viernes, 1 de febrero de 2008

Las elecciones

Hace tiempo que dejé de votar. Recuerdo que al cumplir los dieciocho fuí al colegio electoral con mi papeleta, con ilusión parecida a la que viví la primera vez que me senté al volante de un coche. Cuantas aventuras vislumbraba a través del parabrisas! libertad, descubrimientos, experiencias... cuantas promesas y vivencias por vivir!. Bastantes años más tarde aun miro mi coche destartalado y sonrió al recordar. De las elecciones y la política no puedo decir lo mismo.

El acto de votar cada vez me parece una pantomima. Un engaño a la población que cree decidir algo con ese acto efímero de introducir su papeleta por una ranura. Hay actos con semejante mecánica, con mayor duración por suerte, que me atraen mucho más... no sé como pero vuelvo a acordame de mi cochecito! Unos segundos a cambio de cuatro años en los que no podrás rectificar el sentido de tu voto. Cuatro años en los que el partido ganador incumplirá sistemáticamente sus promesas, en los que nadie dimitirá a pesar de los errores que haya cometido, cuatro años en los que te seguirás levantando a la misma hora, tu hipoteca seguirá subiendo y pagarás las cosas cada vez más caras, cuatro años en los que cuando necesites de la sanidad te preguntarás en que coño se invierten tus impuestos.

Las grandes ideas han sucumbido al mejor de los peores sistemas políticos posibles. El capitalismo ha reducido a escombros las ideas por las que murieron millones de personas siglos atrás. La economía mundial, las grandes corporaciones rigen los destinos de los paises hasta extremos que rozan la paranoia.

Ligeros matices separan ahora lo que antes eran las izquierdas y las derechas.
Las cuestiones de fondo se seguirán resolviendo, o no, de la misma forma por parte de un grupo o del otro, seguirás teniendo los mismos problemas con unos u otros, te lo aseguro. Las gentes de derechas pretenden decidir y opinar sobre todos los asuntos aunque no les afecten directamente; las izquierdas pretenden dar a las personas la libertad de decidir sobre aquello que les afecte, dejando al margen lo que no sea de su incumbencia. vive y deja vivir, en definitiva ¿No es acaso absurdo que un heterosexual nostálgico franquista se pronuncie sobre el matrimonio homosexual? ¿acaso quiere dar un cambio a su vida?

La democracia actual es una herencia caduca de un tiempo de soñadores. Se ha de adaptar a la nueva realidad mundial, a la era de la globalización, de la tecnología y las comunicaciones. Deberíamos ser partícipes de la gestión diaria del país en el que vivimos. No todos en el mismo grado porque, aunque la romántica idea de igualdad es bella y seductora, desengañémonos,
no es cierta, no somos todos iguales y la sociedad capitalista se empeña en demostrárnoslo machaconamente. No todos los votos deberían valer lo mismo. El voto madurado y reflexivo de una persona informada y culta vale lo mismo que el de un niñato que va a votar después de haber estado en un after ciego de cocaína. Por mucho que desprecies a esa juventud adormecida y lobotomizada con el tunning, el perreo y los porros, para el Estado tu opinión y la de ellos valen exactamente lo mismo. ¿Tan complicado es que podamos participar de un parlamento cibernético en el que millones de ciudadanos podamos decidir sobre los asuntos que afectarán nuestras vidas y no sólo lo hagan unos cuantos parlamentarios electos? Los votos blancos aumentan exponencialmente, los porcentajes de participación cada vez son más sonrojantes pero todo sigue igual.

Los partidos políticos son las comparsas de un desfile que a nadie atrae. Sus disputas no dejan de ser altercados como los que se producen en cualquier tertulia del corazón. Sus programas y ofertas a la ciudadanía sólo consisten en ténicas de marketing, compre usted dos unidades y le regalamos la tercera... nos consideran consumidores a los que engatusar. Son conscientes de que nos hemos convertido en ciudadanos compradores, lo saben, el objetivo principal del capitalismo se ha conseguido, un ciudadano una cartera que vaciar.
No creeis que un cambio es necesario?

martes, 22 de enero de 2008

Mi primer dia en el cole


No sé si es más amenazante el papel en blanco o el cursor martilleando la pantalla. Pocas cosas igualan tanto a las personas que el papel o las líneas por escribir. Os dais cuenta de la de diferentes cosas que pueden caber en un texto? la de ideas que pueden provocar, la alegría, el odio, el morbo... todo es posible ante esa rallita que corre ante las letras que se plasman en la pantalla.

Un diario nace con la secreta intención de que alguien lo lea, sea mientras vivimos o cuando ya nadie nos recuerde. Lo escribimos para contar lo muy enamorados que estamos de la chica del pupitre de al lado, anhelando que por algún mágico suceso ella se entere.

Un blog nace de lo contrario, de la necesidad de ser exhibicionistas, de mostrar nuestras ideas, nuestros pensamientos, nuestro cuerpo, nuestra vida. No sé si llegaré a mostrar tanto, no es mi intención. Sólo espero que en el mismo modo de que alguien pueda leerme y distraerse yo pueda ordenar mis ideas, sacar mi odio, ilustrarme, reir. Espero que sea como el vómito después de una comida excesiva, como una eyaculación para un adolescente calenturiento, como una micción para un anciano prostático.

Espero mantener una constancia, aunque supongo que con esa idea nace cualquier blog no? opinaré, contaré, comentaré de todo y sobre todo, sólo espero que quien me lea pase un buen rato.

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