sábado, 19 de noviembre de 2011

Playing leds

Hay que ver el juego que da un buen hotel y un equipo de leds...







sábado, 5 de noviembre de 2011

El agridulce reencuentro

Fue poner la llave en el contacto, retorcerla y escuchar el motor ronronear. El mecánico ha hecho un buen trabajo. Todo funciona bien, pero no es como antes. Por suerte la factura no ha subido tanto como esperaba.

Tardo tanto entre entrada y entrada que siempre creo que debo dar explicaciones. La verdad es que desde el último post muchas cosas han cambiado. Después del verano mi principal fuente de ingresos me dijo que de momento prescindirían de mis servicios. No es exactamente un despido ya que no tenía contrato, pero de hecho ya no recibo una transferencia al mes por mi trabajo. Digamos que estoy en paro. Por suerte durante los años buenos no hice el loco y puedo pasarme los días viendo series y leyendo en mi sofá sin impacientarme.

María sigue colaborando con la empresa que la contrató hace unos meses y una buena cantidad de dinero entra en casa gracias a eso. María me anima a que escriba y me descuide por un tiempo de buscar trabajo, pero se me hace difícil guardar mis trajes y corbatas.

Hasta aquí creo que sólo algunos os sentiréis interesados. Quizás muchos otros esperáis que os explique como fue el reencuentro con María. Ya os adelanto que ahora la comparto con su amante. Él sabe que yo estoy al corriente e incluso le propuso a María que folláramos los tres, pero ella prefiere no mezclarnos. Es su juego y nosotros debemos respetar las normas.
Nuestro reencuentro fue en Ibiza. Pocos sitios mejores para gozar de buenas playas, copas y noches. A los que penséis en la Ibiza de los programas playeros de Cuatro ya os advierto que os equivocais de isla. Hay otra Isla Blanca diferente. María volvía de Madrid y nos pareció genial reencontrarnos en el hotel. Nuestra primera vez tras la separación fue visceral, animal. Follamos y nos besamos. Apenas la toqué como si quisiera concentrar todas mis energías en la polla. Nos corrimos jodiendo la siesta de los vecinos y empezamos nuestra semana romántica. Hubo paseos al atardecer, puestas de sol y mil caricias.

Pasábamos el dia en la playa de es Cavallet, en la zona nudista, salpicando nuestro convencional romanticismo con cuerpos morenos de alemanes y nórdicos. Parece que el nudismo está de baja entre los latinos y los jóvenes. Por mucho que nos esforzáramos en ser un parejita enamorada al uso, no podíamos renunciar a nuestros juegos. María separaba las piernas, como de costumbre, ante las miradas de nuestros vecinos y yo no perdía detalle de las intenciones de sus admiradores. Aunque no lo habíamos hablado aun, los dos nos moríamos por follar con alguna de aquellas parejitas  en su mayoría pasados de los cuarenta y deliciosamente depilados.

La farsa duró tres días. Al cuarto, mientras cenábamos en un restaurante del puerto, le pregunté directamente por su amigo. María me miró fijamente, con una sonrisa segura que me cohibió. No tuvo reparos en contarme lo bien que follaba con él. Que le daba un morbo terrible ser amante y esconder su aventura ante los compañeros. El chico estaba casado. Saber que María también tenía pareja le hacía sentir menos culpable y mucho más caliente. Supongo que a todos nos llena de vanidad follarnos a la pareja de otro. Ya sé que muchos os sentiréis indignados y pensaréis que debía hacerme valer, enfadarme, pero María me conoce demasiado. Pasando de mis miradas y gestos reprobatorios, me cogió la polla: Ella no engañaba, estaba durisima, deseosa de correrse. La sinceridad de mi polla la animó a asegurarme que no pensaba dejarle. Le gustaba como follaba y su polla, y por suerte, no sentía absolutamente nada por él. Habían ido incluso a algún club de intercambio, así que no era cornudo por una sola vía.  

Durante los meses que María estuvo trabajando fuera yo no me quede en casa fustigándome. Al principio si, pero tras masturbarme con toda la pornografía posible, decidí tocar carne. Ya sabéis de mis salidas con mis amigos. Fui de putas sólo y acompañado, por la tarde y por la noche, e incluso follé con una mujer mayor que yo si pagar. Eso si, no repetí nunca compañera. Una extraña percepción de la fidelidad la mía, verdad?

Aquella noche alargamos la velada todo lo que pudimos. Bebimos, fumamos y buscamos compañía sin suerte hasta que el cuerpo dijo basta. María se desnudó y se exhibió delante mio de una manera nueva. Se sentía fuerte, deseable y dominante. Le comí el coño con ansia, me empujaba la cabeza con fuerza y tuve que evitar el deseo caníbal. Me susurraba al oído como la follaba su amigo, como le chupaba la polla en el baño de cualquier restaurante mientras cenaban con los compañeros. Aguanté hasta que María me suplicó que me corriera, quería derrotarla, darme una dulce venganza, así que cuando me corrí ella llevaba bastante rato en fase REM.

Me vestí y miré por la ventana. Aun era de noche. Cogí la cartera y bajé a recepción. No me costó encontrar un club cercano. Las chicas estaban somnolientas, así que no perdí el tiempo. Descarté las rusas y rumanas, de preciosos cuerpos, y me fijé en una mulata de caderas anchas, tetas enormes y caídas. Seguramente era la que menos había trabajado en la noche. No discutí el precio. Desnuda era aún más desagradable que vestida, pero saboreé su coño con pasión. Ella gozaba y juraría que se corrió enseguida. Me pareció adivinar cierta mirada romántica, quizás la falta de costumbre. No sé si muchos clientes le habían comido el coño en aquel local. Sin desentornar los ojos me empezó a chupar la polla, creo que pensaba en su marido. No mamaba mal, pero nadie me la ha comido como María. La follé a cuatro patas, incluso me planteé metérsela por el culo, pero la vista de sus posaderas me disuadió. No se cuanto tiempo estuve embistiéndola. No me contuve, cada vez más fuerte, apretando sus enormes tetas y buscando con mis dedos su clítoris. Me sentí un cabrón y noté el alivio de la chica cuando le di la vuelta y me quité el condón. Me corrí en su pubis. No me había fijado en la barriga que tenía y en el vello rizado que me hizo pensar que estaba follando con la protagonista de alguna película porno de los setenta. Me vestí y dejé a la puta en su ensoñación romántica.

Al salir el jefe del lugar estaba colocando las sillas sobre las mesas y solo quedaba una chica en el local. Seguramente la puta que esa noche debía pagar su cuota por trabajar allí. Regresé al hotel y María parecía no haberme echado en falta. La marihuana siempre le hace el mismo efecto.

No le dije nada de mi salida de aquella noche. Seguimos hablando de nuestra nueva relación abierta y me propuso que yo buscara alguien para mis juegos. No hubiera querido escuchar aquello. No sé donde nos va a llevar esto. Se que el amante de María no tiene el menor interés en que su relación vaya más allá. Para él María es el barquero que la lleva a la otra acera, al infierno. No necesita fingir, goza con ella y se siente realizado haciendo cosas que no se atrevería a pedir a su esposa. No he visto ninguna foto de el, prefiero no hacerlo. Si he visto como es su polla y como María se la chupa. No os voy a negar que me excitó verlo y tampoco os negaré que siento algo parecido al desasosiego.

Quizás ahora entendais mi demora en escribir. Ya lo veis, sin trabajo, cornudo, angustiado, más pervertido que nunca, pero terriblemente enamorado de María. Alguien lo entiende?

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