi casillero.


viernes, 13 de mayo de 2011

sábado, 30 de abril de 2011

María me deja

Deja, del verbo dejar. Dejar es un verbo de multiples significados. Puede significar prestar, también permitir y el más terrible de sus sentidos, abandonar. Quedémonos con sus dos últimas acepciones.

María me deja. En efecto, desde el uno de Mayo hasta el uno de Agosto estaré solo. Le ha salido una oportunidad laboral de esas que no se pueden rechazar. Durante esos tres meses ganará más dinero que yo en todo el año. No, no tiene que follar con nadie por contrato. Digamos que contratan a la María cara A, no a la cara B que vosotros conocéis. Ya sabéis que somos muy celosos de nuestra identidad y que poca gente sabe quien somos realmente. Alguna vez en algún club swinger hemos hablado con otras parejas sobre este o aquel blog. Es realmente divertido oir la sincera opinión que la gente tiene de nosotros y de nuestras aventuras. Sorprende lo que pueden decir u opinar de tí cuando se aparca la hipocresía. Recuerdo un chico que decía estar loco por María, "sí, la que sale en el blog... Gema ya sabe que me pone" entre risas y copas Gema parecía aceptar complice el deseo de su chico. Horas más tarde María tenía la polla del chico en la boca, y estuvo tentada de decirle quién era ella en realidad. No le dio tiempo... el muchacho no estaba muy acostumbrado a la garganta profunda.

Desde que estamos juntos nunca hemos pasado tanto tiempo separados. No sé como nos sentará este periodo. Ahí viene la segunda acepción del verbo.

María me deja. Es decir, me permite. Ambos sabemos que no vamos a estar tres meses sin estar con otras personas. Por mi parte estaré encantado de que María folle con otros chicos y chicas. Hemos convenido que me envie fotos de sus conquistas, para disfrutar en la distancia de su atrevimiento. El ambiente de trabajo que va a encontrar María no es precisamente conservador, así que no creo que tenga muchos problemas para encontrar pollas y coños de su gusto.

 
Por mi parte no me apetece dedicarme al cansino arte de la seducción en pubs y discotecas. Supongo que tontearé en el chat en busca de alguna aventura o en la mayoría de los casos, recurriré a invertir en la economía sumergida. No las traeré a casa, eso se ha pactado en los protocolos de nuestra temporal separación, así que seguramente visitaré algún hotel o piso lleno de encanto. También me quedará el postergado arte de la paja. Película porno, algo de ciber y la seductora idea de María siendo follada por otros, parecen buen plan para sobrellevar la soledad.

Os iré contando.

jueves, 6 de enero de 2011

sábado, 10 de julio de 2010

Obediente nena

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