sábado, 27 de septiembre de 2014

Boda pederasta

Siempre he tenido vocación de abuelito. Eso de llevar al nieto a los columpios y comprarle chuches me parece de lo más tierno. Pobre de aquel que no haya podido vivir esa sensación de felicidad plena volando en un columpio, insistiendo al abuelo para que te lleve más y más arriba. Detrás de esa imagen bucólica, no os quepa la menor duda, hay una parte egoísta del abuelo en cuestión. Pocas oportunidades se le presentan a un jubilado en el tiempo de descuento de ver una mejor colección de jóvenes mamis de mirada cómplice con el esforzado yayo. El abuelo, entre empujón y empujón al columpio, no pierde la oportunidad, como el viejo cazador que es, de mirar una nalga, un pecho, o, en una tarde de gloria, unas braguitas mostradas en un descuido. Las mamis bajan la guardia de su arduo trabajo entre semejantes o entre abuelos. No lo olvidéis.
Desgraciadamente para ser abuelo no queda otra que ser padre antes, siempre que no lo remedie algún visionario de la tecnología, aunque tras la muerte de Steve Jobs me cuesta imaginarlo. No tengo espíritu de sacrificio y tengo un punto egoísta que me mantiene lejos de esa responsabilidad. Estas, entre otras cuestiones son las que me mantienen sin hijos, o para se más correctos, en la ignorancia de la paternidad. Cualquier hombre puede ser padre sin saberlo y, como desgraciadamente no todos pasamos por el Sálvame Deluxe, muchos permaneceremos ignorantes de nuestra condición de papis. 

Otro de lo motivos que mantiene a mis espermatozoides como un ingeniero en paro (sin ejercer para lo que se han preparado) es la emancipación brutal de las niñas. Por un lado me estremezco, por otro lado me lamento de no haber nacido en esta gloriosa época en que los niños follan antes de saber conducir. En mi época era al revés, sin coche era difícil llegar a la meta. Me pongo en el papel de esos padres que ven a la niñas salir de casa con los shorts que han agitado las calles este verano y me entran sofocos. A eso viene esta introducción. Este verano pude comprobar ese furor femenino. Aún me dura la resaca emocional.
De las mejores noticias que puedes recibir en verano está la invitación a una boda familiar. Rompe tus planes, olvídate de las playas y las aventuras. Un pariente ha decidido aprovechar las vacaciones para que todo el mundo pueda acudir a su día más especial. El quince de Agosto, marcado en el calendario con rotulador fosforito, amenazaba desde hacía meses. Una de las primas de Maria, de igual nombre, aprovechaba la singular fecha para celebrar una boda de alto copete. Resignado me dispuse a cambiar mis vacaciones anuales por el honor de ser participe de tan alto honor. Maria estaba alterada, esa parte de la familia, adinerada y de alta reputación entre la burguesía de Barcelona, requerían de todo un protocolo fácilmente traducible por aburrimiento. Desde semanas antes a la boda me insistió en que me controlara con bebida y demás. La Maria que me iba a acompañar a la boda dista mucho de la Maria que convive conmigo: debía ser remilgada, abstemia, sobria y cortés con todo el mundo. Yo acepté el trato y me dispuse a actuar como un galán de culebrón hasta la cena. Allí tendría libertad condicional para intentar pasar un buen rato.
Sin avisar a Maria me preparé una petaca de Jagger y aparcados en la calle, antes de llegar a la iglesia, me pegué el primer trago. Mi chica me miró indignada pero, en vez de regañarme, me quitó la petaca y le dio un buen trago al licor de los cazadores. Antes de guardarla en la americana di otro buen sorbo. En ese momento vi por la ventana de Maria como una chica de unos dieciséis años, vestida con un sobrio vestido gris, me miraba por encima del hombro, arqueando una ceja en un gesto de desaprobación que me hizo guardar la petaca apresuradamente. La chica giró el cuello y siguió caminando. Sin duda el arreglado pelo, perfectamente planchado y brillante, recién salido de la peluquería, los zapatos de tacón y el bolsito a juego la definían como invitada a la misma boda. 
Salimos del coche y Maria inició un carrusel de saludos, besitos al aire, gimoteos, falsas añoranzas y reconocimientos mutuos de belleza con amigas y familiares. Yo me limité a poner el piloto automático estrechando cuantas manos se me ponían por delante y añorando mi petaca de licor. Tan cerca tan lejos como tituló Wim Wenders una de sus películas. Conforme nos acercábamos a la puerta de la iglesia el parentesco aumentaba en proximidad. Abuelos, hermanos, primos y la hermana de la novia. Cristinita, quince años de tontería, mojigatería y pijerío embutidos en un horrible vestido rosa que la hacía parecer un chicle de fresa mal masticado. Por todas partes le salían brotes de carne magra, como si fuera una morcilla echada al fuego a punto de explotar. Como se puede tener esa edad y ser así de desparramada? A su lado su antítesis. La niña censora que me había reprochado con un gesto mi chupito de ánimo en el coche. Tenía los ojos muy vivos, como si el resto de su cara ocultara algo que los ojos no conseguían disimular. Miré su escote con disimulo, su cintura, su espalda descubierta, su culo. Esa chica haría sufrir a más de un hombre en su vida. Todo su rostro era armónico, bello, sin ningún rasgo llamativo, salvo sus ojos codificados.
- Esta es mi mejor amiga, Leyre.
- Mucho gusto, son tus padre navarros? - pregunté sorprendentemente cohibido.
- No, por qué?
- Por el nombre. Es típico de Navarra - Maria sonrió confirmando mi afirmación.
- No. A mis padres les gustaba mucho una canción que se llamaba "Lady" pero como no sabían inglés creían que se escribía Leyre, como se pronuncia vamos.
Durante unos segundos no supe que decir, hasta que Cristina empezó a reír y Maria y yo la seguimos por simpatía. Vaya con la niña.
- Perdona tienes razón, era broma. Sí son navarros - afirmó sonriendo cómplice con su amiguita. 
Aprovechando que Maria y su primita se enzarzaban en un cotilleo continuo sobre el vestido de la novia y los arduos preparativos, Leyre me dijo al oído, sutilmente.
- Espero que me invites a un trago de eso que llevas ahí dentro.
- No pienso contribuir a que una niña se convierta en una alcohólica - dije con sorna.
- ja ja ja habló el anciano, deberías empezar a dejar los excesos, a tu edad ya se sabe...
No pude evitar la sonrisa. Aquella chica prometía mucho.
Os voy a ahorrar el coñazo de la ceremonia. El lugar inmejorable: la basílica de Santa Maria del Mar, rodeados de guiris y curiosos. Todo se desarrolló conforme el clásico guión de boda, con emociones varias, llantos, e incluso alguna leve lipotimia de un invitado de la parte del novio que dieron color al trámite. Las mesas se repartieron según estricto protocolo, que como de costumbre, sólo entendían los novios y sus padres. La media de edad de nuestra mesa superaba los cincuenta. Mucho bótox y silicona entre ellas y mucha carencia de pelo entre ellos. Poco me costó entablar conversación con el vecino de al lado. Un empresario de la construcción venido a menos que no había perdido los buenos hábitos y me invitó a unas rayas. Volviendo del baño con mi nuevo mejor amigo vi la mesa en que estaba sentada mi joven amiga. Sentada en la mesa de los niños, destacaba rodeada de Fanta naranja y pollo con patatas. Miraba fastidiada a la mesa de honor en que estaba sentada su amiga y hermana de la novia. No pude resistir acercarme.
- Te lo pasas bién con tus amigos? Leyre no me contestó, me miró con suficiencia y me pidió la petaca. Sin llamar mucho la atención vacié la petaca en su vaso de coca cola.
- No me vayas a denunciar.
Los platos se sucedieron tanto como el vino y los licores. Fui al baño siete u ocho veces con mi nuevo amigo mientras Maria me clavaba puñales imaginarios. Al final de la cena estaba más cerca del Nirvana que de la boda y procuré con todos mis esfuerzos mantenerme lejos de la estirada familia de Maria y de su postiza pose. Me encontré solo en la barra tomando copas hasta que Leyre se acercó a mí. No le costó convencerme de que le pidiera unas copas. He de reconocer que disfruté de su frescura, de su alegría aunque lamentablemente no recuerdo mucho de la charla. Le conseguí unos cigarrillos y la acompañé a la calle a fumar. La miraba embobado aspirar el humo del pitillo. Aún me quedaba algo de licor en la petaca y lo compartí con la niña. Simplemente disfrutaba de su compañía, no pensaba en nada más. Noté que su lengua se volvía trapo y la advertí de que no bebiera más.
Volvimos a la sala y vi como Maria seguía cumpliendo con sus obligaciones protocolarias. Que bien se le da parecerse a lo que se espera de ella, tan lejos de lo que realmente es. En un par de ocasiones me miró alzando el pulgar, gesto que le devolví con complicidad. Leyre seguía flotando a mi alrededor. Tan sola como yo. Me pidió que bailara con ella y no me negué. Se acopló a mi cuerpo, y yo la abracé dubitativo. Ternura, deseo, complicidad? Bailamos juntos mientras algunos nos miraban comprensivos y otros suspicaces. Leyre me pidió al oído si tenía algo de lo que había tomado con mi compañero de mesa. Me había observado y sabía que ninguno de los dos teníamos problemas de cistitis. Se apretó a mi cuerpo. Noté sus pechos, rocé su culo con las manos, observé nuestra imagen reflejada en un espejo y no vi a un hombre y a una niña. Vi a dos personas, a una pareja. Se me puso dura. Leyre no se incomodó. Se apretó más, buscaba notar con su cuerpo mi erección. Yo deslicé mis manos sobre su culo y lo noté duro, deseable. Estuve a punto de separarme, poner tierra y un par de copas de por medio, pero la chica se resistió. Me llevó al centro de la pista donde había más gente y sutilmente pasó su mano por mi polla. Me miró a los ojos y me susurró al oído.
- Parece que no me ves tan niña...

Sin parecer brusco me fui a la barra y pedí otra copa. Leyre me siguió y se recostó sobre mi. Noté como buscaba  contacto y puso su entrepierna sobre mi rodilla, una técnica digna de las mejores fulanas de cualquier casa de putas. Bebió un par de sorbos de mi copa. Vi como sus ojos estaba turbios, afectados por el alcohol, pero seguían mostrando decisión, personalidad.
- Te espero en el baño.
Me encorvé como pude para ocultar el bulto de mis pantalones mientras la vi alejarse hacia los servicios.
- Es vuestra hija? - me preguntó un señor mayor, que recostado en la barra seguía con la mirada a la niña.
- Es una pariente, nada más -
- Será toda una rompecorazones - concluyó el señor sorbiendo un brandy oscuro con pinta de muy caro. Apenas se dio la vuelta. Apuré mi copa y seguí las huellas de Leyre. No era yo, algo que me arrastraba. Busqué a Maria entre los bailarines y no la encontré. Mis pasos me llevaban sin remedio hacia los servicios.
Entré en el baño de las chicas. Una señora mayor se refrescaba en el lavabo. Esperé a que acabara y susurré el nombre de mi perdición cuando la señora cerró la puerta a mis espaldas. La puerta de uno de los baños se abrió y vi como unas braguitas negras caían al suelo, cerca de mis pies. No pensé más. Me acerqué unos pasos y vi a Leyre sentada en el inodoro, con las piernas abiertas. Me apoyé en la pared y la miré a lo ojos. Apartó la mirada pero no cerró las piernas. Mis ojos se recrearon en su coño. Caliente, mojado, ansioso, suave, deseable. Podría haber estado allí horas, días, pero me arrodillé y lamí con una pasada todo lo que pude, desde su culo hasta el poco vello que tenía en el pubis. Me excitó mucho ver su coño depilado y prieto. Mis inquietudes quedaron al margen y me entregué a comerle el coño con todas mis ganas. Intentó apartarme cuando se corrió por primera vez pero, siendo más suave, pude seguir entregándole a mi lengua aquella delicia. Después de correrse nuevamente se irguió y me desabrochó el cinturón. Yo estaba empalmadísimo y la coca me había dado esa rigidez adicional tan negativa a veces y tan buena otras ocasiones. La niña se metió la polla en la boca. Entera. Me la comió saboreándola. No para cumplir. Me pajeó, me lamió por todos los rincones y, lo más sorprendente, me miraba a los ojos, gozando de lo que hacía y como lo hacía. Estaba deseando correrme, acabar con aquello, dejarlo en un recuerdo morboso. Leyre me sentó en la taza del inodoro, se colocó bien la falda y salió al baño. Me dejó allí con la polla apuntando al techo, en la frontera de la fantasía y la realidad. Volvió en breve con un condón que había sacado de la máquina del vestíbulo.

Me sobresalté e intenté disuadirla. Le susurré al oído que debía guardarse para otra ocasión pero su respuesta fue concluyente.
- No vas a tener el honor de ser el primero.
Volví a abandonarme, me enfundé el condón y puse las manos en la cintura de la niña. Se subió sobre mi y se hundió mi polla entre las piernas. Estaba apretada pero tan mojada que no tardé en estar dentro de ella. Se movía con cuidado, con cautela. Sin duda había chupado más de una polla pero no era una gran amazona. Le marqué el ritmo con las manos y empezó a gemir. Tenía las mejillas sonrojadas, los labios entreabiertos y los ojos cerrados, entregada. Busqué sus pechos, su culo, ansioso de tocar, chupar y penetrar aquel regalo. Puestos a pecar mejor hacerlo a lo grande. Lamí sus pezones, pellizqué su culo, acaricié su coño abierto con mis dedos y me corrí cuando deslicé dos dedos en su culo. Al notar mis embestidas ella se aferró con fuerza y noté como se corría empapando mi pubis. Seguí lamiendo sus pechos y permanecimos así durante no sé cuanto tiempo. Oímos la puerta del baño batir en varias ocasiones. Abrir y cerrarse el grifo, el secador y la cisterna del baño. 

Olí su cuello y sentí la suavidad de su culo en mis manos. Volví a acariciar su coño con suavidad. La niña reaccionó con gusto y volví a jugar con su cuerpo mientras mi polla anestesiada seguía en su interior. Volvió a correrse en mis manos mientras gemía sobre mi cuello. Me llevé los dedos a la boca y sorbí con placer. Ella me miró sorprendida, con sus ojos de regaliz.

Salimos de baño separados. Yo volví a la barra y ella se sentó con su amiga. No pude quitarle ojo. Acababa de follar con una niña de quince años y no podía convencerme de que era malo lo que había pasado. Entre los invitados pude ver a Maria riendo, siendo la Maria que conocen en su familia, no la Maria que sin duda hubiera pagado por estar en aquel baño conmigo y Leyre.
Leyre me dio su teléfono - es para que lo tengas, no para que me llames - yo le dí mi número, falseando las dos últimas cifras. Muy a mi pesar no quería volver a asomarme al precipicio. No puedo negar lo que sentí. Me he masturbado volviendo a aquel baño. Me encantaría volver a follar con Leyre, pero algo me dice que no nos traerá nada bueno, ni a ella ni a mí.

Maria te acariciaré el coño después de que leas esto. No podrás engañarme y sabré si te has enfadado o si has lamentado no haber compartido a la niña. No he tenido valor para contártelo hasta ahora. Te enfadas?

sábado, 3 de mayo de 2014

Gymkana

Cuando hace mucho que no escribo, me siento con el portátil en el regazo y espero ilusionado si se produce ese milagro de las musas o de la escritura automática. No me ha pasado nunca. Sabéis los que leéis el blog que no suelo escribir si no tengo algo que contar. Hay otros blogs cuyos autores crean una entrada diaria con temas tan manidos que provocan rubor. No me compensa escribir sobre eso ni creo que a los que os acercáis por aquí os motive mi opinión sobre si prefiero tetas o culos. Seguro que tendría más seguidores si apareciera con más frecuencia pero nunca fue ese el objetivo de este blog. Así que hoy si tengo algo que explicaros.

Alguna vez ha aparecido por aquí mi amigo Gerard. Milagrosamente aun sigue vivo. No sé como lo hace pero es capaz de vivir una semana con una rebanada de pan bimbo, un red bull y algo de farlopa. Hace ya tiempo que yo dejé ese mundo de los picores de nariz. Mi amigo sigue fiel a su cita de fin de semana con todo tipo de excesos. Entre semana, un ejecutivo sin tacha, responsable y ejemplo para sus subordinados. Siempre ha tenido devoción por las putas de cualquier nivel, pero no puede evitar cierta querencia a la sordidez. Algo normal para una persona que vive habitualmente el oropel de las grandes empresas. 
Hacía tiempo que no salíamos juntos cuando apareció en mi casa con su Mini una mañana del mes pasado. Comiendo una bolsa de Doritos entró en el salón saludando quedamente a Maria. Nunca se han tragado. Me persiguió por la casa mientras masticaba ruidosamente. Maria subió el volumen de la tele para no enterarse de nuestra charla. En menos de media hora avanzábamos rumbo a la NII escuchando una horrible playlist con temas reaggeton. Gerard es así. Pasamos unas horas tomando copas en una terraza charlando como lo hacen dos amigos que se conocen mucho y se ven poco. Criticamos, cotilleamos, acuchillamos, añoramos y fantaseamos. Lo normal, lo sano. Tras una par de viajes al baño adiviné como unos cuernos retorcidos, oscuros, malévolos sobresalían de entre su escaso pelo. Me propuso dos juegos. No me explicó las reglas ni su objetivo, sólo me juró que no me arrepentíría. Acepté.

Para la primera parte de la Gymkana debíamos ir a Lloret de Mar. No tengo en mucha estima esa localidad pero Gerard mandaba. No se cuantas veces escuché a Paquirrín hasta que pude poner algo de música decente en el coche. Nada abstracto, Lori Meyers y poco más. Paramos delante de un anódino bloque de pisos de esa arquitectura turística que obedece al "menos es mas": menos coste, más beneficio. Subimos un tramo de escaleras que olían a perro con curry. No a un plato de perro cocinado al curry; olía a perro y a alimentos cocinados con curry. Una puerta adornada con un número dos dorado en relieve se abrió con algarabía y risas. Mi amigo era una personalidad en aquel antro que mantenía el aroma de la escalera; divisé un pastor alemán dormitando en un rincón y olí el maldito curry. La señora mayor que nos abrió la puerta nos hizo sentar en el salón. Parecía rumana. Andaba aprisa hacia la cocina, supongo que a bajar el fuego. Esperé el desfile de las putas, no me esperaba menos de mi amigo. Unos minutos pasaron hasta que la señora regresó con una botella de Fanta limón y dos vasos opacos de tanta vida pasada en el lavaplatos. La señora bajó las persianas y Gerard aprovechó para ir al baño.
Amablemente la señora se sentó a mi lado, me llenó el vaso y me indicó que me relajara. Me sorprendió cuando me metió mano y me agarró el paquete. Casi me indigné. La señora enchufó un aparatoso dvd y una escena porno de una película grabada del canal plus apareció en la tele. Dos muchachas en una terraza de alguna casa californiana que no tenía nada que ver con el lugar en el que yo me encontraba. La señora insistió en meterme mano y me ofreció un porro perfectamente liado que sacó de una cajita de madera. Escuché al fondo del pasillo el sonido de una Playstation al ponerse en marcha e imaginé que Gerard se estaba entreteniendo. Puestos en situación di tres caladas seguidas del porro, me concentré en la película y dejé a la señora que me la siguiera poniendo dura. La marihuana era tremenda y enseguida me relajó. La señora me desabrochó el pantalón, me bajó los calzoncillos y se mostró teatralmente sorprendida cuando me vio la polla. Puro marketing de puta. Cuando pensaba que Gerard me había regalado una experiencia nostálgica en añoranza de  las  pajilleras de las extintas salas de cine X, la señora se introdujo los dedos en la boca y se sacó la dentadura postiza. 
Dí un respingo pero la señora atenta a mi reproche se metió la polla hasta la garganta, sin una arcada, si un quejido. No he sentido nada igual en mi vida. Me succionó como una bomba de vacío. Noté mi polla hincharse como nunca. Creí que me iba a reventar alguno de los delicados capilares que nutrían mi rabo. La lengua de la señora se movía con una virilidad que nada tenía que ver con las arrugas de su rostro. Me pajeaba con maestría, con el ritmo perfecto, no apretaba, no era débil. Me relajé mirando el techo, buscando constelaciones entre los desconchones de la pintura. Preferí no mirar la cabeza canosa de la mujer. Notaba como relamía cada centímetro de mi polla, como se la metía hasta las entrañas. Aumentó el ritmo de su mano y sentí que me iba a correr, intenté advertirla pero ella siguió mamando ansiosa, pajeándome deliciosamente. Me corrí como hacía tiempo,  noté mi polla bombear, no sé de donde saqué tanta leche. Mi cuerpo se arqueaba acompañando mi corrida y la rumana  lamió hasta la última gota. Me dejó la polla limpia y siguió pajeándome suavemente. Acabó de engullir mi semen y sin soltarme la polla gritó "yerar!!" En breve mi amigo apareció con cara de sueño, sonriendo complacido, "te dije que ibas a flipar con la mellada" Me dio el mando de la play y añadió "cambio de turno".
Cuando bajamos del piso me notaba ingrávido, por la corrida y por el porro. No sé que contribuía más a mi estado. Nunca imaginé que una leyenda urbana tuviera tanto de realidad. Era la mejor mamada que me habían hecho en mi vida. No tuve que esperar mucho a mi amigo. Se corrió tan rápido como yo. Aquella señora sabía lo que era ser rentable en el trabajo. En el coche hablábamos sobre la habilidad de la vieja y Gerard me propuso comer algo antes de su segunda prueba.

Nunca me sentó mejor un plato combinado. Una mezcla de huevos radiactivos, bacon plastificado y patatas blandengues, mezclado con un vino infecto con posos que hacían que la botella pareciese una de esas bolas de cristal con su paisaje y su nieve en suspensión. Tomé mis dos primeras y últimas rayas del año y me senté en el Mini de mi amigo. La siguiente parada era Tordera, localidad famosa por tener una prolífica actividad puteril. Gerard me contó su siguiente juego al detalle. La propuesta de mi amigo me pareció tan pervertida que sentí envidia por un cerebro tan lúcido, tan viciosa que me moría de ganas de contárselo a Maria, tan decadente que seguramente me odiaría en algún momento de consciencia, tan divertida que no pude negarme. 

El juego era el siguiente. Yo debía escoger una puta para Gerard y el me escogería una a mí. Iríamos juntos a la habitación y follaríamos uno al lado del otro. La apuesta consistía en que pagaría el servicio quien se corriera más tarde. Las putas no pusieron muchas pegas una vez elegidas. Gerard duplicó el precio y desaparecieron los reproches. El me escogió una negra gorda, malcarada con unas tetas enormes que parecía rescatada de una profunda siesta. Yo busqué y rebusqué entre la vacía sala descartando orgulloso preciosas chicas que me miraban airadas. Al final dí con una chiquilla delgada, ojerosa, escurrida que parecía un personaje de "the walking dead". No pude evitar buscar en sus brazos marcas de pinchazos, pero aquel tugurio tenía cierto nivel, y no parecían ser admitidas yonkis. Sé de la pasión de Gerard por las tetas y mi elección carecía totalmente de esos atributos. 
Nunca he follado al lado de un amigo y la idea no me entusiasmaba, pero lo cierto es que aquello tenía más de competición deportiva que de otra cosa. Nos tumbamos en la cama y la chicas nos comieron la polla hasta que estuvimos en condiciones. Gerard me miraba la polla y se descojonaba diciendo "ahora entiendo porque Maria está contigo" Cuando estuvimos en condiciones les pedimos a las putas que se pusieran a cuatro patas, una al lado de la otra. Os juró que hicimos una cuenta atrás y nos pusimos manos a la obra. con brío. Gerard había errado en su elección; mi puta se humedeció enseguida y colaboró con sus movimientos. Estrujé sus tetazas y su enorme culo y me corrí enseguida dejándola a medio orgasmo. La pobre puta no entendía nada cuando me retiré sacándome el condón lleno de semen entre carcajadas. Gerard me miró y aceleró su ritmo, pero estaba derrotado. Me senté en un sillón y vi con sorpresa como la negra acariciaba a mi amigo y a su yonki en lo que parecía una estampa infernal de un cuadro del Bosco. Supe que había ganado la apuesta pero que me había perdido una buena fiesta. Gerard, genio y figura.
Hubiera deseado no tomar aquella última copa jamás. Se me hizo eterna. La maldita endorfina, el alcohol y el bajón de la coca se empeñaron en mostrarme lo despreciable de nuestra tarde golfa. Algo en mí me empuja hacia situaciones de este tipo, no puedo evitarlo. Con el tiempo he aprendido a controlar la sensación de vacío "post golfeo" y acaba siendo algo llevadero, aunque a veces tenga mis dudas morales. Puta herencia cristiana. Aun así, no os voy a negar que contaros mi viaje me la ha vuelto a poner dura y que cuando se lo expliqué a Maria follamos y nos corrimos como locos. Que le vamos a hacer, al final cada uno es como es.

sábado, 22 de febrero de 2014

Esto es la playa de le Cap d´Agde

No hace mucho hablaba con un seguidor del blog y trataba de explicarle que era Cap d´Agde. Le decía que recordara alguna de sus primeras pajas de juventud, alguna de las fantasías ardientes que le habían llevado a masturbarse a escondidas, bajo las sábanas. Aquella dulce sensación entre el pudor, el pecado, la culpa y el goce descarnado era lo más similar a lo que podía sentir un adulto entrando en ese reino de perversión.

Gracias a mi admirado un hombre libre, ahora en el exilio panameño (no tendrás tu algo que ver con el paro de las obras de Sacyr??? aunque no me prodigue en comentarios sabes que siempre te sigo) he visto este vídeo que puede ilustraros lo que allí se vive y se siente.

A los pudorosos: no lo veáis con vuestras parejas, a los castos: no le deis al play, a los solitarios: ampliad la pantalla y dejaos llevar, a las mujeres de buenas costumbres: esto pasa, es real, no os gustaría pasearos de incógnito entre esas parejas?

Disfrutad o indignaos. Es vuestra elección. Yo elijo la primera opción.



sábado, 25 de enero de 2014

Sonia la vendetta

"Me ha encantado ver que después de tanto tiempo aun me tienes presente" así de provocador empezaba el largo mail que recibí de Sonia, tres años después de nuestro encuentro en los baños de un conocido bar de Barcelona. De las respuestas que recibí a la anterior entrada (os agradezco los mails que me enviáis a parte de los comentarios que colgáis en el blog) la que menos esperaba era la de Sonia. Su vida ha cambiado en estos años y lo que fue un matrimonio feliz se convirtió en una dura separación. No creo que eso sorprenda a ningún lector, el 50% de los matrimonios españoles acaba en divorcio. Tras intercambiar varios mails que podrían firmar un buén par de amigos, unas fotos de sus recién operados pechos, inició el camino que ambos esperábamos. Sonia me reconoció sin ambages que quería resarcirme de nuestra última y única cita. La foto me excitó enormemente, de unas escasas tetas mi amiga había pasado a unos espectaculares pechos talla 100. Me moría de ganas de probarlos.

No fue difícil concretar una cita. Escogí un hotelito cercano al bar donde nos habíamos encontrado en nuestra primera cita. No consideramos oportuno ningún preámbulo, sólo debía indicarle el número de habitación y esperar su llegada. Los días previos a nuestra cita intercambiábamos un mail diario como mínimo. Sonia me enviaba fotos, algunas de mal gusto, que quieres que te diga, pero de todas se deducía que nuestro futuro encuentro estaría abierto a cualquier capricho que se me ocurriera. Le pedí que en la cita vistiera  medias con liguero y un buen conjunto de ropa interior, de cualquier color excepto rojo. También le dije que pasara por un sexshop y comprara una buena polla de látex, a su elección, y lubricante.

Resulta curioso que la anterior entrada hablando de mi amiga Marieta me fuera a deparar un polvo con una chica de la que más bién tenía mal recuerdo. Recibí también, al poco de publicar la entrada, el mail de una buena amiga de Euskadi de la que hacía meses no sabía nada. Como sois las mujeres...

Me puse un albornoz del hotel, lejos del glamour de las películas me iba corto y picaba, pero me pareció lo más práctico para esperar a Sonia tras la ducha. Me había tomado un par de copas en un bar cercano y me había preparado un cubata con los botellines del mueble bar. En la tele, a falta de porno gratis, una partida de snooker en el canal eurosport, terriblemente sexy. Tras esperar media hora, haber apurado hasta los botellines de Larios, me disponía a vestirme y aceptar la lección con una sonrisa en los labios. Toc, toc. Abrí la puerta. No recordaba su cara, podría ser Sonia o cualquier otra, pero era innegable que una mujer sonriente estaba en el quicio de la puerta. La hice pasar, saludó nerviosa. Parecía querer empezar una conversación, pero la cogí de la mano, la lleve hacia la cama y le hice quitarse el abrigo. Se mostró extrañada aunque su gesto no alteró mis propósitos. La hice arrodillarse, me desabroché el albornoz y le metí la polla fláccida en la boca. No empezó a chupar, más bién parecía esperar otra cosa. La ví tan receptiva que a punto estuve de complacerla con una lluvia dorada. Es una práctica que no me motiva nada, pero puestos a satisfacer a mi amiga casi me lo planteé. Un vistazo al suelo enmoquetado me hizo desdecirme. La lluvia dorada plantea siempre enormes problemas de logística.

Agarré a Sonia del pelo y la obligué a chupar. Le aparté las manos para que no me tocara, para nada fue un acto de dominación: la chica tenía las manos frías como carámbanos. Mi polla no tardó en estar dura y disfruté viendo la cara entregada de mi amante. Como le hubiera gustado a Maria verlo. Ya la tenía en el sitio que quería, no recordaba que la chupara tan bién, había progresado en estos años, seguro que no a expensas de su marido. La alcé por los hombros. Seguía empeñada en hablar y yo en lo contrario. La desnudé viendo con satisfacción las medias, el liguero, el tanga y el sujetador que sostenía sus enorme tetas. Estaba muy delgada y había mejorado notablemente en todas las facetas. Le metí una mano bajo el tanga y le acaricié el coño. Totalmente depilado y empapado. Noté un hilito pringoso y estiré delicadamente.  Gocé notando como se dilataba su coño dejando salir una gruesa bola metálica, un poco más y salió otra, a Sonia le flaquearon las piernas en lo que parecía un sútil orgasmo. Ya la tenía si el tanga, con el coño delicioso, expuesto, pero me prometí no caer en la tentación y lamérselo. 

La puse de rodillas sobre la cama, le desabroché el sujetador y, situado a su espalda, le acaricié los pezones, el coño, el culo. Saqué el vibrador recién que Sonia había comprado en una tienda cercana del embalaje. Me gustó el tamaño, le metí un par de dedos en el coño y comprobé que no hacía falta lubricante. Le metía la polla de goma hasta dentro y la estuve follando un buén rato. Sonia gemía absolutamente entregada. Le solté un buén chorro de gel lubricante en el culo y le metí con facilidad un dedo. La chica se reclinó, y la relajación de cuerpo me pidió a gritos que le metiera la polla. Me unté la polla con gel y se la metí sin esfuerzo hasta dentro, me decepcionó tan poca resistencia. Se corrió en poco tiempo, se desplomó sobre el colchón y se hizo un ovillo. La cogí por el tobillo y estiré para separarle las piernas y poder tener el coño a la vista. Sé que no es de muy amo eso de comerle el coño a la sumisa, pero yo no me puedo resistir. Se corrió en mi boca en cuanto añadí a la ecuación el vibrador en su culo.

Levantó una mano pidiendo rendición, pero me tumbé sobre ella y busqué la manera de poderle follar el coño. Pareció resistirse pero conseguí metérsela. Se acomodó enseguida y se entregó con otra corrida. Me pidió esta vez que parásemos, que no podía más. Accedí a tumbarme un instante a su lado pero en cuanto noté su brazo rodeándome el pecho supe que era el momento. Me puse de rodillas, sobre su cara y le volví a meter la polla en la boca. Ella se negó a chupármela, sonriendo y diciéndome con su gracioso acento sevillano "vicioso, un descansillo!" eso fue mano de santo. Me cogí la polla y empecé a pajearme sobre sus enormes tetas. Me excitaba mucho su enorme tamaño, la desproporción, y la seductora cicatriz de sus pezones. No tardé en correrme. Le llené de semen los pechos y la cara. Ella se lamió los labios y jugueteó con sus pechos pringosos. Parecía un gatito sobre el bol de la leche.

Me sentí cansadísimo. En otras circunstancias hubiera reposado para un nuevo asalto, pero no pude evitar recordar nuestra primera cita. Fui al baño y en breve salí duchado y vestido. Me acerqué a la cama donde Sonia desnuda zapeaba entre canales extranjeros y le dije las primeras palabras de nuestro encuentro "la habitación está pagada, toma 100€ para el taxi, ya hablaremos". Enfilé el pasillo para salir de la habitación sonriendo mientras Sonia me dedicaba toda una retahíla de insultos, descalificaciones y adjetivos que me dejaron claro que no tardaría otros tres años en volver a saber de ella.


sábado, 4 de enero de 2014

Marieta´s story

Tengo la fortuna de contar con no pocas seguidoras en el blog. He tenido la suerte o desgracia de quedar con alguna de ellas, como os expliqué en un viejo post. Aunque el morbo de conocer a una lectora siempre está presente, no es menos cierto que en ocasiones es preferible seguir en el anonimato. Quizás es miedo a decepcionar, o peor aun, miedo a quedar atrapado en las redes de una persona que conoce tu cara oculta.

Estuve muy cerca de traspasar ese umbral con Marieta. Todo me seducía de ella, sus comentarios, su blog y su huida hacia lo desconocido. Hace ya tiempo que cerró su bitácora y, aunque veo con alegría que aún se acerca a mi casa, no creo que se moleste porque explique su curiosa aparición en este mundo de perversión digital.
la foto no tiene nada que ver con el post pero... sabía que os haría entrar a leerlo.

La historia de Marieta tiene un trasfondo digno de un guión cinematográfico. No sé si da para una comedia romántica o  para un retorcido filme de suspense. Tras años de matrimonio (obsérvese que no he dicho feliz matrimonio) y de la maravillosa experiencia de la maternidad, nuestra protagonista empezó a ver que aquello no era lo que le habían contado, no era lo que veía en los edulcorados anuncios de perfumes ni en las novelas ni, lo más triste, entre sus amigas.

La insatisfacción puede ser puerta a la exploración de otras realidades, otras opciones. Marieta conoció a un hombre que parecía satisfacer sus anhelos. Por desgracia un hombre casado, como ella. La mujer de este apuesto caballero cultivaba un aire de suficiencia y altivez intelectual repelente. La muy ilustrada esposa tenía un blog cultureta de esos que tanto abundan y que tan poco aportan. Nuestra protagonista, dispuesta a descubrir las flaquezas de su rival, decide sumergirse en la red y crearse un alter ego golfo con el que poder rondar a su presa con total discreción.

Su blog empieza siendo un lugar de desahogo donde explicar la agonía de su matrimonio y la poca ilusión por tratar de reflotar su relación. Poco a poco, supongo que ayudada por los comprensivos comentarios de sus lectores, decide lanzarse al vacío. En poco tiempo empieza a narrar su escarceos amorosos con su príncipe azul. Poco a poco nuestra aburrida mujer casada va transformándose en una vampiresa del sexo. Recuerdo con goce un post en el que hablaba de las maravillas lubricantes de la crema Nivea. Del propósito inicial de su blog, ni rastro. Ya tiene a su amante y la petulancia intelectual de su rival deja de importarle, para qué va a preocuparle: tiene lo que quería y lo goza. 

Entre la Marieta decidida a romper por la vía del sexo con su monotonía y la Marieta que se relaja abrazada con su amante después de un buen polvo media un abismo. Está claro que su matrimonio está en el corredor de la muerte pero la duda la acosa: ¿quiero ser la nueva esposa de este amante infiel o la loba que se deja follar el culo en una noche de vicio?

El peaje de entrar en este mundo de desaprensivos y golfos es que te puede arrastrar hacia el lado oscuro. Marieta lee otros blogs, se calienta con las aventuras de sus semejantes pervertidos y piensa en porqué no va a ser ella uno de esos seres libres que derraman sexo a cada paso que dan. Ahí aparezco yo. A través de comentarios y algunos mails privados nace la curiosidad y un insano desvelo por erradicarla. Intercambiamos algunas fotos y para mi sorpresa resulta ser un pedazo de mujer. Comparto mi nueva amiga virtual con Maria y le gusta tanto como a mi. Maria me incita, me pregunta si hemos quedado, si lo vamos a hacer y me suplica que haga lo posible por participar de la emancipación de mi amiga. Se excita con la idea de compartir el coño de Marieta.
la imagen sigue sin tener nada que ver con el post, pero me parecía tan sugerente...

Con el paso del tiempo Marieta deja definitivamente a su marido. Su maniobra da resultado y junto a su amante dan comienzo a una nueva relación. Dejan cada uno a sus congéneres y se lanzan a una vida en común. Marieta cierra el blog y le explica a su nueva pareja su incursión en el mundo sucio de internet. Su nuevo compañero parece no encajarlo con mucha satisfacción. Aún así, consciente que gracias a eso están juntos, lo acepta y aparca ese episodio en el cajón del pasado. Por desgracia Marieta no se desprende de todos sus recuerdos. En un pendrive  aparecen unas imágenes de la polla de un hombre. Aparentemente se ha corrido sobre unas fotos de Marieta. Aquello es demasiado, se plantea un cisma y mi amiga es obligada a borrar sus recuerdos del soporte informático... pero no de su mente.

Marieta ha estado presente en muchos de mis orgasmos y su nombre en la susurrante voz de Maria ha hecho que me corra en muchas ocasiones. Cada vez le encuentro más placer a la renuncia y a la libertad de construir lo que pudo ser. Siempre le he deseado a mi amiga lo mejor en todas las facetas de su vida, pero en el aspecto sexual le deseo que vuelva a ser la golfa de la caja de Nivea, la zorra que gozaba durante horas de la polla de su amante, del sabor del semen y la golfa que se corría soñando con la polla de su amante virtual.

domingo, 10 de noviembre de 2013

100 días

Creo que así se llamaba un programa que hacían hace tiempo en Cuatro, donde la reportera se sometía durante el periodo de tiempo que titulaba al programa a una serie de experiencias poco habituales. Entre ellas fumar porros, entrar en el ambiente sado y alguna que otra aventura vivida en primera persona en lo que se ha venido a llamar periodismo gonzo. También cien días es el periodo de gracias que se le suele dar a alguien que afronta un cargo por primera vez: leáse político, ejecutivo o entrenador de fútbol. También debe ser el periodo de gestación de algún mamífero extraño de las antípodas, pero como os imagináis nada de eso os quiero contar. Quizás a modo de reflexión volveré más tarde sobre el canal Cuatro, pero no adelantemos acontecimientos.


Cien días hace que no escribo un triste línea en el blog. Los pocos seguidores del blog que aun me quedan no se sorprenden de lo dilatado del tiempo entre mis entradas (me encanta el verbo dilatar) pero como he dicho más de una vez, esto no es ni un periódico ni una revista semanal. He visto con curiosidad como algunos de los blogs que me tenían como referencia entre sus favoritos me han eliminado ante mis largas ausencias. Otros en cambio me mantienen entre sus favoritos como mi adorada Koshka (aunque no deje comentarios me sigo acercando a tu armario, enhorabuena por tu novela... sabes que hace un tiempo follamos en Training con una pareja y creímos  que erais vosotros?) y mi socio Skorphio (tantos años y aún no he aprendido a escribir tu nombre) Como os podéis imaginar no he estado estos días encerrado en una celda de un monasterio franciscano (cosa que no descarto probar algún día)

Durante estos días he visto el inicio y fin de algunas de las mejores series de  televisión de la historia, mis escritores favoritos han publicado novedades, he visto como el país ha dejado la recesión y todos estamos forrados y he sentido envidia de no ser gitano. A eso me refería al principio de la entrada. Me da que entre los directivos de Cuatro debe haber algún gitano. Me parece genial conocer otras culturas pero no puedo entender que se sea altavoz de conductas retrogradas, machistas y degradantes para la mujer desde un canal de televisión. Espero con ansía programas similares sobre los islámicos radicales y como pegan a sus mujeres o sobre algunos colectivos africanos que viven en nuestro país que consideran tradición respetable la ablación del clítoris de sus niñitas.


En cuanto a mí no he bajado de la noria de mis perversiones en estos días. He seguido golfo, putero, pornófilo i vicioso.  María se ha echado una novia. No una novia virtual de estas que muestran las webcamers para ganar más audiencia. No, una pedazo de lesbiana ante la que no me atrevo a alzar la voz. Se conocieron en el gimnasio y empezaron a follar como una prolongación más del ejercicio físico. Lamentablemente ni he visto ni catado nada de su relación. La chica de Maria no me puede ni ver. Se indigna si paso por delante cuando están tomando un café juntas y me mira deseádome la peor de las torturas chinas. No os creáis que se hacen mimitos como quinceañeras enamoradas, lo suyo es vicio. Lo llevo como puedo aunque debo reconocer que me indignó ver que Maria había comprado por internet un arnés de esos con un tremendo pollón de goma para sus juegos. Me ofrecí a participar aceptando  cualquier condición que me impusieran: usar máscara, depilarme, no salpicar, cerrar la boca  y ser un puto sumiso, pero nada, ni por esas.

Yo como os podéis imaginar también he seguido con mis aventuras del sexo pagado. Soy tan civilizado que pago por todo lo que uso. Aunque ya he agotado toda la paleta de colores posibles sigo cayendo de vez en cuando por algún antro para sentir que no soy sólo una sombra de Maria. Juntos hemos vuelto a ir a algunos clubs swinger de Barcelona y Madrid pero después de pasar por le Cap cuesta ponerse en situación. Así que cuando Maria no está con su chica, también se apunta a mi peregrinación al sexo de pago en ese paraíso para las almas pervertidas que es el Felina de Barcelona.

También como cada año asistimos a nuestra cita con el salón erótico de Barcelona. Como novedad este año nos quedamos a dormir en el mismo hotel que utilizan los actores y actrices del evento. Maria se vistió de manera que tuve que convencer a más de uno de que ella no iba a subir al escenario. Para muchos se trata de un espectáculo lamentable, decadente y sólo apto para pajilleros. Para otros se trata de una tradición divertida en la que ver como las glamourosas actrices que poblaban nuestras fantasías de adolescentes van dejando lugar a ex concursantes de gran hermano o cualquier otro reality que quieren rentabilizar su efímera fama a golpe de cadera. Un divertido entretenimiento en el que es cada vez más común la presencia de chicas más golfas fuera de las tablas que sobre ellas. Me ponen más calientes las otras Marias que rondan de stand en stand de la mano de sus chicos que muchas de las esforzadas actrices que se dejan la piel bajo los focos. Íbamos con la idea de follar con alguna parejita adicta al porno como nosotros o de apuntarnos a alguna de las célebres fiestas after show. No hubo manera. Con deciros que a últimas horas, bajo los efectos de la marihuana y el alcohol, Maria se ofrecío a chuparle la polla a un muchacho en el baño y el chaval salió por piernas...


Tonteámos camino del hotel con un grupo de chicos y chicas del stand de actrices del porno y llegamos a hacernos ilusiones golfas.  Pero al llegar al hotel algunos se fueron con sus respectivas parejas a la cama, sin dar pie a la posibilidad de otras presencias, otras chicas se fueron directamente a la cama quejándose del terrible dolor de pies que tenían, y el resto sólo apuraron sus bebidas en el bar del hotel y siguieron el camino hacia la habitación. Recuerdo el bajón que me dio oír a una de las chicas "me voy que mañana tengo que llevar al niño al fútbol a las siete" y yo que creía que las actrices porno eran muñecas a las que se daba cuerda y no tenían sentimientos. Sólo quedaron dos tíos de los que se encargaban de la seguridad del stand mirando a Maria con ojos depravados. Miré a Maria dándole mi conformidad para seguir la noche con nuestros ansiosos amigos, caliente imaginando el fin de fiesta que podía tener mi chica. Pero ella, quizás añorando a su "novia" (os habéis dado cuenta que no la he nombrado? estaré celosín?) me cogió de la mano y me llevó a la habitación a follar como una pareja de las tantas que habían pululado como zombies por el recinto ferial.

Prometo que en los próximos 90 días no haré el golfo, no pagare por sexo, ni pondré a mi mujer en venta en ninguna web de cukolds, prometo ser bueno, aunque sí alguien me tienta... 

Joder la mierda de programa se llamaba 29 días de Samanta Villar... Para mi que folló con Marco Banderas y Eric Morillo.

sábado, 27 de julio de 2013

Regreso a le Cap d´Agde

Como habéis visto los que seguís el blog, mis últimas entradas han estado más en la sombra que en la luz, más en la reflexión que en la carne, más en la letra que en la piel, más espeso, insoportable y soso que nunca. Tengo por costumbre no borrar nunca una entrada una vez que la he publicado pero he de reconocer que a veces he estado tentado de hacerlo. He escrito varias entradas que nunca verán la luz y por ese mismo motivo considero que si he publicado algún post debe permanecer ahí, si en su momento lo publiqué algo me debió empujar a hacerlo.

Una de mis principales lectoras es Maria. Nunca le dejo leer nada antes de colgarlo en el blog. Disfruto como un animal cuando cenamos y ella lee lo que he escrito o le muestro las fotos que he colgado. A raíz de mis últimos posts Maria no se ha sentido muy cómoda. No está con un hombre que la ha conquistado por su convencionalidad ni por su moral, así que decidió tomar cartas en el asunto.


El fin de semana pasado me regaló una estancia inolvidable en le Cap d´Agde. Supongo que la mayoría de lectores sabéis lo que es el Cap. Para los que no lo sepáis os sugiero que abráis una pestaña nueva y tecleéis en google esas palabras mágicas o vayáis a la mejor página en español para conocer el lugar. Las fotos de este post son de su página, no está demasiado bien visto corretear por el lugar móvil en mano. Si cualquier niño sueña con corretear por disneyland con las orejitas de mikey, cualquier golfo, swinger o liberal que se precie desea callejear por el cap sin orejitas, ni pantalón, ni ropa interior, desnudo como vino al mundo. El pueblo es feo de cojones y las instalaciones hoteleras están lejos del confort que uno desea, pero no hay nada en el mundo que se le parezca. Si alguna vez habéis ido a una playa nudista con vuestra pareja, y sois medianamente normales, seguro que os han entrado ganas de follar con vuestra chica bajo el sol verdad? pues eso es el Cap. Poder hacerlo. Libertad, goce, exhibicionismo, voyeurismo... la exaltación del espíritu liberal. 

Hacía años que no íbamos y Maria me hizo conducir hacia el norte sin darme más pistas. A la altura de Figueres tuve dudas sobre si quería ir a alguno de los puticlubs del norte de Gerona donde admiten parejas, pero pasados unos kilómetros no me quedó ninguna duda. Desde nuestra casa en Girona no hay más de dos horas hasta las puertas del pueblo. Debo aclarar que Agde es un pueblo turístico para todos los públicos y que su secreto se encuentra en un "quartier" a parte. Teníamos reservado un apartamento para el fin de semana en Le jardin de l´Eden. Sé que no le ha costado barato y que ha tenido que tirar de contactos para poder alquilarlo. Una vez pasas la barrera de entrada de le Cap todo se vuelve onírico. No debe haber mejor Viagra en el mundo que cruzar esa frontera. Nos instalamos rápido y en pocos minutos estábamos camino a la playa, desnudos, deseando ver y ser vistos. En el cap hay varias zonas de playa, alguna podría pasar por una playa nudista normal de Francia. Puntualizo, en Francia ser nudista es normal y por eso en sus playas se ven escenas de lo más cotidiano, en España el nudismo no acaba de ser algo tan asumido y abunda la fauna de mirones, textiles y gente de lo más confundida.

No voy a ocultar mis perversiones y debo confesar que desde la primera vez que fui al Cap me perturbó ver camino de la playa chicas de catorce o quince años desnudas, con sus padres. Tuve que contenerme para no empalmarme.  Como os digo la playa de le Cap se divide en varias zonas, una de ellas especialmente dedicada a todos vosotros y vosotras: los golfos. Cuesta permanecer en esa playa y no excitarse. Hay cuerpos de todas las edades y para todos los gustos, brillan los piercings y los plugs anales, los cuerpos depilados untados de aceite, las caricias, las pollas duras y los coños depilados. Nadie se corta, si miras a una mujer ella gentilmente separa las piernas para que le veas bien el coño, muchos no aguantan y se enredan en escenas de todo tipo. La gente hace corro alrededor de los espontáneos y admira como las parejas se entregan a su vicio. Ir al agua es un slalom donde se sortean miradas, cuerpos y propuestas al vicio. Para un marido orgulloso de su mujer no hay nada más gratificante que verla acercarse al agua mientras los hombres se la comen con la mirada y le muestran la polla ofreciéndose para la noche.

Desde mi primera hora en el Cap decidí mantener un nivel de alcohol en sangre que no me hiciera recordar al espeso blogger de hace unas semanas. De vuelta al apartamento vimos a la pareja vecina, un matrimonio de unos sesenta años aún de muy buen ver, que tendían la toalla en el balcón. Nos saludaron amables sin mirarnos a la cara, no hace falta que indique donde se dirigían sus ojos.

La noche en el Cap es el paraíso. Para muchos decadente, para todos impactante. Cientos de mujeres vestidas con los modelos más inimaginables cogidas de la mano de sus maridos, vestidos sin tanta estridencia, que las guían entre las miradas de los curiosos. Maria había provisto bien su maleta de modelitos y llevaba un top transparente que mostraba sus pechos y una falda ultracorta que dejaba ver el tanga también transparente. Todo de color negro, el color oficial de la noche golfa. Cenamos como de costumbre en el Cap, ni mal ni bien, más pendientes del entorno que del plato. Y entramos en le Glamour. Sigue haciendo honor a su nombre y lo que se ve allí no se encuentra ni haciendo la más selecta selección de personal de los clubes de Madrid y Barcelona en una buena noche de sábado. No penséis que en los clubs de le Cap se folla más que en los de España, para nada, pero se disfruta más, la excitación y el morbo es mucho mayor y el goce visual no admite comparación. No me voy a extender sobre nuestras hazañas de esa noche. Vi a Maria chupar cuatro o cinco pollas, yo pude lamer un delicioso coño de una cincuentona con cuerpo de niña, y disfruté viendo a Maria follar con dos hombre mientras la mujer de uno de ellos me comía la polla lentamente y me hablaba entre susurros sin yo entender una palabra de lo que me decía. La escena era vista por varias parejas que se tocaba y comentaban. Los chicos se esforzaban como pornostars para que el coño lleno de polla de Maria quedara bien visible a los espectadores. Nos retiramos tarde, tan cansados que no tuve fuerzas para follar con mi chica.

El día siguiente fue un clon del primero. Gozamos en la playa, nos mostramos, nos calentamos y volvimos a saludar a nuestros vecinos. Esa tarde no pude aguantarme y follé con Maria en la terraza mientras nuestros vecinos jugaban al parchís.

Volvimos a le Glamour esa noche y disfruté de dos maravillosas mujeres, una de ellas española que me confundió con un italiano. No hice nada por sacarla de su error cuando me insinuó que su marido quería comerme la polla. Un par de veces perdí a Maria y la encontré curioseando por la planta baja. Había un chico negro y parecía que había cola ante su pollón. Maria aguardó su turno y a cuatro patas gozó de las embestidas del negro ante la expectación de la audiencia. Se corrió rápido y dejó su sitio a otra mujer que chillaba escandalosamente como una gata a la que le pisan la cola con cada embestida. Debió de hacerle gracia al negro los gemidos de la moza y decidió darle el premio que anhelaban las chicas a las que ya había despachado y le regó la cara de leche espesa y abundante, ante un ohhh de admiración de la concurrencia. Juro que Maria estuvo a punto de tirarse sobre la cara de la chica para llevarse su parte.

De vuelta al apartamento nos tomamos en la terraza la última copa. Los vecinos no habían vuelto aún y no molestábamos a nadie. Maria descansando y yo con la idea que me revoloteaba la cabeza desde la primera noche, pasamos un buén rato. Relajados por la brisa y el efecto del alcohol pasó el tiempo hasta que por fin oí movimiento en el apartamento de al lado. Apuré la copa y resuelto cogí a Maria de la mano y salimos al rellano. Toqué suave con los nudillos la puerta del vecino ante la mirada incrédula de mi chica. La puerta se abrió ligeramente. He de recordaros que debían ser las cinco de la mañana, y era lógica la cautela del buén hombre. Al reconocernos el vecino apareció ante nosotros con un pareo y cara de sorpresa. No pareció molestarse. Puse de la mano a Maria ante él y le subí la falda mostrándole el coño al sesentón. Maria estaba empapada y olía a sexo. El señor llamó a su mujer y esta, primero extrañada, sonrió curiosa. No sabía cual iba a ser su reacción y hubo unos segundos de duda, pero el hombre se acercó a Maria y le acarició el coño. La señora se acercó a mí pero yo renuncié y les indiqué con gestos que Maria era para ellos. Mi chica no dudó, ella me había llevado allí para recuperarme para la causa y ahora no me podía fallar. Cerré la puerta y los dejé a solas. Me fui al balcón y actué como un voyeur enfermo, miraba, oía y intentaba vencer la tentación de masturbarme. Me sorprendió que mi polla diera señales de vida a esas alturas y estuve tentado de volver a la puerta de mis vecinos para que me dejaran unirme pero me contuve. Pasó más de una hora y seguía habiendo movimiento al otro lado del tabique. Maria volvió dos horas después de habérsela entregado a los vecinos. Vi en su pecho el resto solido del semen y aunque se dirigió como un misil hacia la cama, le di la vuelta y me pajeé hasta correrme en su cara, en sus tetas, sobre el semen del vecino. Maria sonrió y tras besarme nos quedamos dormidos. Alguien duda de que esto no es amor?

sábado, 15 de junio de 2013

Shame

A veces arrastrar los dedos sobre el teclado se convierte en la mejor inspiración. Como el pianista hace escalas comprobando que las cuerdas estén afinadas, las letras van manchando la blancura de la pantalla con su sombra. Así visto puede parecer que sólo la melancolía puede inspirar, que se lo pregunten a los miles de Emos y góticos que garabatean grandilocuentes poemas en su libretas de apuntes. Desde hace siglos la tragedia y el drama han inspirado la mejores creaciones literarias, aunque por aquí no nos dedicamos a eso. A pesar de que una lectura somera de mis posts pueda indicarlo, intento siempre ser aliado de la ironía, ya sabéis, según dicen, el sentido del humor de la gente inteligente. Para los que se pierdan en este símil, lo que sería Morancos a Faemino y Cansado o musicalmente lo que sería Bustamente a Quique Gonzalez, por poner dos ejemplos del suelo patrio.

Hace tiempo hice un post sobre el aspecto sórdido y decadente que tenían la mayoría de clubs de intercambio que había visitado, de la caspa que abundaba en su decoración y en general, de la estética de porno chabacano de muchas parejas amateurs. Hubo comentarios encendidos y, ante la duda de si me había explicado mal o si no me habían entendido, me quedé con lo segundo. No por egocentrismo, sino porque no había muchas interpretaciones posibles a lo que dije. No juzgo, sólo opino y suelo ser claro. Volviendo a aquella polémica, una simple cuestión os hará estar en este o en el otro bando: chicas, os gusta que vuestro amante se deje los calcetines mientras os lo folláis?

Entre las respuestas a aquel post, recibí un mail de un lector  indignado que me acusaba de hipócrita. Os reproduzco un fragmento "no sé como puedes ser tan borde y hipócrita, pones a caldo a la gente y luego no he visto tío más pervertido y vicioso que tú, yo nunca llevaría a mi mujer a un cine a que la sobaran, háztelo mirar" Sinceramente, me parece más un halago que una crítica. No voy a negar que bajo ciertas sustancias tengo una peligrosa tendencia a la decadencia y el vicio más decrépito. Hasta la fecha Maria me ha acompañado en muchos de mis viajes, de los que he contado algunos y de los que me reservo otros tantos. 

En el anterior post hablaba sobre la adicción al sexo. Tengo la sensación de que mucha gente considera esa adicción como algo cool, guay, molón. Recomiendo a todos los que aún estéis en esa falsa sensación que veáis Shame. Si entendéis al protagonista, su tortura interior, su desconsuelo, estaréis más cerca del precipicio. Seguramente muchos os identificaréis con algunos de los pasajes del metraje. Sólo os daréis cuenta de si vais por el mal camino cuando sintáis nauseas recordando algo de lo que hayáis hecho. Quizás esa sea la clave, el castigo tras al el goce, como la resaca después de una fiesta de pueblo. Si no tenéis esa sensación, perfecto, estáis a salvo, de momento.
Lamento que los últimos post tengan este tono, pero como decía Marisa Paredes en la "flor de mi secreto" a la pregunta de porqué no escribía más novela rosa "lo intento, de veras, pero es que cada página me sale más negra que la anterior"

No penséis que me voy a volver un alma pura, en mis trances eróticos sigo buscando experiencias de las que luego me lamento. No hace mucho, antes de que los Mossos retiraran a las putas de la carretera, disfrute de una deliciosa mamada de una puta desdentada. Os juro que después de correrme tuve que contener una arcada. La puta, una señora en sus buenos sesenta años, escupió el semen por la ventana del coche y, aun con restos entre los labios, se colocó la dentadura que había guardado en una caja de plástico azul. Una mamada espectacular y barata, pero no apta para todos los públicos.
Comprendeis que me plantee si no se me está yendo la olla? Suelo escribir y colgar los post el sábado por la mañana, de aquí a unas horas renegaré de mis dudas y estaré buscando el vicio de la mano de mi cómplice, a sabiendas de que mañana me plantearé muchas cosas.

O dejo el sexo o dejo el alcohol. 

sábado, 8 de junio de 2013

Adicción

Advertencia: este post contiene muy poco sexo, vamos casi nada de sexo.

Creo que los últimos post que he publicado han empezado con una excusa sobre mi ausencia o mi vagancia. Me la voy a ahorrar en este, pero tendría cabida perfectamente. Siempre digo que no puedo explicar mis experiencias golfas cada semana porque por desgracia o por fortuna tienen una periodicidad superior, sobre eso trata este post.

He visto con tristeza como mi socio Skhorpio ha dado por cerrado su blog. Siempre me ha caído muy bién el autor de confesiones privadas. Aunque nuestros blogs sean radicalmente diferentes compartimos la misma fuente de inspiración, nuestras compañeras. De Skhorpio siempre me ha fascinado su actividad frenética en este mundillo. Conste en acta que esto no es una crítica hacia mi ciberamigo, ni mucho menos. Tan sólo me sirve su figura para situar mi comentario. Actualmente otro amigo, malagueño morboso, me tiene también fascinado con su prolífica actividad. Hace unos años yo mismo empezaba mi día cibernético repasando mecánicamente mi listado de páginas guarras, una tras otra, pasando de webs de parejas liberales, a travestis, de páginas de contactos a orientales, recorriendo todo un ramillete de perversiones que me llevaba mi buén par de horas colocándome bién la polla erecta dentro del pantalón.

Hace poco he vuelto a visitar mi twitter para ver como iba por el mundo de los 140 carácteres y sabéis que? tengo la misma sensación de saturación y agobio. Cada vez me planteo con más frecuencia que hay de obsesión y adicción en mi comportamiento y en el de muchos de mis amigos. Lamentablemente mucha de la gente que aparece en twitter con contenido erótico lo hace con un trasfondo económico: trabajan en shows de webcam, o tienen algún otro tipo de página que les genera algún dinerito. Este tipo de twitteros juegan en otra división. En cambio hay muchos otros sin interés pecuniario que continuamente envían fotos, retwitean y comentan. No cuesta mucho deducir que invierten muchas horas en este mundillo y, dado que nuestro tiempo es finito, la pregunta es clara ¿demasiadas? ¿en que momento comienza la adicción? Os puede parecer raro que haga esta reflexión, algunos podéis pensar: este pervertido se ha pasado al bando de los puros? para nada, pero me gusta reflexionar sobre lo que veo. Hace tiempo leí un test del especialista en adicción sexual Patrick Carnes para saber en que punto se puede hablar de adicción al sexo. La mecánica es sencilla, si respondéis con un "si" a 10 o más de las preguntas siguientes podéis empezar a plantearos ver más documentales de la2 y menos porno. Por cierto, yo saqué un 16.

1.¿Sufrió abusos de niño o adolescente?


2.¿Se suscribió o compró regularmente revistas sexualmente explícitas como 'Playboy' o 'Penthouse'?


3.¿Siente que su comportamiento sexual no es normal?

4.¿Se siente a menudo preocupado por sus pensamientos sexuales?

5.¿Tuvieron sus padres problemas con su propio comportamiento sexual?

6.¿Alguna vez su esposo/a, parejas u otras personas íntimas se preocuparon o se quejaron por su comportamiento sexual?

7.¿Tiene problemas para detener su comportamiento sexual cuando considera que es inapropiado?

8.¿Alguna vez se siente mal por su comportamiento sexual?

9.¿Alguna vez su comportamiento sexual le ha creado problemas a usted. o su familia?

10.¿Alguna vez buscó ayuda por comportamientos sexuales que no le gustaron?

11.¿Alguna vez le preocupó que alguien pudiese descubrir su comportamiento sexual?

12.¿Hirió emocionalmente a alguien a causa de su comportamiento sexual?

13.¿Están algunas de sus actividades sexuales en contra de la ley?

14.¿Se ha hecho promesas a usted mismo de abandonar algún aspecto de su comportamiento sexual?

15.¿Hizo esfuerzos por eliminar algún tipo de actividad sexual y fracasó?

16.¿Esconde algo de su comportamiento sexual a otros?

17.¿Intentó detener algún comportamiento sexual?

18.¿Alguna vez se sintió degradado por su comportamiento sexual?

19.¿Ha sido el sexo un escape de sus problemas?

20.¿Se siente deprimido después de tener relaciones sexuales?

21.¿Ha sentido la necesidad de discontinuar una cierta forma de actividad sexual?

22.¿Ha interferido su actividad sexual con su vida familiar?

23.¿Ha tenido encuentros sexuales con menores?

24.¿Se siente controlado por su deseo sexual?

25.¿Pensó alguna vez que su deseo sexual es más fuerte que usted mismo?


Los que seguís el blog sabéis que paso largos periodos de letargo, en los que no escribo ni una triste línea. En esos momentos tampoco ocurre nada excepcional en mi vida sexual como para contároslo. No me motiva explicaros la última puta que me follé: sólo un orgasmo más, unos decilitros de semen menos y bastantes euros menos en mi cuenta. Tan sólo eso. No entiendo a la gente para la que el sexo siempre es mágico, excepcional y digno de recordarse ¿No os estáis engañando?

Mi cerebro tiene dos compartimentos dedicados al sexo, como un contenedor de reciclaje: el sexo ordinario, podríamos llamarle, y el vicio. El sexo ordinario evidentemente es placentero y grato, pero no merece que le dedique muchas horas de mi día a día. El departamento del vicio se va llenando poco a poco, con los escasos estímulos que aún alteran mi líbido. Cuando está repleto lo vacío haciendo alguna golfería, yéndome con alguna fulana, llevando a Maria a algún club para ver como chupa un par de pollas o buscando alguna negra a la que comer el coño a medias. Eso sólo pasa de vez en cuando y, son unos momentos tan potentes y turbadores, que me alegro de que se espacien en el tiempo. Sinceramente, no podría sostener ese comportamiento a diario. Los que estáis cada día en tiwtter poniendo fotos de vuestro coño o vuestra polla, colgando mensajes golfos ¿realmente tenéis ese furor a diario o hay algo impostado y postizo para sentiros parte del grupo?

Por cierto acabo de ver un video de Niki Minaj y voy a hacerme una paja, si guarra te voy a llenar la carita de lefa... no acabo de curarme de mi adicción.

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