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sábado, 9 de mayo de 2015

Al otro lado del glory hole

Hacía meses que no pasaba un viernes en soledad en mi querida Barcelona. Maria estará fuera todo el fin de semana por cuestiones de trabajo, o eso es lo que me ha contado. A medida que se acercaba la hora de salir del despacho mi modosito proyecto de fin de semana de lectura y reposo en casa se iba enturbiando. Casi sin darme cuenta había activado todas mis redes sociales golfas, rastreado la oferta de putas de erosguia y chateado con amigos varios de nuestro querido sub-mundo golfo. A las 22:00 me encontraba delante del vestidor escogiendo el disfraz adecuado para mi plan noctámbulo. Algo sobrio, clásico e incómodo, pero éxito asegurado: americana, camisa y pantalón tejano. Casi no me reconocía: debe hacer años que no me pongo una americana fuera del horario laboral. Parecía un pijo repelente de los años 90, precisamente lo que quería aparentar.

En este mundo del golferío siempre he sido un tío solidario. Casi una ONG del vicio. La proporción de hombres y mujeres que se han follado a Maria con mi beneplácito dejan en anécdota la cifra de las que me he follado yo. Maria no sabe decir que no, y a mí, que no soy nadie para decidir sobre ella y sus actos, me cuesta negarme a verla bien follada. Acabaré siendo un tierno voyeur. Así que, harto de ir de putas en mis aventuras solitarias, decidí que debía reclamar la cuota de solidaridad que siempre he tenido con los demás y acercarme a un club swinger como nunca había hecho: como chico solo. De ahí mi indumentaria. Sé por experiencia que la edad media de los swingers suele estar sobre los 40 así que, por cálculo de probabilidades, escogí el look que podía tener mejor aceptación. Defecto profesional.

A Uhomo sólo he ido dos veces con Maria. Una de la que no quiero acordarme y otra de la que, por más que lo intento, no tengo el más mínimo recuerdo. Tan sólo sé de la tremenda resaca del día siguiente y de un manchurrón de semen en la camiseta que había vestido aquella noche. La leche no era mía, me lo confirmó Maria. Perfumado, con dos gin-tonics en el cuerpo y una cena frugal me acerqué al local. 
Pagando la entrada, notando el zumbido de los bajos de la música en interior del local, me sentí como un adolescente de caza en la discoteca un domingo por la tarde. La chica del guardarropía me miró de arriba abajo, sin pudor, como el segureta del aeropuerto que te hace pasar por el arco detector de metales. Incluso se alzó de su taburete para ver mi calzado. La encargada era de lo poco que recordaba de nuestra primera vez en el local, una chica encantadora, de un aspecto agresivo, pero dulce en el trato. Aquella noche fantaseé con ella y con Maria, nos encantó a los dos. Por desgracia aquella noche, a parte de ella, no había más que tres parejas no muy recomendables. Tras consultar en voz baja con un chico de seguridad, grandote y alto, la chica sonrió y me dio unas indicaciones con voz edulcorada. Nada que no supiera de mi experiencia al otro lado.

El local estaba muy oscuro, no lo recordaba así, tuve que acostumbrarme para llegar a la barra. La música sonaba con nitidez y calidad, cosa rara en la mayoría de clubs, y un dj joven se entregaba a su oficio con ganas. Había bastantes parejas en la pista, bailando y en los sofás. Recordé las indicaciones de la encargada y permanecí discretamente resguardado en la barra. Tan sólo éramos cinco chicos. Enseguida entablé conversación con uno de ellos, de ventipocos, delgadito y de aspecto pulcro como un cirujano. Por lo visto no resulta nada fácil franquear la entrada del club como chico solo. Según me explicó mi colega yo era el único desconocido, ellos cuatro eran habituales del local. No quise preguntar si habían pagado los treinta euros de la entrada. Volvía a mi mente el recuerdo de las discotecas de tarde para adolescentes, siempre me tocó pagar. Mi locuaz amigo me repitió las normas del caballero solitario en el club swinger y procedió a darme algunos consejos más, de su propia cosecha porque "se te ve buena gente". Lo cierto es que debía tener una gran intuición pues apenas había abierto la boca. Los otros tres hombres empezaron a desaparecer, buscando la pole-position en las zonas que tienen asignadas los chicos en el local, la jaula y el glory hole. Me sorprendió que del trío restante uno fuera un tipo de unos cincuenta años, una tanto ajado. De los otros dos, uno era un negrazo, que seguro triunfaría en la noche, y el otro un chico joven musculado, bien afeitado y mejor peinado, que podía pasar por un futbolista de éxito: un ramillete variado donde escoger.
Mi compañero de barra seguía con su cháchara y su copa, atento a un diálogo del que yo solo participaba con gestos de mi cara, vocablos tipo "ya" y "claro" afirmaciones breves y alguna que otra sonrisa.
-Tu vas de coca? -mi pregunta pareció incomodarle al principio, pero la evidencia se encargó de responderme.
-Sólo me tomo una puntita, ya sabes para aguantar más. Aquí es raro el que no se mete un poquito. Entre las parejas y entre los tíos solos -su certeza me sorprendió pues, aunque no dudo de los hábitos drogatiles de algunos swingers, siempre he tenido la percepción de que era algo minoritario. -Aquí hay mucha farla y mucho Viagra, ¿cómo si no va haber tíos que aguantan una hora de reloj bombeando como cabrones? yo con un cuartito de Viagra tengo rabo para toda la noche.
De un bolsillo de la chaqueta sacó un paquetito envuelto en papel film con los restos de una pastilla de Viagra recortadita por los extremos.
-Con una de estas tengo para casi un mes.

Viendo el cariz que tomaba la conversación, decidí apurar la copa y moverme hacia la zona de combate. Tengo un curioso magnetismo para la marginalidad, aunque en este caso no pude comprobar si mi interlocutor representaba la excepción o la norma entre los hombre solos del mundo swinger. Tampoco me apetecía comprobarlo.

Me sorprendió la cantidad de parejas que llenaban el local. Nada que ver con mi primera visita. Como ya os he dicho no puedo comentaros como estaba en la segunda. Sentí nostalgia de no poder estar con Maria entre aquella marabunta. Había de todo y muy apetitoso, para todos los gustos. Parejitas jóvenes y maridos maduros exhibiendo a sus deliciosas señoras, arregladas para la ocasión. Disfruté con la vista de un par de señoras con medias, botas y corset. Sin perder más tiempo me acerqué a la zona de la jaula.
Había movimiento en la zona de guerra. Entre la oscuridad y mi miopía no podía discernir muy claramente lo que veía, pero intuía carne, piel y mucho placer. Oía la sinfonía de gemidos en la distancia y mi polla se empezó a hinchar. Entre los cuerpos vi al cincuentón con el que rivalizaba como hombre solo, recibiendo una mamada soberbia de una mujer regordeta que se afanaba sobre su polla. Ladeaba la cara y el gentil cincuentón le apartaba el pelo para que el marido disfrutara de una inmejorable vista de las artes de su señora. Mi nostalgia seguía creciendo y también cierta envidia. No daba un duro por el cincuentón y allí estaba siendo devorado. Entre las sombras vi a mi otro rival, el guaperas con pinta de futbolista gay, que se masturbaba lentamente atento al juego de las parejas. Vi que si tenía éxito no sería por sus atributos: al pobre efebo le faltaban algunos centímetros de personalidad.

Pasado un rato en el que las parejas no nos prestaron la más mínima atención a los enjaulados, y envidiando ya sin reservas al cincuentón que pasaba de hembra en hembra, decidí acercarme al glory hole, buscando algo de solidaridad de la que yo tantas veces he hecho gala en estos recintos.

Si el local era oscuro el glory hole casi requería usar un frontal de minero para no tropezar. Allí estaba el negro, confundido en la falta de luz, observando como una pantera por uno de los agujeros. Me animé a hacer lo mismo. Una pareja estaba a escasos metros de la pared agujereada. El marido hablaba al oído de la chica. Ella no quitaba ojo de la pared, sonreía y se frotaba excitada con su compañero. El negro se bajó los pantalones y metió su pollón aun semi flácido por el agujero, como el pescador que pone su mejor cebo en el anzuelo. La pareja se acercó un poco más, sin deshacer su abrazo. La mujer, de unos cuarenta años, vestida sólo con una mini falda negra, medias y sujetador del mismo color, pajeaba a su marido con los ojos entreabiertos mientras le escuchaba excitada. Imité a mi rival y metí la polla por el agujero, atento a la competencia. Noté la caricia suave de la mujer y me esforcé por ver que ocurría sin sacar la polla del orificio, ni herirme con algún rozamiento inapropiado. La chica estaba recostada en la pared y tenía en una mano la polla del negro y en la otra la mía. Su acompañante estaba sobre ella, a escasos centímetros de de la pared. Oía perfectamente como excitaba a su mujer.
-¿Con cual vas a follar puta?... ¿con cual me vas a hacer cornudo?- el hombre hablaba a media voz, casi susurrando.
-¿Cual quieres tu, cornudo?... ¿no me puedo follar a los dos? - preguntó con un tono burlón, infantil, que encendió a su marido.
-Venga puta, que después te limpiaré el coño bien follado.
Es sorprendente como se ha expandido el movimiento cuckold por el ambiente. Lo que antes podía considerarse una rareza ahora está presente en el ambiente casi por mayoría. A los hombres les encanta ver como disfruta su mujer, todos quieren tener una puta, una golfa, una reina del porno en la casa. Me encanta. En cambio no acabo de llevar del todo bien las conversaciones sacadas del doblaje de una película porno del viernes noche en el plus. Es tan sólo una observación, esta pareja no tenía nada impostado, eran puro morbo. Noté como la chica soltaba mi polla y pensé que era el preludio de una mamada. A mi lado escuché gemir a mi rival que se arrimaba al agujero para sacar más trozo de su pollón, ya totalmente armado. Miré como pude por el agujero y vi a la mujer entregada a una mamada frenética. Su marido estaba en cuclillas a escasa distancia de la escena.
-Chúpasela al negro, cómete el chocolate, ya verás como te pone fina el negro, ¡que polla tiene el negro! ¡Te va a dar café con leche!
Con la decepción del momento, escuchando como jaleaba el buen hombre, me replanteé mi observación sobre la sensualidad de la charla de la pareja. En cuanto la mujer se había aplicado a la mamada el hombre se había entregado a su fantasía de porno casposo. Me fui de allí odiando al negro y al marido que subía los decibelios diciendo.
-¿Mirad como la puta se la chupa al negro! -no sé porque vino a mi mente Georgie Dann.

LLevaba ya unas horas deambulando por el local y había agotado ya dos copas. Muchas parejas me miraban morbosas, pero se entregaban a sus juegos. No nos olvidemos que muchas parejas acuden a clubs para jugar sólo entre ellas. El resto de asistentes no pasan de ser atrezzo para sus fantasías. Volví a la zona del glory hole y allí seguía el negro. Ahora dos mujeres le chupaban la polla. Los maridos se masturbaban viendo la escena. Por lo visto ya había dado cuenta de la pareja anterior y parecía tener cola para su apéndice. No quise meter mi polla en la escena: aun creo en la estética y creo que le hubiera fastidiado el momento a aquellos hombre que disfrutaban viendo a sus chicas compartir miembro.
De nuevo en la zona de la jaula. El cincuentón seguía al lío acompañado ahora del futbolista metrosexual de polla escasa. El maduro debía llevar una hora y media si parar. Recordé a mi compañero de la barra y sus palabras sobre los artificios químicos de los swingers. Ni rastro de él, se había esfumado. Resignado me apoyé en los barrotes y me empecé a masturbar. Una pareja se acercó a mi y la chica pareció invitarme a unirme ¡Por fin! me preparaba para entrar cuando escuché al marido que, sin mirarme, le decía a su chica sujetándola por el brazo.
-Ni hablar, tu no me has dejado estar con la rubia, así que si quieres algo, fóllate al negro, al pijo ni hablar. Lo habíamos hablado Nuria...
La muchacha besó al marido en el cuello y cogiéndolo de la mano lo sacó de la zona de camas, con destino a coger turno en el glory black hole.

Me planteé si valía la pena apurar algo más mis opciones, acabar la paja o irme del local. Recuperé mi americana y saludando amablemente a la encargada me vi con cierto ánimo para intentar algo con ella. Que malo es ir caliente delante de una persona que está por su trabajo. Respetando su profesionalidad salí a la calle. En la puerta me crucé con una nueva pareja que acudía al local en un estado de embriaguez considerable. Ella era una preciosidad rubia que me recordó enormemente a mi añorada Maria, él un joven atractivo de pelo largo y barba, los dos con clase y morbo. Me replanteé entrar de nuevo y probar suerte, pero me los imaginé sacando turno donde el negro. Resignado me dirigí a las Ramblas en busca de alguna negra que me la chupara. Inversión de roles lo llaman. No me costó escoger, barato, simple y efectivo. Veinte euros por una mamada a pelo en el portal de una casa. Casi lo mismo que me había costado entrar en el local. Creo que la próxima vez que esté sólo volveré a mis viejas costumbres puteras.

  

sábado, 3 de mayo de 2014

Gymkana

Cuando hace mucho que no escribo, me siento con el portátil en el regazo y espero ilusionado si se produce ese milagro de las musas o de la escritura automática. No me ha pasado nunca. Sabéis los que leéis el blog que no suelo escribir si no tengo algo que contar. Hay otros blogs cuyos autores crean una entrada diaria con temas tan manidos que provocan rubor. No me compensa escribir sobre eso ni creo que a los que os acercáis por aquí os motive mi opinión sobre si prefiero tetas o culos. Seguro que tendría más seguidores si apareciera con más frecuencia pero nunca fue ese el objetivo de este blog. Así que hoy si tengo algo que explicaros.

Alguna vez ha aparecido por aquí mi amigo Gerard. Milagrosamente aun sigue vivo. No sé como lo hace pero es capaz de vivir una semana con una rebanada de pan bimbo, un red bull y algo de farlopa. Hace ya tiempo que yo dejé ese mundo de los picores de nariz. Mi amigo sigue fiel a su cita de fin de semana con todo tipo de excesos. Entre semana, un ejecutivo sin tacha, responsable y ejemplo para sus subordinados. Siempre ha tenido devoción por las putas de cualquier nivel, pero no puede evitar cierta querencia a la sordidez. Algo normal para una persona que vive habitualmente el oropel de las grandes empresas. 
Hacía tiempo que no salíamos juntos cuando apareció en mi casa con su Mini una mañana del mes pasado. Comiendo una bolsa de Doritos entró en el salón saludando quedamente a Maria. Nunca se han tragado. Me persiguió por la casa mientras masticaba ruidosamente. Maria subió el volumen de la tele para no enterarse de nuestra charla. En menos de media hora avanzábamos rumbo a la NII escuchando una horrible playlist con temas reaggeton. Gerard es así. Pasamos unas horas tomando copas en una terraza charlando como lo hacen dos amigos que se conocen mucho y se ven poco. Criticamos, cotilleamos, acuchillamos, añoramos y fantaseamos. Lo normal, lo sano. Tras una par de viajes al baño adiviné como unos cuernos retorcidos, oscuros, malévolos sobresalían de entre su escaso pelo. Me propuso dos juegos. No me explicó las reglas ni su objetivo, sólo me juró que no me arrepentíría. Acepté.

Para la primera parte de la Gymkana debíamos ir a Lloret de Mar. No tengo en mucha estima esa localidad pero Gerard mandaba. No se cuantas veces escuché a Paquirrín hasta que pude poner algo de música decente en el coche. Nada abstracto, Lori Meyers y poco más. Paramos delante de un anódino bloque de pisos de esa arquitectura turística que obedece al "menos es mas": menos coste, más beneficio. Subimos un tramo de escaleras que olían a perro con curry. No a un plato de perro cocinado al curry; olía a perro y a alimentos cocinados con curry. Una puerta adornada con un número dos dorado en relieve se abrió con algarabía y risas. Mi amigo era una personalidad en aquel antro que mantenía el aroma de la escalera; divisé un pastor alemán dormitando en un rincón y olí el maldito curry. La señora mayor que nos abrió la puerta nos hizo sentar en el salón. Parecía rumana. Andaba aprisa hacia la cocina, supongo que a bajar el fuego. Esperé el desfile de las putas, no me esperaba menos de mi amigo. Unos minutos pasaron hasta que la señora regresó con una botella de Fanta limón y dos vasos opacos de tanta vida pasada en el lavaplatos. La señora bajó las persianas y Gerard aprovechó para ir al baño.
Amablemente la señora se sentó a mi lado, me llenó el vaso y me indicó que me relajara. Me sorprendió cuando me metió mano y me agarró el paquete. Casi me indigné. La señora enchufó un aparatoso dvd y una escena porno de una película grabada del canal plus apareció en la tele. Dos muchachas en una terraza de alguna casa californiana que no tenía nada que ver con el lugar en el que yo me encontraba. La señora insistió en meterme mano y me ofreció un porro perfectamente liado que sacó de una cajita de madera. Escuché al fondo del pasillo el sonido de una Playstation al ponerse en marcha e imaginé que Gerard se estaba entreteniendo. Puestos en situación di tres caladas seguidas del porro, me concentré en la película y dejé a la señora que me la siguiera poniendo dura. La marihuana era tremenda y enseguida me relajó. La señora me desabrochó el pantalón, me bajó los calzoncillos y se mostró teatralmente sorprendida cuando me vio la polla. Puro marketing de puta. Cuando pensaba que Gerard me había regalado una experiencia nostálgica en añoranza de  las  pajilleras de las extintas salas de cine X, la señora se introdujo los dedos en la boca y se sacó la dentadura postiza. 
Dí un respingo pero la señora atenta a mi reproche se metió la polla hasta la garganta, sin una arcada, si un quejido. No he sentido nada igual en mi vida. Me succionó como una bomba de vacío. Noté mi polla hincharse como nunca. Creí que me iba a reventar alguno de los delicados capilares que nutrían mi rabo. La lengua de la señora se movía con una virilidad que nada tenía que ver con las arrugas de su rostro. Me pajeaba con maestría, con el ritmo perfecto, no apretaba, no era débil. Me relajé mirando el techo, buscando constelaciones entre los desconchones de la pintura. Preferí no mirar la cabeza canosa de la mujer. Notaba como relamía cada centímetro de mi polla, como se la metía hasta las entrañas. Aumentó el ritmo de su mano y sentí que me iba a correr, intenté advertirla pero ella siguió mamando ansiosa, pajeándome deliciosamente. Me corrí como hacía tiempo,  noté mi polla bombear, no sé de donde saqué tanta leche. Mi cuerpo se arqueaba acompañando mi corrida y la rumana  lamió hasta la última gota. Me dejó la polla limpia y siguió pajeándome suavemente. Acabó de engullir mi semen y sin soltarme la polla gritó "yerar!!" En breve mi amigo apareció con cara de sueño, sonriendo complacido, "te dije que ibas a flipar con la mellada" Me dio el mando de la play y añadió "cambio de turno".
Cuando bajamos del piso me notaba ingrávido, por la corrida y por el porro. No sé que contribuía más a mi estado. Nunca imaginé que una leyenda urbana tuviera tanto de realidad. Era la mejor mamada que me habían hecho en mi vida. No tuve que esperar mucho a mi amigo. Se corrió tan rápido como yo. Aquella señora sabía lo que era ser rentable en el trabajo. En el coche hablábamos sobre la habilidad de la vieja y Gerard me propuso comer algo antes de su segunda prueba.

Nunca me sentó mejor un plato combinado. Una mezcla de huevos radiactivos, bacon plastificado y patatas blandengues, mezclado con un vino infecto con posos que hacían que la botella pareciese una de esas bolas de cristal con su paisaje y su nieve en suspensión. Tomé mis dos primeras y últimas rayas del año y me senté en el Mini de mi amigo. La siguiente parada era Tordera, localidad famosa por tener una prolífica actividad puteril. Gerard me contó su siguiente juego al detalle. La propuesta de mi amigo me pareció tan pervertida que sentí envidia por un cerebro tan lúcido, tan viciosa que me moría de ganas de contárselo a Maria, tan decadente que seguramente me odiaría en algún momento de consciencia, tan divertida que no pude negarme. 

El juego era el siguiente. Yo debía escoger una puta para Gerard y el me escogería una a mí. Iríamos juntos a la habitación y follaríamos uno al lado del otro. La apuesta consistía en que pagaría el servicio quien se corriera más tarde. Las putas no pusieron muchas pegas una vez elegidas. Gerard duplicó el precio y desaparecieron los reproches. El me escogió una negra gorda, malcarada con unas tetas enormes que parecía rescatada de una profunda siesta. Yo busqué y rebusqué entre la vacía sala descartando orgulloso preciosas chicas que me miraban airadas. Al final dí con una chiquilla delgada, ojerosa, escurrida que parecía un personaje de "the walking dead". No pude evitar buscar en sus brazos marcas de pinchazos, pero aquel tugurio tenía cierto nivel, y no parecían ser admitidas yonkis. Sé de la pasión de Gerard por las tetas y mi elección carecía totalmente de esos atributos. 
Nunca he follado al lado de un amigo y la idea no me entusiasmaba, pero lo cierto es que aquello tenía más de competición deportiva que de otra cosa. Nos tumbamos en la cama y la chicas nos comieron la polla hasta que estuvimos en condiciones. Gerard me miraba la polla y se descojonaba diciendo "ahora entiendo porque Maria está contigo" Cuando estuvimos en condiciones les pedimos a las putas que se pusieran a cuatro patas, una al lado de la otra. Os juró que hicimos una cuenta atrás y nos pusimos manos a la obra. con brío. Gerard había errado en su elección; mi puta se humedeció enseguida y colaboró con sus movimientos. Estrujé sus tetazas y su enorme culo y me corrí enseguida dejándola a medio orgasmo. La pobre puta no entendía nada cuando me retiré sacándome el condón lleno de semen entre carcajadas. Gerard me miró y aceleró su ritmo, pero estaba derrotado. Me senté en un sillón y vi con sorpresa como la negra acariciaba a mi amigo y a su yonki en lo que parecía una estampa infernal de un cuadro del Bosco. Supe que había ganado la apuesta pero que me había perdido una buena fiesta. Gerard, genio y figura.
Hubiera deseado no tomar aquella última copa jamás. Se me hizo eterna. La maldita endorfina, el alcohol y el bajón de la coca se empeñaron en mostrarme lo despreciable de nuestra tarde golfa. Algo en mí me empuja hacia situaciones de este tipo, no puedo evitarlo. Con el tiempo he aprendido a controlar la sensación de vacío "post golfeo" y acaba siendo algo llevadero, aunque a veces tenga mis dudas morales. Puta herencia cristiana. Aun así, no os voy a negar que contaros mi viaje me la ha vuelto a poner dura y que cuando se lo expliqué a Maria follamos y nos corrimos como locos. Que le vamos a hacer, al final cada uno es como es.

domingo, 24 de marzo de 2013

De putas con Maria

"Vuelvo el 23 por la noche, serás capaz de darme una buena bienvenida?"

Esta foto es un fetiche para nosotros. Es de la misma sesión que la foto que encabeza el blog. Una noche de hace muchos años ya, de las primeras en las que ví a Maria salpicada del semen de otro hombre. No folló con él. El pobre hombre se tuvo que conformar con pajearse sin tocarla.

Sé perfectamente que quiere decir esa foto. Unas horas más tarde tenía preparada una reserva en un hotel de Barcelona a la altura de los acontecimientos. Tenía ganas de ir al W. He estado por alguna reunión de trabajo, pero me apetecía follar en él. No es precisamente barato pero la lujuria tampoco suele serlo. 
Durante los días previos a nuestro reencuentro no hablamos por teléfono, ni por facetime, ni por mail. Sólo mensajes, escuetos, sugerentes, lascivos.... creo que me he hecho más pajas en estos últimos días que en todo un año. Maria tiene ese poder sobre mí, puedo estar harto del sexo pero su olor, su tacto y la promesa de volver a tenerla, me hacen perder la razón.

Se negó a que fuera a buscarla al aeropuerto. Supe que llegó a media mañana pero quedó con una amiga y sólo se presentó en la habitación del hotel para ir a cenar. Yo ya me había tomado cuatro o cinco copas y había recorrido todo el hotel de arriba a abajo. Golpeó la puerta con los nudillos. Juro que pude notar como su perfume se colaba por las rendijas de la puerta. Me acerqué para abrir y aspiré con los ojos cerrados, no podía ser nadie más. El perfume, sus zapatos UN, las medias Wolford, el vestido negro de una pieza con el escote asimétrico mostrando uno de los hombros, la gargantilla de cinta de raso anudada al cuello con un pequeño charm en forma de zapato de tacón rojo, las uñas lacadas en negro, el cuello, su sonrisa, el pelo recogido y sus ojos de espejo. No supe que hacer, tieso como un perchero, sólo pude sonreír. Mi cuerpo se debatía entre la risa y el llanto, la alegría y la pasión desbocada, como una procesión de semana santa. María dejó caer el bolso al suelo y me abrazó, me besó y no hubo más palabras.

La sobé, pellizqué, estrujé, manoseé, acaricié pero nada más, no follamos. Maria, recordándome que no había cambiado, susurró "la noche es muy larga".

Tras recomponer nuestra vestimenta, y ponerse Maria un poco de gloss en los labios, nos dirijimos al restaurante. Para la ocasión había reservado en Torre de Alta Mar, quizás el restaurante con las mejores vistas de Barcelona. No íbamos a cenar mucho, somos más de beber, y eso no faltó. Volvíamos a ser los de siempre, juntos, sin dudas ni fisuras, disfrutando de Baco. María volvió a entregarme su tanga tras ir al baño. No quería dejar lugar a dudas, la noche no había hecho más que empezar. A la altura del segundo plato me contó alguna de sus aventuras y me mostró varios de sus trofeos en el móvil. Una galería de pollas de todos los tamaños y formas. No se cuantas veces me llegué a empalmar en la cena. Tuve miedo de que el mecanismo erector de mi polla acabara fallando.

La primera copa de la noche la tomamos en el mismo restaurante. Muchas de las mesas se habían ido ya y los camareros empezaban a pulular esperando que les pidiéramos la cuenta. No tardamos en irnos. Las siguientes horas las pasamos recorriendo varios locales de la zona del Born, bebiendo y besándonos como adolescentes. Maria me señaló varios chicos a los que le comería la polla sin dudarlo. Os podéis imaginar como reaccionaba mi entrepierna. No sé cuantas copas tomamos, pero una torcedura de los tacones de Maria y un resbalón mío sobre los adoquines húmedos de la calle del Rec me convencieron de que era la hora de que un taxi nos llevara a nuestro siguiente destino.

Sorprendentemente no fue difícil conseguir taxi. En cuanto le indiqué la dirección al conductor pude ver, por su media  sonrisa, que conocía el destino, de la misma manera que ví que Maria no tenía ni idea de donde íbamos. Maria empezó a interrogarme de la mejor manera que sabe, metiendo sus manos bajo el pantalón y pajeándome mientras me preguntaba al oído. Yo hice lo mismo y metí mis manos bajo su vestido para acariciarle el coño. Pude ver como el taxista miraba de reojo por el espejo y decidí alegrarle el trayecto, separando las piernas de Maria mostrando bien su coño empapado. Mi chica, cómplice, se recolocó hacia el centro del asiento para que el conductor disfrutara plenamente de al vista.

Al parar el taxi Maria miró a través de la ventana y mostró su sorpresa al no reconocer donde estaba. Una simple calle y una simple puerta, sin ningún letrero. El taxista cobró la carrera y, si hubiera sido algo más discreto en sus comentarios, le hubiera dejado sobar el coño de mi acompañante, pero hasta para ser grosero hay que tener arte.

Respondió al telefonillo una señora de acento sudamericano, dulce y atenta, tal como me había atendido días atrás por teléfono. Nos hizo esperar unos segundos hasta que abrió la puerta. Maria seguía un tanto confundida, pero intuitiva como es, sabía que no la iba a decepcionar. Lo primero que llama la atención del local es la cuidada y oscura, los aromas y la delicadeza de la señora de la entrada, la Mami. Dio dos besos a Maria y nos llevó a una de las habitaciones. Nos dejó a solas para que se nos presentaran las chicas. Las recibimos con mis dedos en el coño de Maria. Pasaron todas las muchachas que atendían parejas y Maria se encargó de escoger. De todas las candidatas sólo tres habían mirado con morbo mi mano hundida en el coño de mi chica, de las tres sólo una era morenita. La elección fue sencilla. Laura.

Maria parecía nerviosa y sorprendida por el ritual de higiene obligatorio en estos lugares de pecado. La sonrisa de Laura la relajó y poco después estaban las dos tumbadas en la cama, acariciándose delicadamente. Me aparté de la escena, me bajé los pantalones y me agarré la polla con fuerza. Pocos minutos después Maria estaba hundida en el coño de Laura. Yo veía desde mi silla el coño empapado de mi chica, saqué el móvil del pantalón y busqué la aceptación de Laura. No necesitó mucho para decirme con un sutil movimiento de cuello "nada de fotos". Teníamos una hora por delante y quería que Maria disfrutara de su primera noche putera. Laura se retorció para llegar a Maria en un sesenta y nueva que duró hasta que mi chica apartó la boca de Laura de su coño: primera corrida.

Me sacaron de mi refugio y Maria me invitó a compartir su regalo. Lamimos el coño de Laura con furia, nuestras lenguas se entrecruzaban y sincronizaban haciendo que la puta se retorciera de placer. Yo me encargué de su culo y Maria del coño. Pude ver como metía la lengua dentro y sorbía con los labios. Laura se corrió. No todos los clientes comen los coños y los culos de las putas, para mí es una obligación.
Dejamos a Laura descansar mientras Maria se metió mi polla en la boca. Hacía tanto que no me la comía que había olvidado su maestría, nadie me la ha chupado mejor. Quería correrme, meterme en su coño, pero cuando notó que me aceleraba, retiró la boca y mirando a Laura me dijo "fóllatela, quiero verlo" Laura parecía recuperada y Maria se inclinó nuevamente sobre su coño para comprobarlo. Me excité mucho cuando me pusieron un condón entre las dos, me notaba la polla a punto de reventar y mi vanidad se llenó cuando Laura me dijo riendo que después de mi iba a necesitar un "dencansito".

Se sentó sobre mí, le cogí el culo y no encontré resistencia para meterle un dedo. Pareció agradecerlo. Empecé a lamerle los pezones, marrones y duros como el turrón. María estaba ahora sentada y se masturbada con dos dedos dentro del coño. Laura saltaba sobre mi polla con fuerza y Maria, tras darse al placer voyeurista, se levantó para unirse a la fiesta. Vi como le tocaba las tetas, como la besaba en el cuello y apretaba las nalgas. Maria se acercó a mi y me metió la lengua en la boca, sabía deliciosamente a coño. Me corrí como un criajo, de no ser por la insonorización del local hubiera despertado a media ciudad.

La despedida fue borrosa, Laura se quedó arreglando la habitación y la Mami nos acompañó a la calle. El silencio de la madrugada nos hizo plantearnos si todo había sido realmente tan perfecto. Un taxi llamado por la propia Mami nos recogió. Maria me echó mano a la polla y me dijo "vamos al Oops?" Se me puso dura de nuevo, sólo imaginar que Maria quería más, me hizo excitarme. Imaginar a Maria con una polla en la boca en nuestro reencuentro me hizo excitarme, recuperarme con si la hora anterior la hubiera pasado en un balneario, y no en un burdel. "Si vamos al Oops tu tendrás que conformarte con mirar, quiero que me folle otro" la sugerencia me calentó y apunto estuve de sacarme la polla en el taxi, pero la cara del conductor me hizo controlarme, no creo que le hubiera hecho mucha gracia.

Maria indicó al taxista la dirección. No era el Oops. Llegamos al hotel media hora más tarde. Yo seguía con la polla dura como si me hubiera pinchado viagra. Maria no me dejó ni tumbarme en la cama, de pie, apoyado en la puerta del baño, se arrodilló y se metió mi polla hasta la garganta. Con la mano izquierda se acariciaba el coño y no pude aguantar mucho. No duré nada, me corrí y Maria no dejó que se escapara de su boca ni un mililitro de semen. Me besó en los labios y tras susurrarme "lo echaba de menos" me arrastró a la cama.

Esta mañana hubiera deseado ser accionista de Bayer. No sé cuantas aspirinas debo llevar en el cuerpo. He bajado a desayunar mientras Maria seguía enroscada en el lado izquierdo de la cama y he aprovechado, aun abotargado por la endorfina, para anotar en el portátil cuatro sensaciones de la noche. En casa me he sentado para intentar contaros como mejor sé, que vuelvo a ser prisionero de Maria. 

PS: mil gracias a Felinabcn por hacernos más fácil pecar a las parejas pervertidas.


sábado, 9 de marzo de 2013

Peluqueria china

Como ya os dije en el anterior post, he vuelto a trabajar. Me había acostumbrado demasiado bien a ponerme ante el ordenador sólo para perder el tiempo. Que curiosa expresión, perder el tiempo, matar el tiempo, todo un sin sentido cuando el tiempo nos acabará matando a todos. Como os decía, mis cervicales y los tendones de mi mano derecha han vuelto a rechinar como hacían antaño. No acostumbro a tomar medicinas para aliviar el dolor, prefiero reservar la química para aspectos más lúdicos de mi vida. Estirándome en la silla, pasándome la mano por la nuca y doblando el cuello a un lado y otro intentando relajar mi tensa musculatura, me sorprendí observado por un compañero de la oficina.
- Quieres un ibuprofeno?
- No gracias, creo que no he dormido en buena posición.
No había cruzado con Miguel más de dos palabras a excepción de las formas protocolarias evidentes entre compañeros de trabajo. Parece un buen chico, dispuesto a ayudar, siempre con una sonrisa bajo el bigote. Aun así su amable gesto parece turbio, como la sonrisa del payaso: falsa para los mayores y sólo grata para los niños puros de espíritu. Sus buenos modos parecen más propios de una exquisita educación que de sentimientos reales. De todas formas, siempre es mejor compartir tu jornada laboral con alguien agradable que con un orco de Mordor. Sin mucha más conversación me deslizo un post-it con una dirección y un teléfono. 
- Como se llama el fisio? yo voy de vez en cuando a uno que me deja arreglado un par de meses.
Miguel estiró hacia la punta de los bigotes su perenne sonrisa.
- Esta no es fisio. No creo ni que sea masajista, pero bueno yo te recomiendo que te pases. Seguro que te "arregla".
Acompañó esta última palabra arqueando las cejas, buscando mi complicidad. Yo sonreí intentando parecer confuso.
No acabo de entender la mística que hace que una persona que no te conoce de nada dude recomendarte una película pero en cambio sugiera sin reservas sobre algo tan íntimo como el sexo. Supongo que algo tiene que ver con las feromonas y sobre todo con los machos. El resto de la tarde la conversación entre ambos y el resto de compañeros volvió a los términos técnicos y asépticos del trabajo. No os agobiaré con eso.

Sólo un par de horas más tarde estaba en una esquina distante pocos metros del número que me había indicado Miguel. Repasaba una y otra vez los números de la calle, contaba los locales y llegaba siempre a la certeza de que mi compañero me había dado la dirección de una peluquería china. Noté ese gusanillo en la barriga habitual antes de una cita, de entrar a un club liberal o a una casa de putas, el morbo y la curiosidad. Crucé la calle y entré al local. En efecto había tres sillones de peluquería de color granate, con otros tantos señores siendo podados de la azotea. Las paredes estaban decoradas con fotos de modelos chinos con peinados que nunca he visto llevar a ningún chino. Dos chicos jóvenes cortaban el pelo a dos de sus clientes mientras el otro parecía sestear a la espera de su turno. En un pequeño mostrador a la izquierda de la entrada había una señora arrugada. Aparentaba sesenta años pero quizás tenía algunos más, ya sabéis que los orientales firmaron un pacto con Satán para parecer siempre más jóvenes de lo que son. Empecé a pensar seriamente en sentarme y dejar que me cortaran el pelo. Hace años que llevo el pelo muy corto así que no se notaría mucho un posible estropicio en mi cabellera. Se me apareció la sonrisa de tiralíneas de Miguel y empecé a barruntar la manera de devolverle al jugada.
La señora, que pareció notar mi me aturdimiento, preguntó amablemente:
- Pelo o relax señol?
Los señores a los que estaban pelando siguieron con su incomprensible charla, aparentemente comentando algún artículo de un periódico tan incomprensible como su cháchara. Levanté dos dedos.
- Pelo y relax?
- No, sólo relax.
Me acompañó a través de un pasillo. Pude ver un puchero borbotear en una de las salas adjuntas donde varias chicas descansaban en un sofá mirando mtv. La señora me indicó la siguiente puerta donde vi una camilla con una sábana de papel tensa, esperándome. En la habitación entraron las dos muchachas que veían la tele y preparaban la comida en la habitación contigua. Una de ellas era regordeta, con una sonrisa propia de alguien no muy cuerdo, no dejaba de retorcerse las manos y pistonear el suelo con el pie izquierdo. Sólo unos enormes pechos que no parecían made in china despertaron mi curiosidad. La otra muchacha era delgada, de pelo largo y obviamente negro. Me miraba seria, sin mover un milímetro de su tensa piel blanca. Me fijé en sus dedos alargados y sus uñas con una manicura de colores imposibles. Ya me siento bastante pecador pagando por sexo así que decidí no aumentar mi condena abusando de la borderline y escogí la borde girl. Pareció fastidiada en la misma proporción que la regordeta se alegró de poder volver a vigilar los fideos.

Liu, así me dijo que se llamaba. Imagino que el nombre será tan auténtico como el que da cualquier puta hasta en el más sofisticado de los prostíbulos. Me tendió una toalla y se giró pidiéndome que me desvistiera. Me sorprendió su pudor y mis dudas sobre la recomendación de Miguel volvieron a asaltarme. Hasta que no oyó el chirrido de la camilla al tumbarme no se giró. Empezó a frotarse las manos para que se calentaran y suavemente me untó la espalda y las piernas con un tónico aceitoso de fuerte olor. Sus dedos finos como las cuchillas de Freddie Krueger se hundían en mis músculos, hurgaban entre mis huesos y tendones como si tuvieran visión infrarroja y fueran directos al foco del dolor. Poco a poco los nudos de mi cuerpo se deshicieron como hace una abuela paciente con una enrollada madeja de lana. Mi cuello se relajó, mi espalda retomó su elasticidad, mis piernas se aligeraron y me sentí durante media hora en manos de un allien con conocimientos de otra galaxia.

Me giré desnudo sobre la camilla. Liu no me miró la polla. No estaba empalmado, la situación no lo requería y yo ya sólo deseaba que aplicara en mi pecho la misma magia que había derramado sobre mi espalda. Liu siguió concentrada, viendo lo que sólo ella parecía ver, guerreando con tendones y músculos. Otros quince minutos de terapia me hicieron elevar a Miguel y a Liu a los altares. Me sentía nuevo, pletórico, lleno de energía... El vicioso que hay en mí pareció recordarme al oído que había que hacer cuando uno se sentía tan bién. No hizo falta ninguna insinuación. Liu sabía perfectamente manejar los tiempos. Empezó a acariciar la parte interior de mis piernas, de las rodillas. La decisión de cada una de sus maniobras anteriores se transformó en suavidad. Sus dedos ya no eran firmes y se limitaba a rozar mis huevos y mi polla como al descuido, sin querer. Su rostro se había transformado, aquella segunda parte de su trabajo no parecía satisfacerla como la primera. Estuve tentado de pedirle que lo dejara, pero mi polla se opuso. Empezó a palpitar, a endurecerse. Poco a poco mis neuronas se fueron debilitando ante el gran dictador que ahora marcaba el camino. Liu seguía con sus preparativos, yo deseaba que me tocara pero ella insistía en añadir pólvora al cartucho de dinamita. Yo ya estaba absolutamente empalmado, ansioso. Tenía la polla brillante, untada de aceite y ambos mirábamos a Liu reclamando que nos ayudara a acabar con aquella rigidez. Se alejó de mi, mirándome la polla como hace una artista mirando el lienzo, alejándose para tomar perspectiva. Supuse que se iba a quitar la parte de arriba de la camiseta, pero se acercó a puerta y gritó algo. Se quedó con medio cuerpo dentro de la sala y medio en el pasillo. Parloteaba con su cabeza hacia el pasillo y de vez en cuando volvía a mirar dentro, hacia mi polla. Sentí unos pasos. Liu sonrió agachando la cabeza y salió de la sala para dar entrada a la señora que me había recibido. 

Sonriente miró mi polla afirmando con la cabeza. Se untó las manos con aceite y antes de que pudiera protestar me estaba haciendo una paja con sus manos endurecidas. Parecía llevar unos guantes de porcelana, suave y dura. La cadencia, la presión, la pausa todo era de una perfección que sólo un hombre puede lograr a base de mucho entrenamiento pajillero. Me acarició los huevos y deslizó un dedo en mi culo, subió la frecuencia de sus manos y me corrí gimiendo como un poseso. Veinte segundos, treinta quizás. Solté un chorro de semen como si hubiera estado invernando meses enteros.  Me arqueé y estiré los dedos de los pies como un águila a punto de capturar un ratoncillo del bosque. La señora no perdía la sonrisa y estuvo hábil al esquivar la corrida: le podía haber vaciado un ojo. Me quedé encorvado, retorcido, respirando alucinado y confuso a la vez. No quedó en mi ni el más mínimo reproche y cuando la señora salió de la sala, tras ofrecerme un rollo de papel higiénico, juro que la ví levitar sobre el suelo, rodeada de una extraña luz. Me prometí peregrinar cada semana a ese templo, a sufrir los rigores de las manos milagrosas de Liu y a vivir la reencarnación de las manos de santa de la china de edad inclasificable. Miguel jamás te confesaré que fui a tu santuario, lo negaré todas las veces que haga falta, pero no podré negarte la sonrisa jamás en la vida.

sábado, 23 de febrero de 2013

Óxido

Me duró poco el retiro laboral. Por suerte, intento ser políticamente correcto, he vuelto a trabajar. Menciono lo de la corrección política porque la verdad es que no he echado de menos levantarme a las siete de la mañana. Puedo parecer frívolo, pero si me dedicara a escribir lo que le parece bién a los demás haría un blog de jardinería. El tema económico no me ha agobiado y he podido dedicarme a leer como un poseso, ver cine y husmear por todos los museos de Barcelona y Madrid. Nunca fue mi ilusión tener un gran coche y, como en los buenos tiempos me gané bién la vida, he podido recurrir a mis ahorros para ser lo más parecido a un tío feliz que puedo de imaginar.

No sólo he estado entregado a la cultura, no creo que haga falta que os lo asegure. Soy a aficionado a sumergirme en toda la mierda que me rodea así que no me ha costado pasar  de los textos de Jung a estar poco después absorto en  la compleja dicción de Mila Ximenez. El problema radica en como encaras cada cosa, no pretendas aprender de Sálvame y divertirte con Jung, si lo haces a la inversa vas en el buen camino.

Me seguí viendo con Sandra algunas veces más. No era la princesa casta y pura que esperaba para desintoxicarme de mi adicción al sexo, pero como buen adicto en rehabilitación, he sido incapaz de pasar sin mi dosis de metadona. Creo que Sandra aparecerá en breve en algún portal de porno amateur o buscando la fama rápida en Mujeres hombres y viceversa. Las últimas veces que follamos mi polla y yo éramos como el atrezzo en una obra de teatro, dábamos contenido a la función pero no teníamos ni una línea de texto. Sandra sólo existe para su orgasmo, para mirarse al espejo mientras cabalga poseída Debo tener algún misterioso radar interno para detectar viciosas y adictas al placer.

No me costó mucho dejar de verla, no recuerdo la excusa que le dí. No fue difícil auyentarla de mi lado, aunque intenté hacerlo con sutileza, dejando en lo posible la puerta abierta. Lo cierto es  no me ha conocido en mi mejor época. La chica es una auténtica golfa en la cama, dispuesta a todo, pero con un punto kamikaze para el que no estoy de humor. Lo que lamentaré es que no haber podido ver como follaban juntas Maria y Sandra.

Maria volverá a casa en Mayo. De este periodo separados no hablaremos, será como el recuerdo brumoso de una noche de alcohol. Supongo que nos susurraremos al oído las noches de vicio que cada uno hemos tenido en nuestros momentos de golfeo. Pero no sé como me comportaré ante la posibilidad de nuevas aventuras. Todo va y viene y a mi ahora me viene todo bastante a traspiés.

Como imaginaréis no me he contentado sólo con masturbarme cuando no he tenido cerca a Sandra. Atraído por las noticias del atentado contra el burdel más grande de Europa, cogí mi coche y acudí a la Jonquera junto a mi socio puteril Gerard. No conozco a nadie que renuncie al placer de coger lo que quiera sin reproches, sin culpa, sin miedo a que le señalen. Lo sórdido, la decrepitud, la tragedia y el drama siempre están presentes en los burdeles y hay personas como yo a las que esa mezcla dulzona les atrae. Muchos swingers no estarán de acuerdo con mi lado putero pero os aseguro que la sensación de entrar en cualquier club swinger o en una casa de putas es calcada. Probad y me decís.

Como el post me está quedando un tanto espeso os voy a colgar unos minutos musicales. Me irá bien porque saldrá en las etiquetas de otros blogs que me tienen entre sus favoritos y os distraerá un rato. Este vídeo me lo envió una pareja alemana, creo recordar, a la que no he tenido la suerte de conocer. La verdad es que no lo recordaba y hace poco lo redescubrí. A los pajilleros les gustará. Cuando lo acabéis de ver seguimos.
Lo cierto es que he vuelto a escribir por un ataque de vanidad. Recibí ayer un mail de una lectora y su aire de reconocimiento póstumo al blog me ha hecho volver a las teclas. M.P. (fíjate que majo soy que no doy tu nombre) me alegraste el día. Cada vez que una lectora me dice que se ha calentado con mis aventuras me da un no sé qué... que me lo digan chicos no es que me desagrade, pero lo de las niñas me vuelve loco. Escribo poco, lo sé, pero no sé a vosotros, pero a mi la vida no me da para tener tantas cosas como para compartirlas. Si este blog fuera de deporte, de cine o de política, quizás estaría cada día tecleando... bueno no creo, me paso el día al ordenador en el trabajo, así que acabo algo saturado del clic clic del qwerty.

Repasando asuntos pendientes desde mi último post he revisado el mail que me envío un amigo, Aiglos Glad, hace pocos días... qué son dos meses sino? Espero que no te hayan desahuciado, ni te hayan detenido por corrupción ni que te hayan despedido... no voy a hacer critica social con esto. Yo hace muchos años que no creo en este sistema que reduce la democracia a la centésima de segundo que tardan el índice y el pulgar en separarse y dejar caer tu papeleta en una urna. Tampoco voy a confesar mis instintos con toda la clase política, banquera y en general con media humanidad. Sólo quiero dejaros una pregunta, quien de vosotros no es potencialmente corrupto? no levantéis la mano tan rápido, pensad en la de veces que habéis engañado, cogido algo que no era vuestro o habéis mirado para otro lado, cuando alguien no hacía lo correcto. De los pirineos para abajo no tenemos remedio. No es de ahora, nuestra herencia genética latina-judía-árabe no nos predispone a la honradez. Ni el Homo Antecessor burgalés debió ser de fiar.

Volviendo al mail de mi amigo. Déjala. Os podéis imaginar de que iba el escrito de Aiglos. No doy un consejo, sino la resolución a un silogismo. Os comento, mi socio quiere tener una sexualidad algo más atrevida de la que tiene. Tampoco os penséis que quiere convertirse en un libertino, se conformaría con follar con la luz encendida, con ver a su mujer con un conjunto de ropa sexy, le gustaría sentir la boca de su esposa en la polla... que atrevido verdad? Ella es reacia a todo eso, pero él lo anhela. Jamás nos hemos mentido entre Maria y yo. No sé si el modelo es exportable, pero estoy convencido de que mi amigo acabará buscando alguna  salida a sus pulsiones. Eso le llevará a mentir, y a la larga a no ser feliz. Si le pidieras a tu mujer sodomizarla cada noche y verterle cera ardiendo en los pezones, entendería que de entrada se negara... pero le estás pidiendo lo que cualquier enamorado quiere de su princesa. Tu no eres el malo de esta historia.

Sé que os debo un post con mis vivencias en Tailandia. Os podéis imaginar lo que hice por allí. Me da cierta pereza escribirlo pero ya os adelanto que no hice nada del otro mundo, bueno de aquel mundo sí. A parte de las orientales siempre me había fascinado el mundo del opio del sudeste asiático de principios del siglo XX, Indochina, la magia de los lugares lejanos, la trastienda de bares poco recomendables, el peligro, así que tras indagar un par de semanas dí con el lugar adecuado. Me recosté y sólo recuerdo con claridad como pinchaba el cojín de lino que me pusieron bajo el cuello. Tengo enormes lagunas, o más bién alguno ligero atisbo de luz sobre que pasó la noche de autos. Recuerdo mujeres con pollas flácidas, de piel suave, recuerdo placer y despertar con el pecho embadurnado de algo reseco y blanco. Me autoconvencí de que aquello había salido de mi cuerpo, aunque en momentos de lucidez me doy cuenta de que no tengo ninguna prueba, así que no sé si soy muy hipócrita cuando me defino como hetero. Si alguna vez me hacen una regresión hipnótica prometo contaros toda la verdad y nada más que la verdad.

sábado, 22 de enero de 2011

Experiencia H

La letra "h" es muda y eso, siendo una letra, es una putada. Junto a la "k" y la "z" forman ese grupo de amigas gorditas y gafudas del instituto que no se mezclan con sus compañeros, esas que al cabo de las años no recuerdas como se llamaban ni que hacían. Sólo recuerdas que se sentaban al final de la clase y que oían grupos de música raros. La "z" últimamente está más presente en nuestras vidas, casi a diario nos acordamos de ella, no en vano es la inicial del apellido de nuestro amado presidente. La "k" está viviendo, gracias al sms, una segunda juventud, nos ahorra tiempo y su uso hace moderno. Pero nuestra querida "h" es como una animal en extinción. Con su forma de silla vista de perfil me hace pensar en eso, en esa silla que tenemos arrinconada en alguna habitación y que arrimamos a la mesa cuando se apunta algún invitado de más a cenar. Una experiencia "h" es algo que ha pasado, que está ahí, pero que no suma ni resta. Más por voluntad propia que por otra cosa. Algo que ocurrió pero que preferimos no analizar demasiado, no vaya a resultar que seamos culpables.

Los que seguís el blog sabéis que no somos una pareja liberal al uso. Tenemos algunas prácticas que en el ambiente swinger no son muy aceptadas. Precisamente un colectivo que se jacta de libre tiene también sus tabú y su doble moral. A veces hemos pagado por sexo. Y eso no es que esté muy bien visto.

Desde hace tiempo tengo ganas de probar una chica oriental. En mi estuche de plastidecor falta el amarillo. Me consta que a María también, así que me pareció buena manera de empezar el año vicioso regalándonos unas horas de placer con una chica de ojos rasgados. Si alguien conoce alguna dispuesta a liarse con una pareja y que no cobre, nos encantaría que nos pasarais su contacto. Mientras tanto, en loquo, podéis encontrar muchas de ellas.
No le dije nada a María. Ese fin de semana estábamos en Barcelona y decidí contactar con una chinita (luego resultó que era de Taiwan) que me pareció por las fotos muy apetecible. Estas que veis aquí son sus fotos reales, pero no voy a poner su nombre ni su dirección, no quiero hacerle publicidad. De todos modos, si miráis en loquo, la localizaréis fácilmente
La llamé el viernes saliendo del trabajo. La conversación fue un tanto caótica, pero me dio la impresión que la chica me comprendía, quizás eran mis ganas lo que me hizo interpretarlo así:
-Hola guapa, mira es que visto un anuncio tuyo en Loquo y me gustaría saber si atiendes a parejas.
-si si si (en efecto, tres "si", encadenados)
-Me gustaría hacer un trío y me has gustado mucho...
-si si si, no problema, tu vienes en mi piso y bien, todo bien
-(silencio)
-Para mañana como lo tienes sobre las 5?
-si si si, no problema.
El resto de la conversación acordamos el precio, me dio la dirección y entre "sies" por triplicado empecé a notar la excitación de una cita que sin duda encantaría a María.

Comimos en un restaurante del Passeig de Gracia y me encargué de que María acompañara cada bocado de un trago de vino. A ella no le hacen falta los efectos del alcohol para dejarse llevar, pero yo soy más místico. Al salir la dirigí hacia unas calles que no frecuentamos habitualmente. María llevaba un mini vestido rojo con medias y calcetines largos, de esos hasta el muslo. No me costó mucho encontrar el portal y por suerte estaba abierto.:
-Y esto?
-Bueno, un regalito que he preparado... no te apetece?
-Joder sabes que no me resisto a una buena sorpresa.

Ella franqueó la puerta y yo la seguí Era un primer piso y viendo el estado del ascensor, decidimos subir a pie. Las paredes estaban desconchadas y se podía ver las sucesivas capas de pintura, desde un lila estridente, pasando por un verde pastel y otros tonos indescifrables, hasta un blanco roto que ahora intentaba darle luz y salubridad a la escalera. Evité tocar el pasamanos de la baranda. El suelo estaba sucio y se oían voces de los pisos de arriba. Todos lo que hayáis ido de putas o a un club de intercambio, sabéis que muchas veces lo que vemos no tiene que ver con nuestro ideal de decoración. En la mayoría de ocasiones se trata de locales sórdidos y rancios, pero en esas ocasiones no es nuestro cerebro el que suele mandar, así que miramos hacía delante, como los burros, en busca de nuestra dosis de vicio.

Al llegar al rellano encontré cuatro puertas, como Alicia en el país de las Maravillas. Sólo una de ellas tiene la alfombra acordada. La mirada de María se ha transformado y noto sus pulsaciones aceleradas. Abre la puerta una chica delgada y bajita, por el físico parece nuestra compañera. Su look es acorde al recinto, lleva unas zapatillas de estar por casa, de esas de crío con forma de elefante, y una bata rosa. Parece que se ha levanto hace poco porque lleva el pelo revuelto y sofoca con esfuerzos un bostezo. Mira sorprendida a María, y aunque sonriendo, dice que no trabaja con mujeres. Le recuerdo que por teléfono habíamos acordado que venía "en pareja". Ella se disculpa diciendo que entendió una pareja sí, pero de dos hombres. Viendo que mi sorpresa va a naufragar antes de zarpar me dispongo a darme media vuelta. Ella me retiene por el hombro al tiempo que vocifera algo ininteligible hacia el interior de la casa. Otra voz le contesta y en breve aparece una segunda chica, clónica de la primera. Sonriente y vestida con un batín de pseudo seda me pide disculpas y dice que ella trabaja con chicas. María mira la escena desde un segundo plano. A mi la nueva chica me gusta y sinceramente no se cual de las dos es la del anuncio. Eso sí, la chica se anunciaba como "recibo sola en mi piso del centro"
Nos acompaña hasta una habitación con puerta de cristal glasé, con un pequeño baño dentro y sábanas verdosas de franela. Por el pasillo le toco el culo y noto que al menos algo bueno habrá para comer. Nos sentamos en la cama y pago lo convenido. La chica se dirige al baño y tras oír la música celestial del bidé manando agua, entra en la habitación con un conjuntito de Hello Kity! sí, el de la foto. Debe ser su uniforme sexy. Me colocó detrás de ella, mientras María sentaba en la cama me mira excitada.

La rodeo con los brazos, le acaricio el pecho, el culo y aspiró el aroma de su cuello. Huele muy bien, por suerte su perfume aparta de mi nariz el olor que me sacudió al entrar al piso, a refrito de pan de gamba. Paso mi mano por encima de las bragas, donde está el dibujtio de la gatita sin boca más famosa del mundo. Meto mis dedos dentro. Tiene mucho vello, suave, pero demasiado para nuestros gustos. Le meto los dedos en el coño y no tarda en mojarse. Empieza a gemir de esa manera tan característica de las asiáticas, a medio camino entre el quejido y el placer. María se ha empezado a quitar la ropa. Le bajo a la chinita las bragas y le quito el sujetador. María se acerca y se arrodilla. Le separa las piernas y empieza a comerle el coño recién lavado. Yo también me agacho y le meto la lengua en el culo. Mi lengua choca con la de mi chica y saboreamos el peludo coño de la puta. Parecemos dos vampiros ansiosos de sangre. No tarda mucho en correrse y tumbarse en la cama.
Con la polla dura busco la boca de la chinita para que me la coma. Ella la acaricia con una mano mientras con la otra busca un condón en la mesilla. Le pido que me la chupe sin, pero no acepta. Aparto a la china y María me la chupa hasta el fondo. Mientras me la come seguimos sobando a la puta, su coño, sus pezones duros y rosas, como golosinas. Nuestra fulana acompaña la mamada de María acariciándome los huevos y metiendo respetuosamente la punta de un dedo en mi culo. María me pide que me la folle. Pongo a nuestra amiga a cuatro patas y me advierte que por el culo no. No era mi intención, me pongo el condón y he aquí mi sorpresa cuando me dice sin perder la sonrisa:
- cuidado con coño, tengo regla...
Por eso nos sentimos como vampiros cuando la comíamos. Me apetece mucho su coño, pero la idea de que la esponjita no cumpla su función y ver mi polla ensangrentada me hacen desistir. Le propongo a la puta que le coma el coño a María, que se coge la situación con humor y empieza a tener problemas para contener la carcajada. Separa las piernas y ofrece su coño rasurado a la chinita. Esta lo mira sorprendida y saca un rollo de papel film, si el de envolver el pollo, para colocarlo sobre el coño y no tocarlo directamente! María ahora no puede contenerse y ríe a mandíbula abierta. Aparto a la chica y a su rollo de papel glad y empiezo a follar el coño de María. La chinita sigue a nuestro lado y entre los dos, sin mirarla, le metemos los dedos por todos sus agujeros, la pellizcamos, la acariciamos, la sobamos. Aguanto hasta que María se corre. Se ha retorcido hasta llegar con su boca al coño de la china y nuestra amiga parece encantada. Saco mi polla hinchada del coño de María y colocó mis rodillas a cada lado del cuerpo de la puta. Me pajeo sobre ella. La chinita sigue buscando mi culo y contribuye a que aguante poco más. Me apreto con fuerza la polla, y me corro sobre la china. María observa de reojo recobrando el aliento. Le lleno a la puta los pechos, un hombro y los labios. Hago todo lo posible para manchar las horribles sábanas verdes.
La china se retira y en segundos estamos deambulando por el pasillo hacia el exterior. Oímos los gemidos y el tran tran de la habitación de al lado, donde algún afortunado está follándose a la chinita hetero. Bajando la escalera María comenta:
-Esta no cuenta, lo de la china mejor lo aparcamos hasta el verano en Tailandia ok?
Solo puedo afirmar, decepcionado. La verdad es que me siento un poco hueco, herido, de mal humor, humano al fin y al cabo. No empiezan todas esas palabras por "h"?

sábado, 24 de abril de 2010

Regalo a un putero afortunado

Muchos amigos me comentan lo afortunado que soy por viajar por el país continuamente. Yo creo que los afortunados son los que lo hacen por todo el mundo, o eso creía hace unos años. Cada vez estoy más harto de los hoteles, aeropuertos y carreteras. Vivimos a caballo entre dos ciudades y aunque tiene sus ventajas, también jode no tener la camisa que quieres en la casa que toca, o dejarte tu vídeo juego favorito a 100 kilómetros. Como os digo también tiene sus alegrías, una de ellas es cuando María me puede acompañar, entonces os aseguro que tener habitación, dietas y dinerito para gastar a cargo de la empresa se convierte en una gozada.
Hace un mes me enviaron a Tarragona. Había estado varias veces, de turista y por trabajo, pero nunca con María. No hace falta que os diga que os contaré lo que ocurrió una vez que mi traje colgaba del percehero, el portátil estaba sólo atento al msn y el móvil desconectado.

En cuanto llegamos a la habitación del hotel (hotel Eurotarraco, para los que queráis pasaros por allí por si os gusta nuestra aventurita y queréis probar) no me podía creer lo que había tras la ventana. Una casa de putas con todos sus lucecitas como caramelos a la puerta de un colegio. En cuanto lo vi se me pasaron por la cabeza mil cosas, no sé que me pasa el viernes pero mi cerebro deja de trabajar y cede el mando a mi bragueta. Corrí la cortina para que María no viese nada y tras arreglarnos salimos a cenar.
Si paga la empresa no puedo ir haciendo el loco, pero siempre hay la posibilidad de que invite a cenar a algún cliente. En esos casos el límite, una vez al mes, se puede sobrepasar y nadie levantará la voz. Hay un pacto de silencio entre directivos, compañeros y socios, todos sabemos que el 90% de esas excepciones corresponden a puterío, lujos con la señora o amante o cualquier otra cosa que no se parezca a un cliente. Ni que decir cabe que en esas ocasiones no se me ocurre mirar el precio. Pedimos pescado, algo de marisco y vino. Dos botellas de Paco & Lola de las que dejamos media, que lujo derrochar si no pagas. La frontera de la media botella de vino por cabeza se cruza en una sola dirección, la del pecado. Los ojos de María empezaron a entornarse en su gesto característico de guerrera del sexo. No estábamos en condiciones de conducir, porque en ese momento me hubiera encantado ir a Chatelet de Salou para ver como María se hinchaba a orgasmos. Sólo se me ocurría una cosa, de camino al hotel coger una niñita en la casa de putas y acabar la fiesta en el hotel. María siguiendo su habitual juego de seducción se había quitado el tanga y abría las piernas para que bajo el mantel pudiera ver su coño húmedo. Me hubiera echado al suelo para lamérselo con ansia, pero no creo que colara que estaba buscando una lentilla. Tuve que retirar la copa de mi chica, el vino transforma a los guerreros en dioses y María es de las diosas que atemorizan.

Por suerte el hotel no quedaba muy lejos y recordaba bien el trayecto, de otra manera me hubiera costado llegar mirando más el coño de mi pareja que a la carretera.
- Ya vamos para el hotel? no quieres que vayamos a ligar? - susurró mi copiloto.
- No te has fijado lo que había delante del hotel?
- No... - María hurgaba en mi pantalón intentando sacarme la polla.
- Una casa de putas, me encantaría sacar una chica para llevarla al hotel.
- No quiero niñas...
Esa respuesta me dejó en fuera de juego. No había nada que me apeteciera más en ese momento que una negrita para lamerla con María.
- Quiero ser yo la puta...
Trago saliva. Mi polla palpita. Sé que siempre le ha excitado la sensación de cobrar y obedecer. Ya lo probamos una vez. A todos nos encanta sentir la sumisión en algún grado, si además tiene la recompensa del dinero, la fantasía es completa.
Encaré el coche a la entrada del puticlub. Tenía un parking amplio y suficientemente oscuro para pasar inadvertido. María se masturbaba el coño y se pellizcaba los pezones. Varios coches entraron tras nosotros y aparcaron a unos metros. Un grupo de amigos que sólo tenían las golosas luces entre ceja y ceja, promesa de media hora de placer.
- Vas a hacer lo que yo diga - no sugerí, se lo ordené. Me saqué la polla del pantalón y cogí su cabeza para que se la metiera en la boca. Empecé a acariciarle el coño metiéndole dos dedos con firmeza, ella se arqueaba para que entraran dentro y gemía con la boca llena.
Yo no perdía detalle del retrovisor, hasta que apareció lo que esperaba. Un Opel Astra, vulgar, lento y sobrio, conducido por un hombre, sin acompañantes. Retiré la cabeza de María y salí del coche.
El Astra aparcó cerca de nuestro coche y pude acercarme sonriendo, con naturalidad. El hombre me miró un poco sorprendido y miró alrededor buscando explicación a mi presencia allí. Sin duda vio que en mi coche había una mujer rubia.
- Hola
- Hola - contestó el hombre con cara de pocos amigos, saliendo con dificultad del coche. Pude oír la música de su radio cd antes de que apagara el contacto. El Barrio, genial y decadente, buena señal.
- Es que verá, no sé como decirlo... he venido con mi amiga - tragué saliva, intentando parecer dócil y nervioso - y mi amiga me ha pedido un favor.
- Quita de en medio, no me toques los cojones... el favor vengo yo a que me lo hagan.
El hombre debía tener unos cincuenta años, fornido, muy moreno, sin duda trabajador de la construcción, de voz ronca y hosca.
- Es que mi amiga... no sé como decirle, a mi las mujeres no me gustan... pero que no quiero nada con usted no piense mal! pero es que ya nos íbamos para casa y mi amiga me decía que....
Por primera vez vi algo de curiosidad en el obrero, miró de reojo hacía nuestro coche y pudo ver las piernas desnudas y el tanga por la rodillas. Se puso de puntillas para ver más y movió las manos buscando equilibrio.
- No se quiere ir a dormir sin hacer algo.... su chico fue a una despedida y le han dicho que se fue de putas con los amigos... está borracha pero lleva toda la noche pidiendo que la traiga a un sitio así. Está medio depre - depre? ni recuerdo como pude parecer tan petardo.
- Está buena... - nuestra presa se relamía como un lobo mirando un ternero.
- Está loca! pero... su chico se merece que le paguen con la misma moneda.
- Nene para pagar ya pago ahí dentro.
- Es que ella - empezó a andar hacia el coche y yo le seguí - sólo quiere jugar, por eso quería que yo viniera con ella.
María tenía las piernas bien separadas, el coño abierto y lo acariciaba resbalando sus dedos por el clítoris. Se había sacado las tetas por encima de la camiseta y se veía absolutamente deseable.
- Joder... - el obrero estaba alucinado - tu que eres? maricón? joder nene yo no os entiendo.
- Que le vamos a hacer - el obrero como si ya estuviera en el puticlub se acercó a la ventana de María y sin dirigirle la palabra comenzó a pellizcarle el pecho y sobarle el coño. Lo hacía con rudeza, como si prepara cemento en su día a día. Yo miraba desde la otra ventana, excitadísimo.
- Vaya puta... esto si que es una puta - me miraba el obrero riendo, como si hubiera acertado la lotería. María abría las piernas, ofrecía el coño y me miraba completamente enloquecida.
El hombre del Astra se bajó la bragueta y sacó su polla morena y peluda por entre los dientes de la cremallera. Se puso un poco de puntillas y obligó a María a metérsela en la boca. No podía aguantar le excitación, ella chupaba ruidosamente, gozando.
- Maricón si quieres mirar no te cortes, ven pacá que así me tapas por si viene el segureta.
Me acerqué y miré loco de placer como María chupaba y sorbía como poseida. El obrero tenía una polla no muy larga, pero gruesa con un glande muy hinchado y brillante. Hábilmente tenía la mano dentro del coche y follaba a María con los dedos, ella le ayudaba moviendo el culo, deseando que esos dedos fueran una polla.

Cuando vi que le hombre buscaba la puerta para abrir tuve que calmarle.
- Córrete que viene alguien...
Mi advertencia pareció hacer efecto y acompañando el movimiento de María empezó a embestir follándole la boca a mi chica. Ella ya se había corrido un par de veces y cuando el obrero empezó a magrearla con más fuerza vi que se iba correr por tercera vez. El obrero no pudo resistir más cuando María mirándole a los ojos le susurró.
- Que pasa, no te vas a correr? para maricones ya tengo a este...
Mano de santo. En tres oleadas nuestro amigo dejó la puerta del coche, la cara el pelo de María y sus calzoncillos llenos de una leche blanca y densa.
El pobre hombre quedó encorvado, sudoroso susurrando palabras incomprensibles.
Con una sonrisa alzó la vista, buscando complicidad como un niño que ha robado un chupachups de un kiosco y ha sido atrapado.
- Aparta gordo - de un empujón lo alejé del coche. El pobre hombre se trastabilló casi cayendo al suelo. Entré al coche mientras el obrero gesticulaba con la polla flácida asomando por el pantalón. María se despidió con un inocente saludo y pude ver por el retrovisor la cara de expediente x que se le había quedado al pobre hombre.

No hablamos, el hotel estaba tan cerca que no dio tiempo. Aún recuerdo la cara del vedel cuando vio los restos de semen aun frescos en la cara y pelo de María. Ella seguía risueña, caliente. Sólo le di tiempo a lavarse la cara. La follé por detrás, de pie apoyada en la ventana, mirando el parking en el que acabábamos de acercarnos un pocos más al infierno de los lascivos.


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