sábado, 16 de octubre de 2010
sábado, 2 de octubre de 2010
Antisistema
- Sr. Huertas, el sr. Roque XXX quiere verse contigo el miércoles.
- El dia de la huelga?
- Tienes algún problema?
Claro que no tenía ningún problema. Soy free-lance. Si no trabajo no cobro, además el señor Roque es uno de los mejores clientes que tengo. Vive apartado de la ciudad en una enorme finca oculta tras una verja dorada, pero una vez al mes baja a Barcelona para repasar cuentas y que le ponga al día de sus inversiones. La verdad es que me cae muy bien. Aún recuerdo la primera vez que me cité con el. Podéis imaginaros la tensión de explicarle a un señor que no conocéis de nada que sus inversiones se han desplomado y que ha perdido en pocos días una cifra que no ganaríais ni en dos vidas. En cambio Roque se lo tomó con tranquilidad y para mi asombro, me preguntó por un buen sitio para tener compañía. Me comentó con una naturalidad pasmosa que aprovechaba su visita mensual a Barcelona para irse de putas. Los treinta días restantes del mes Roque es un devoto marido y un mimoso abuelo. Debía conocer los mejores clubs de la ciudad y sabiendo yo el poderío de su bolsa, me puso en un aprieto. Sólo se me ocurrió llevarle al Riviera, que por entonces aun era legal. Después fuimos a cenar, a tomar una copa, a pasar por el Camp Nou para ver a las trans, y para acabar la noche vuelta al Riviera. Nuestra cita empezó a las tres de la tarde y acabó a las cinco de la mañana. Desde esa noche siempre quiere que le atienda yo.
Nuestra cita era en el Starbucks de la Rambla. Roque tiene fijación con ese local. Se sienta en una de las roñosas butacas y abre su portátil de última generación, creo que lo cambia cada mes trae un trasto nuevo, ahora se ha pasado al Ipad, el de más prestaciones claro. Imagináros Barcelona a esa hora, día de huelga general y yo bajando por un lateral con mi traje y mi maletín. Casi no se notaba que iba a trabajar. Sorprendentemente nuestra cita fue muy rápida. Roque parecía apremiado y bebía a sorbos apresurados su café indescifrable. Asintió a todos los gráficos, y power points que le mostré. Le deslumbran las presentaciones en pp, a veces creo que le podríamos vender altímetros a los pinguüinos si se los presentáramos bién. Enfundó su ipad, lo introdujo en una bolsa Louis Vuiton y me dejó acabando mi café y estudiando como hacía yo para volver al despacho atravesando la marabunta que se empezaba a apoderar de la Rambla.
Los protestantes tenían muy poca pinta de sindicalistas. Siempre imaginamos a los miembros de UGT y de CCOO como barrigones, descamisados barbudos, mal humorados y chillones. Estos en cambio, a pesar de sus adhesivos rojos que les identificaban como miembros de los sindidatos, lucían un look de sindicalista post-grunge que no cuadraba. Rastas, tatuajes, melenas, otros rapados, torsos desnudos y todos de una juventud sospechosa de absoluta ignorancia. Su actitud no era la del palurdo sindicalista al que sus superiores envían a coaccionar al pobre comerciante en un piquete. No, estos no eran piquetes. Ya los tenemos vistos, son los mismos que en Euskal Herria queman autobuses o contenedores de la basura, que rompen escaparates en Madrid cuando hay una celebración deportiva, o que se enfrentan a la policia en la fiesta mayor de cualquier ciudad media. Antisistemas. Me soprendió que muchos de estos muchachos contrarios a la globalización, que se coordinan gracias a facebook o twitter, calzaran caras deportivas que se confeccionan en paises del sudeste asiático por sueldos de risa, y que tomaran fotos con teléfonos "designed in californa assembled in China". En plena línea de coherencia sabotearon una tienda Levi´s, la marca de vaqueros más deseada durante años por cualquier ciudadano del mundo no capitalista, el tejano icono de la globalización. Por cierto también se llevaron la caja fuerte y los ordenadores.
Destrozar cosas es una gozada. Yo lo hice en mi adolescencia y no me cuestionaba si estaba bien o mal, sólo me divertía. Cajeros de la Caixa, cabinas telefónicas.... vandalismo. Si, me declaro culpable y me arrepiento. Pero mis amigos y yo no nos refugíabamos en ninguna ideología hipócrita. La primera vez que me abrieron la cabeza los antidisturbios se me acabaron las tonterías. Un punto de sutura por cada cristal roto, una cicatriz para recordarme que la estupidez tiene un precio.

Me increparon y empujaron algunos de esos niñatos, tuve que forcejear con uno para que no se llevara mi portátil. Uno de ellos con piercings en la ceja y nariz, y cigarro liado en la comisura del labio, me gritó a un palmo del oido "Esquirol!!!" juraría que ese muchacho hace malabares en Portal de l´Angel, no creo que sepa lo que es trabajar. Seguro que en casa de sus padres nunca le faltará un plato de sopa.
Hace años hablé con un perroflauta en una tasca del barrio viejo de Bilbao. Se me acercó pidiendo con su gorro de lana "unas moneditas" le di la espalda pero curiosamente uno de nuestros amigos lo era también del pedigüeño. Resultó ser un tío simpático, iba acompañado de una chica que sería muy aprovechable tras unas depilaciones y lavados. Entre vino y vino nos dio una lección magistral de sinceridad "haber tio, yo no defiendo ningún estilo de vida. Yo me levanto cuando me sale del rabo, me saco mi dinerito, y no doy golpe. Si todo el mundo hiciera como yo se me acabaría el chollo. Déjate de movidas antiglobalización y que todo siga como hasta ahora ¡coño que están jugando con mi futuro!" Un cachondo además de brutalmente honesto. Por cierto le tuve que pagar la ronda, invitarle a tabaco y darle el cambio "es que estoy ahorrando para comprarme una reflex, tío a mi lo que me va es la fotografía"
sábado, 18 de septiembre de 2010
Los polvorones empachan
Hace ya bastantes años, unas Navidades en las que aún esperaba encontrar un paquete a mi nombre bajo el árbol, me empaché. Durante toda la noche, mientras los mayores hablaban de cosas que no entendía, arrasé con los polvorones, mazapán, frutos secos y demás abominables alimentos que sacamos de la despensa sólo para esas fechas. Recuerdo que pasé una de las peores noches de mi infancia inclinado sobre la taza del inodoro. No sé si alguno de vosotros ha vomitado mazapán, pero os aseguro que es una experiencia agónica. El vómito se vuelve dulzón, pero es tan denso que la sensación de asfixia es brutal. Intenté no hacer ruido, ser sigiloso, pues mi mente infantil creía que mis familiares podían pensar que estaba borracho. Uno de mis tíos había insistido ante la negativa de mis padres en que tomara una copita de pacharán, porque ya tenía 12 años. La verdad es que el primer sorbo me encantó y contuve mis facciones para demostrar que no me impresionaba el sabor del alcohol. Bebí aquella copita a sorbos lentos ante la complacencia de mis familiares excepto de mi padre, que me miraba severo augurándome un futuro de decadencia y alcoholismo. Frente al inodoro no podía pensar en otra que en no darle la razón a mi padre y en no asfixiarme. No he vuelto a probar los polvorones.
Quizás es un problema de personas con tendencia al extremo. Podemos hacer algo casi mecánicamente pareciéndonos lo más normal hasta que alguien nos de un toque cordura. Así fue este verano, llevado a un exceso demasiado peligroso. Después de tanto frecuentar el abismo sólo hay dos vías, caer en él o alejarse buscando algo de sensatez y cordura. Tras dos semanas de vicio en todas sus vertientes, decidimos pasar unos días en Menorca, icono del relax y la quietud. Las playas de la isla Balear son lo más parecido al Caribe que existe en el Mediterraneo y seguramente mucho mejores que aquellas. Entre la oferta playera destacan las nudistas, pequeñas calitas frecuentadas por hippies poco aficionados a la depilación y invadidas del dulzón olor del hachís.
En Macarelleta conocimos a Jan y Sonia. He de reconocer que la chica me volvió loco. Era bajita, con poco pecho, un coño que parecía gritar que lo comieran y un culo duro y menudo. Lo que me alucinó fueron sus gruesos labios del mismo color rosado que su coño. No podía para de mirarla e imaginar mi polla dentro de su garganta. No recuerdo como comenzamos a hablar, creo que fue algo tan inocente como pedirnos la hora, no sé. Lo cierto es que sin darnos cuenta la conversación se enredó deliciosamente. Es curioso como se olvida la desnudez cuando transcurren unos minutos de charla, aunque como decía Berlanga no dejaba de mirar a Sonia deseando vestirla lentamente.
Aunque estábamos en nuestra semana de desintoxicación sexual no pude evitar desear locamente a Sonia. Los ojos de Maria se habían fijado en la polla de Jan, vi como se esforzaba para no mostrar como su coño deseoso había empezado a mojarse. La polla de Jan no era para menos. Muy gruesa, morena, con el glande descubierto de un color morado que contrastaba viciosamente contra la negruzca piel de la polla. A pesar de intentar llevar la conversación a un tema sexual que nos acercara a pasar una noche golfa, las horas pasaron sin la más mínima insinuación. Todo transcurrió dentro de la más solemne normalidad. Cuando la playa empezaba a quedar vacía conseguimos arrancar una cita para la cena de esa noche. No todo estaba perdido.
María se arregló para la ocasión. No es fácil seducir cuando ya te han visto desnudo. Para seguir con la costumbre del verano, María dejó el tanga en la habitación y salimos hacia el restaurante acordado envueltos en una nube de perfume y aftersun. Antes de que llegara el primer plato habíamos tomado una botella de cava. Estaban absolutamente deseables, y a diferencia de nuestra jornada playera, la conversación se deslizaba con mayor normalidad hacia el morbo y el sexo. Sonia vestía de blanco y podía ver sus pezones morenos a través del tejido. Jan, con un pantalón de lino, a duras penas podía ocultar la monstruosa polla que mi mujer quería meterse en el coño. Una botella de vino más tarde y mediado el segundo plato creí llegar el momento:
- Somo liberales, una pareja liberal.
Mi afirmación no pareció alterar para nada la plácida y alcohólica sonrisa de Sonia.
- A nosotros también nos gusta el nudismo, somos de izquierdas y algún porrito fumamos...
Por lo visto no utilizábamos la mismo acepción de la palabra. Tras un trago y con la complicidad de la mesa añadí.
- Somos swingers, nos gusta hacer intercambio con otras parejas, los tríos... en fin, jugar.
Jan sonrío y Sonia carcajeó sin disimulo. Su respuesta me dejó atónito.
- Genial, nosotros no, no nos atrae.
A continuación cargó un tenedor con su rissotto y la velada continuó. Sin aspavientos, sin sorpresa, con una normalidad tan extraordianaria que nos quedamos en fuera de juego. A esas alturas de la velada, no dudábamos de que eran "de los nuestros". Pero no. Estuvimos juntos hasta las cuatro de la mañana. Nos preguntaron por nuestras experiencias, por nuestras sensaciones y reían satisfechos de saberse deseados, pero nada alteró su conducta.
Lo pasamos tan bien que casi no echamos en falta follar con ellos. Durante los siguientes tres días estuvimos juntos en la playa, cenando y de copas. Creo que nunca hemos estado tanto tiempo viendo a una pareja desnuda sin haber follado con ellos. Cuando se marcharon nos sentimos hasta tristes aunque no pudimos evitar un sentimiento de decpeción por no haber podido llegar a más.
No cabe decir que todas esas noches cuando María me comía la polla, no era a mí quien chupaba, sinó el pollón de Jan. Cuando yo le metía la polla con fuerza a María, no era su coño el que follaba, Sonia estaba en mi mente. Así era y así nos lo susurrábamos al oido, con la esperanza de que el día siguiente fueran nuestros compañeros de cama.
La negativa de Jan y Sonia, tan normal, tan serena, fue un sobresalto para nosotros. Después de pasar las semanas anteriores prácticamente sin desear a nadie y obtenerlo, nos encontrábamos con lo contrario. El deseo incumplido, el que te hace perseverar. Una vez ya en casa hemos vuelto a una normalidad que asusta. Solos Maria y yo. Quizás la sensación de la adicción al sexo, del descontrol y la sexualidad desmedida necesitaba de unas dosis de convencionalidad. Gracias Sonia y Jan, dicen que el mejor sorbo de tequila es el que tomas después de estar interno en una clínica de desintoxicación. Y es que como los polvorones, los polvos también empachan.

sábado, 10 de julio de 2010
Obediente nena
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sábado, 24 de abril de 2010
Regalo a un putero afortunado
Muchos amigos me comentan lo afortunado que soy por viajar por el país continuamente. Yo creo que los afortunados son los que lo hacen por todo el mundo, o eso creía hace unos años. Cada vez estoy más harto de los hoteles, aeropuertos y carreteras. Vivimos a caballo entre dos ciudades y aunque tiene sus ventajas, también jode no tener la camisa que quieres en la casa que toca, o dejarte tu vídeo juego favorito a 100 kilómetros. Como os digo también tiene sus alegrías, una de ellas es cuando María me puede acompañar, entonces os aseguro que tener habitación, dietas y dinerito para gastar a cargo de la empresa se convierte en una gozada.
Hace un mes me enviaron a Tarragona. Había estado varias veces, de turista y por trabajo, pero nunca con María. No hace falta que os diga que os contaré lo que ocurrió una vez que mi traje colgaba del percehero, el portátil estaba sólo atento al msn y el móvil desconectado.
En cuanto llegamos a la habitación del hotel (hotel Eurotarraco, para los que queráis pasaros por allí por si os gusta nuestra aventurita y queréis probar) no me podía creer lo que había tras la ventana. Una casa de putas con todos sus lucecitas como caramelos a la puerta de un colegio. En cuanto lo vi se me pasaron por la cabeza mil cosas, no sé que me pasa el viernes pero mi cerebro deja de trabajar y cede el mando a mi bragueta. Corrí la cortina para que María no viese nada y tras arreglarnos salimos a cenar.
Si paga la empresa no puedo ir haciendo el loco, pero siempre hay la posibilidad de que invite a cenar a algún cliente. En esos casos el límite, una vez al mes, se puede sobrepasar y nadie levantará la voz. Hay un pacto de silencio entre directivos, compañeros y socios, todos sabemos que el 90% de esas excepciones corresponden a puterío, lujos con la señora o amante o cualquier otra cosa que no se parezca a un cliente. Ni que decir cabe que en esas ocasiones no se me ocurre mirar el precio. Pedimos pescado, algo de marisco y vino. Dos botellas de Paco & Lola de las que dejamos media, que lujo derrochar si no pagas. La frontera de la media botella de vino por cabeza se cruza en una sola dirección, la del pecado. Los ojos de María empezaron a entornarse en su gesto característico de guerrera del sexo. No estábamos en condiciones de conducir, porque en ese momento me hubiera encantado ir a Chatelet de Salou para ver como María se hinchaba a orgasmos. Sólo se me ocurría una cosa, de camino al hotel coger una niñita en la casa de putas y acabar la fiesta en el hotel. María siguiendo su habitual juego de seducción se había quitado el tanga y abría las piernas para que bajo el mantel pudiera ver su coño húmedo. Me hubiera echado al suelo para lamérselo con ansia, pero no creo que colara que estaba buscando una lentilla. Tuve que retirar la copa de mi chica, el vino transforma a los guerreros en dioses y María es de las diosas que atemorizan.
Por suerte el hotel no quedaba muy lejos y recordaba bien el trayecto, de otra manera me hubiera costado llegar mirando más el coño de mi pareja que a la carretera.
- Ya vamos para el hotel? no quieres que vayamos a ligar? - susurró mi copiloto.
- No te has fijado lo que había delante del hotel?
- No... - María hurgaba en mi pantalón intentando sacarme la polla.
- Una casa de putas, me encantaría sacar una chica para llevarla al hotel.
- No quiero niñas...
Esa respuesta me dejó en fuera de juego. No había nada que me apeteciera más en ese momento que una negrita para lamerla con María.
- Quiero ser yo la puta...
Trago saliva. Mi polla palpita. Sé que siempre le ha excitado la sensación de cobrar y obedecer. Ya lo probamos una vez. A todos nos encanta sentir la sumisión en algún grado, si además tiene la recompensa del dinero, la fantasía es completa.
Encaré el coche a la entrada del puticlub. Tenía un parking amplio y suficientemente oscuro para pasar inadvertido. María se masturbaba el coño y se pellizcaba los pezones. Varios coches entraron tras nosotros y aparcaron a unos metros. Un grupo de amigos que sólo tenían las golosas luces entre ceja y ceja, promesa de media hora de placer.
- Vas a hacer lo que yo diga - no sugerí, se lo ordené. Me saqué la polla del pantalón y cogí su cabeza para que se la metiera en la boca. Empecé a acariciarle el coño metiéndole dos dedos con firmeza, ella se arqueaba para que entraran dentro y gemía con la boca llena.
Yo no perdía detalle del retrovisor, hasta que apareció lo que esperaba. Un Opel Astra, vulgar, lento y sobrio, conducido por un hombre, sin acompañantes. Retiré la cabeza de María y salí del coche.
El Astra aparcó cerca de nuestro coche y pude acercarme sonriendo, con naturalidad. El hombre me miró un poco sorprendido y miró alrededor buscando explicación a mi presencia allí. Sin duda vio que en mi coche había una mujer rubia.
- Hola
- Hola - contestó el hombre con cara de pocos amigos, saliendo con dificultad del coche. Pude oír la música de su radio cd antes de que apagara el contacto. El Barrio, genial y decadente, buena señal.
- Es que verá, no sé como decirlo... he venido con mi amiga - tragué saliva, intentando parecer dócil y nervioso - y mi amiga me ha pedido un favor.
- Quita de en medio, no me toques los cojones... el favor vengo yo a que me lo hagan.
El hombre debía tener unos cincuenta años, fornido, muy moreno, sin duda trabajador de la construcción, de voz ronca y hosca.
- Es que mi amiga... no sé como decirle, a mi las mujeres no me gustan... pero que no quiero nada con usted no piense mal! pero es que ya nos íbamos para casa y mi amiga me decía que....
Por primera vez vi algo de curiosidad en el obrero, miró de reojo hacía nuestro coche y pudo ver las piernas desnudas y el tanga por la rodillas. Se puso de puntillas para ver más y movió las manos buscando equilibrio.
- No se quiere ir a dormir sin hacer algo.... su chico fue a una despedida y le han dicho que se fue de putas con los amigos... está borracha pero lleva toda la noche pidiendo que la traiga a un sitio así. Está medio depre - depre? ni recuerdo como pude parecer tan petardo.
- Está buena... - nuestra presa se relamía como un lobo mirando un ternero.
- Está loca! pero... su chico se merece que le paguen con la misma moneda.
- Nene para pagar ya pago ahí dentro.
- Es que ella - empezó a andar hacia el coche y yo le seguí - sólo quiere jugar, por eso quería que yo viniera con ella.
María tenía las piernas bien separadas, el coño abierto y lo acariciaba resbalando sus dedos por el clítoris. Se había sacado las tetas por encima de la camiseta y se veía absolutamente deseable.
- Joder... - el obrero estaba alucinado - tu que eres? maricón? joder nene yo no os entiendo.
- Que le vamos a hacer - el obrero como si ya estuviera en el puticlub se acercó a la ventana de María y sin dirigirle la palabra comenzó a pellizcarle el pecho y sobarle el coño. Lo hacía con rudeza, como si prepara cemento en su día a día. Yo miraba desde la otra ventana, excitadísimo.
- Vaya puta... esto si que es una puta - me miraba el obrero riendo, como si hubiera acertado la lotería. María abría las piernas, ofrecía el coño y me miraba completamente enloquecida.
El hombre del Astra se bajó la bragueta y sacó su polla morena y peluda por entre los dientes de la cremallera. Se puso un poco de puntillas y obligó a María a metérsela en la boca. No podía aguantar le excitación, ella chupaba ruidosamente, gozando.
- Maricón si quieres mirar no te cortes, ven pacá que así me tapas por si viene el segureta.
Me acerqué y miré loco de placer como María chupaba y sorbía como poseida. El obrero tenía una polla no muy larga, pero gruesa con un glande muy hinchado y brillante. Hábilmente tenía la mano dentro del coche y follaba a María con los dedos, ella le ayudaba moviendo el culo, deseando que esos dedos fueran una polla.
Cuando vi que le hombre buscaba la puerta para abrir tuve que calmarle.
- Córrete que viene alguien...
Mi advertencia pareció hacer efecto y acompañando el movimiento de María empezó a embestir follándole la boca a mi chica. Ella ya se había corrido un par de veces y cuando el obrero empezó a magrearla con más fuerza vi que se iba correr por tercera vez. El obrero no pudo resistir más cuando María mirándole a los ojos le susurró.
- Que pasa, no te vas a correr? para maricones ya tengo a este...
Mano de santo. En tres oleadas nuestro amigo dejó la puerta del coche, la cara el pelo de María y sus calzoncillos llenos de una leche blanca y densa.
El pobre hombre quedó encorvado, sudoroso susurrando palabras incomprensibles.
Con una sonrisa alzó la vista, buscando complicidad como un niño que ha robado un chupachups de un kiosco y ha sido atrapado.
- Aparta gordo - de un empujón lo alejé del coche. El pobre hombre se trastabilló casi cayendo al suelo. Entré al coche mientras el obrero gesticulaba con la polla flácida asomando por el pantalón. María se despidió con un inocente saludo y pude ver por el retrovisor la cara de expediente x que se le había quedado al pobre hombre.
No hablamos, el hotel estaba tan cerca que no dio tiempo. Aún recuerdo la cara del vedel cuando vio los restos de semen aun frescos en la cara y pelo de María. Ella seguía risueña, caliente. Sólo le di tiempo a lavarse la cara. La follé por detrás, de pie apoyada en la ventana, mirando el parking en el que acabábamos de acercarnos un pocos más al infierno de los lascivos.
sábado, 20 de febrero de 2010
Año nuevo cuernos nuevos
Pensaréis, ¿que coño viene a contar este ahora del fin de año? Razón no os falta. Miro la fecha del último post y tanto tiempo sólo tiene explicación: o has pasado a mejor vida o has abandonado el mundo blogger. Por fortuna ninguna de las dos cosas. Ya he comentado en otros posts que la vagancia es uno de mis vicios, y la poca constancia uno de mis defectos. Pero no os preocupéis, en estos meses hemos seguido ganándonos un lugar en el purgatorio, junto a viciosos, lujuriosos y sodomitas.
El fin de año siempre ha sido una fiesta que me ha desagradado. En general cualquier cosa impuesta me molesta. Divertirse por obligación y desear buen año a todo el prójimo no entran en mis aficiones predilectas. Esa noche soy un hipócrita, a muchos de los que saludo y felicito el año nuevo les deseo lo peor. Por cambiar de caras y llevar mi hipocresía a otro lugar decidimos pasar el fin de año en la villa y corte.
Sin duda uno de los mejores hoteles de Madrid es el Puerta de América. Si en tu vida la estética es importante debes pasarte por allí. Cada planta ha sido creada por uno de los mejores arquitectos o diseñadores del mundo, creando un entorno de ciencia ficción, fantasía y glamour. Cada esquina es buen escenario para una foto en la que sólo una modelo absolutamente desastrosa no luciría. Compramos un paquete con una buena habitación y cena incluida. ¿Pasta? sí, pero ¿quien ha dicho que los caprichos fueran baratos? El plan era cenar tranquilamente, calentarnos con los modelitos de los presentes (no nos engañemos, donde hay dinero suele haber mejores cuerpos, caras y ropa, un buen regalo para cualquier voyeur) y luego ir a alguno de los clubs liberales madrileños a empezar el año saboreando pollas y coños ajenos.
Los planes sólo funcionan cuando no los prepara uno mismo. María escogió un vestido negro con espalda descubierta y un conjunto de ropa interior del mismo color. La tradición de la ropita roja es divertida pero definitivamente una horterada. Como no, llevaba un tanga delicioso, medias a media pierna y el coño perfectamente depilado y perfumado.
Nuestra mesa era compartida con tres parejas más de tres franjas de edad, 30, 40 y 50. Sin duda los que tenían más morbo eran los maduritos. Ella operadísima, él con una de esas camisas horrendas a rayas con el cuello blanco que sin duda evidenciaba una de sus aficiones: las rayas. Creo que me pidió coca antes de empezar el segundo plato. No sé que tiene mi cara que siempre me piden drogas. Lo malo es que la policía tiene la misma errónea impresión y me han cacheado alguna vez que otra. Los de treinta eran una parejita made in opus. Ella guapita, con unas caderas y muslos desbocados y celulíticos, gafitas metálicas, mucho colerete y labios finos, poco sugerentes para un adicto al sexo oral. Su compañero en la misma linea, gordo, sudoroso y decadente, con cara de micropene y futuro adicto al cruising. Le sugerí a María que me pondría verla comerle la polla y por primera vez en años me miró sorprendida y asqueada. Los cuarentones eran la parejita absolutamente normal. No bebían, no fumaban y seguramente no follaban. Empeñados una y otra vez en hablar de su viaje de novios a USA y de las ganas que tenían de ser papis. Eran todo menos sugerentes, peores que bromuro.
En un par de ocasiones intenté llevar la conversación con Eusebio, el cincuentón, hacia el terreno golfo. Él me siguió, pero por un desvío que yo no insinué. Putas, me decía al oído "cuando dejemos a estas nos vamos tu y yo a putas, y nos ponemos a gusto de todo!" vamos que no contaba con su mujer, curiosamente llamada también Maria. Una pena porque su señora era muy sugerente, su ropa su olor, su forma de hablar todo en ella era deseable. Mi chica y yo hubiéramos pagado por su compañía, definitivamente hay veces que no valoramos lo que tenemos. Eusebio parecía no ver el morbo de su mujer pero creo que era de los pocos en no hacerlo. Seguro que mientras él se divertía María no se quedaba en casa esperando. No me costaba nada imaginarla abierta de piernas mientras cualquier hombre dispuesto la hacía correrse una y otra vez.
Sabéis que en fin de año uno bebe y mezcla sin sentido. Las mesas van perdiendo la compostura y es frecuente ver numeritos subidos de tono, comentarios desafortunados y promesas de lo que va a pasar en las próximas horas. Los treintañeros se fueron rápido a una fiesta a la que fuimos invitados y que educadamente declinamos al unísono María y yo. Puede que la fiesta de los gordos acabara en orgía romana pero no queríamos correr el riesgo de ser devorados a media noche en un ataque de ansia. Los de cuarenta no tardaron mucho más en juntarse con otra mesa en la que había ex-compañeros de universidad o algo así, la verdad no necesitaban una excusa mucho más elaborada para irse.
Eusebio seguía con su planteamiento de noche golfa y las dos Marías haciendo buenas migas. No podía parar de imaginarme comiendo el coño de la señora a medias con mi chica. Tras un buen rato en el que ya nadie estaba sentado y Eusebio iba de mesa en mesa, su señora decidió que era hora de irse a casa. Tras despedirse con un par de besos de su marido abandonó la fiesta junto a dos matrimonios tiesos como el cemento que la llevarían a su casa. Eran vecinos y sin duda hicieron feliz al cincuentón. Su mujer aun no se había ido y ya me estaba haciendo gestos de que fuera hacia él.
Dejé a María tomando una copa en nuestra ya solitaria mesa, frotándose los doloridos pies por los zapatos de tacón absolutamente fetish. Eusebio se acercó a la barra y pidió dos Whiskeys. Odio esa bebida, pero me pareció que a esas horas tanto daba whiskey como anís del mono. Seguía insistiendo en ir de putas a un club de la Moraleja, en meternos coca, en follarnos la misma puta... un reguero de pervesiones que acabaron en un "claro cabrón como tu ya tienes la puta en casa" fingí molestarme y el rectificó de inmediato "coño, lo digo en el buen sentido" Yo le confirmé que María era muy buena amante pero él no era del tipo de hombres que valorara eso. Quería variedad, mando y dominio. No paró de contarme sus aventuras con mujeres de amigos, putas de todas las edades y razas... menos trans "que a mi las pollas me dan alergia" Me pidió otro whiskey y yo miré hacia María preocupado. Llevaba ya un rato con el pelma de Eusebio. Se había sentado una chica junto a ella, con un vestido rojo, melena rizada y algo anchita de carnes. María reía sin parar y viéndome por encima del hombro de su nueva amiga me señaló con el pulgar que estaba bien. El cincuentón incorporó ahora a otro hombre que estaba en la barra a nuestra conversación. Regordete, pero bastante más joven que Eusebio, no paraba de sonreir y darle la razón, sin duda, de los tres era el que más rato pasaría vomitando esa noche en el baño.
En cuanto pude pedí dos ron con cola e intenté escaparme hacia María y su amiga. Cuando me había evadido mi pareja me negó con el rostro. Sorprendido giré 45º y me acerqué a una barra desde la que tenía buena vista de la intrigante escena. No paraban de reír. La misteriosa chica de rojo hablaba al odio de mi chica, le acariciaba el rostro, le susurraba, en definitiva, la seducía. La morena sacó un móvil del bolso y no sé que enseñó a María pero ella cambió el rostro y se mordió ligeramente el labio inferior. Yo ya estaba por el segundo cubata cuando se levantaron cogidas de la mano y enfilaron camino al ascensor. Quise seguirlas pero por la cara de María ví que no estaba invitado. Miré el reloj y supe claramente que mi plan había naufragado del todo. No sé cuantos cubatas llegué a tomar. Si sé que tuve que aguantar a un amigo de Eusebio que me pedía coca, un chico gay que había equivocado el tiro, una señora que me confundía con no se quién, y a Eusebio insistiendo en llevarme de fiesta. Seguí anclado a la barra fantaseando con lo que me estaba perdiendo. Tras un par de horas recibí un mensaje al movil "no subes?" la sangre se me desplazó hacia el centro del cuerpo, cerca de la polla para lo que pudiera pasar. El ascensor me pareció más lento de lo habitual, tortuoso como un atasco en hora punta. Cuando se abrió en la planta de Zaha Hadid pude ver un reflejo de algo rojo entraba en el otro ascensor.
Casi corrí por el pasillo y abrí la puerta excitado. María estaba tumbada en la cama, desnuda y acurrucada. La luz del baño estaba encendida pero, por desgracia, no había nadie dentro. Llegaba tarde o quizás justo a la hora, cuando ya no podía molestar. Me acerqué a María con ganas de follarla fuerte y correrme rápido, casi como una venganza. Ella cerró las piernas y me dijo "esta noche no, estoy destrozada... esa chica era una bruja" se giró hacia el otro lado en gesto claro. Abrí la cartera y conté el dinero que me quedaba, suficiente para una noche con Eusebio. Cuando giraba sobre mis pies para salir María dijo en un susurro "coge el móvil anda" Vi que en el iphone estaba abierto el álbum de fotos y fui pasando una tras otra las tomas. El coño de María, la lengua de la chica, su tanga rojo, un delicioso coño que no conocía, unos dedos hurgando en un culo, pechos, besos, sudor, ropa por el suelo... me bajé los pantalones y mirando las fotos me cogí la polla fuerte. Empecé a pajearme muy excitado, deseando que María se girara y me comiera la polla. Ella dormía ajena a mi deseo, dejé el movil sobre la cama y sin perder detalle de las fotos seguí hasta correrme en el suelo. Ni me limpié. Me tumbé en la cama mareado, sediento de sexo y cornudo. Sólo llevábamos 6 horas de 2010. Promete el año verdad?
viernes, 4 de diciembre de 2009
Escaqueo laboral
Con la taza de café echando humo, un lápiz en la boca y la corbata aflojada ni el más sagaz de los jefes se atrevería a pensar que me estoy escaqueando. Unos fuman un pitillo en la calle y yo miro algo de porno para relajarme de números, códigos, estimaciones, márgenes y toda la mierda que permite pagar la hipoteca a fin de mes, comer, y algún vicio que otro.
La verdad es que nunca he escrito una entrada durante horas de trabajo. Casi diría que nunca he escrito una entrada entre semana. Creo que para escribir algo sensato no se puede tener la intranquilidad de pensar que te pueden echar por golfo. Mis compañeros no tienen idea de quien soy, nadie sabe que escribo un blog y que tanto María como yo tenemos algunos hábitos cuestionables.
Como en cualquier trabajo hay corrillos, y no os voy a enseñar nada nuevo si os digo cuales son los temas recurrentes: da igual que seas fontanero, contable o ingeniero, si te rodeas de hombres siempre se habla de fútbol, coches, mujeres y en mi entorno, de todo lo que salga en las revistas Man o Dt, incluido evidentemente las mujeres que son portada de esas publicaciones. Muchos de mis compañeros son lectores de amigos como Obediente Nena, o Dala que últimamente, junto a su amiga Tania, demuestra un furor bloguero y sexual realmente sorprendente. Muchos de ellos se han corrido a gusto con las aventuras de mis amigas mientras sus abnegadas y devotas mujeres creían que terminaban algún informe a última hora de la noche.
Por cierto, la mujer de uno de ellos le comió el coño a María como una maestra en uno de esos horribles fines de semana de convivencia (para unir esfuerzos, hacer grupo, solidificar vínculos y cualquier mierda new age que le queráis añadir... por suerte gracias a la situación económica esos planes se ha suprimido durante 2009 y 2010, bendita crisis!) La muchacha había bebido, tenía problemas con su marido, los críos., la suegra... y que iba caliente como una perra!. ¿Al final será verdad lo que se decía de la mujercita de mi compañero? Ay Pedro! si supieras lo que pasó en el aquel baño cuando tu mujer entró diciendo que se encontraba mal y María la acompañó... uy, se me ha escapado el nombre. Bueno, por suerte al inútil de Pedro lo echaron hace unos meses: un recorte de plantilla. Joder ¡dos cosas que agradeder a la crisis en el mismo párrafo!
Algunas veces les he oído comentar lo buena que está "la puta esa, María, sale en blog de un cornudo... a esa le iba a dar yo polla" En esos casos sólo queda sonreír, añadir un guiño cómplice y reafirmarse en el anonimato. Esta sociedad aun no está preparada para que algunos decidamos vivir, en algunas facetas de nuestro día a día, de manera diferente. Chicas os voy a decir algo evidente y que quizas ya sepáis, sois todas unas putas. Ni liberales, ni swingers ni nada de nada. Putas. Aunque la parte definitoria de la prostitución, que es el cobro por un servicio, no aparezca nunca, o muy raramente, en nuesto mundo golfo. Esa es la opinión de la mayoría de personas que os rodean.
En la oficina a veces me siento como un Clark Kent del vicio, con las gafitas y el pelo peinado con ralla al lado para que nadie sospeche que es el hombre de traje azul y capa roja que salva una y otra vez Metrópolis. Seguro que el pánfilo de Superman nunca se llegó a plantear si realmente la ciudad merecía subsistir. Si se hubiera parado a reflexionar sobre ello, habría utilizado sus super poderes para someter a toda la ciudad y escoger , como el emperador de Zimbabwe, a las más bellas vírgenes para su harén, participar en brutales orgías, desnudar a todas con sus rayos x, y arrojar litros y litros de esperma desde cualquier rascacielos para que los niños creyeran que nevaba en pleno verano y llegaba la Navidad a destiempo.
¿Os habéis parado a pensar que cuando se comercializó la Viagra se decidió que el color fuera azul? como el uniforme de Superman. Jamás una medicina nos acercó tanto a un super hombre. Seguramente habréis comprobado que la mayoría de chicos, cuando se les sugiere tomar la pastilla de pfizer responden con un "A mi no me hace falta". Claro, ya sabéis que los hombre tienen una media de 5 relaciones a la semana, tienen erecciones brutales y sus pollas siempre miden más de 18 cm, y lo más curioso, eso es independiente de la edad. Todos somos poderosos fornicadores, machos polludos y auténticos Casanovas capaces de satisfacer legiones de mujeres deseosas de sexo.
Acabo de recibir una llamada de un cliente que quiere un informe sobre una mierda totalmente inservible. No sé para que coño hay gente que necesita estos documentos y cálculos cuando la mayoría de decisiones importantes se toman con una moneda al aire. ¿Tanto estudio y estimaciones para que nadie se percatara de la crisis que se nos venía encima? realmente acabas planteándote tu trabajo y la farsa en que vivimos. De momento, para animar la mañana, voy a echarle un chorrito de brandy Luis Felipe al café que ya no humea. Compró la botella nuestro querido jefe "para motivar al grupo" dijo el cabroncete con sus cuatro pelos jugando al escondite en la brillante calva. Estoy esperando que cualquier día aparezca con unos gramos de coca en una bandeja de plata como premio al empleado del mes. O con unas Viagras. Nunca digo no a un regalo.
La verdad es que nunca he escrito una entrada durante horas de trabajo. Casi diría que nunca he escrito una entrada entre semana. Creo que para escribir algo sensato no se puede tener la intranquilidad de pensar que te pueden echar por golfo. Mis compañeros no tienen idea de quien soy, nadie sabe que escribo un blog y que tanto María como yo tenemos algunos hábitos cuestionables.
Como en cualquier trabajo hay corrillos, y no os voy a enseñar nada nuevo si os digo cuales son los temas recurrentes: da igual que seas fontanero, contable o ingeniero, si te rodeas de hombres siempre se habla de fútbol, coches, mujeres y en mi entorno, de todo lo que salga en las revistas Man o Dt, incluido evidentemente las mujeres que son portada de esas publicaciones. Muchos de mis compañeros son lectores de amigos como Obediente Nena, o Dala que últimamente, junto a su amiga Tania, demuestra un furor bloguero y sexual realmente sorprendente. Muchos de ellos se han corrido a gusto con las aventuras de mis amigas mientras sus abnegadas y devotas mujeres creían que terminaban algún informe a última hora de la noche.
Por cierto, la mujer de uno de ellos le comió el coño a María como una maestra en uno de esos horribles fines de semana de convivencia (para unir esfuerzos, hacer grupo, solidificar vínculos y cualquier mierda new age que le queráis añadir... por suerte gracias a la situación económica esos planes se ha suprimido durante 2009 y 2010, bendita crisis!) La muchacha había bebido, tenía problemas con su marido, los críos., la suegra... y que iba caliente como una perra!. ¿Al final será verdad lo que se decía de la mujercita de mi compañero? Ay Pedro! si supieras lo que pasó en el aquel baño cuando tu mujer entró diciendo que se encontraba mal y María la acompañó... uy, se me ha escapado el nombre. Bueno, por suerte al inútil de Pedro lo echaron hace unos meses: un recorte de plantilla. Joder ¡dos cosas que agradeder a la crisis en el mismo párrafo!
Algunas veces les he oído comentar lo buena que está "la puta esa, María, sale en blog de un cornudo... a esa le iba a dar yo polla" En esos casos sólo queda sonreír, añadir un guiño cómplice y reafirmarse en el anonimato. Esta sociedad aun no está preparada para que algunos decidamos vivir, en algunas facetas de nuestro día a día, de manera diferente. Chicas os voy a decir algo evidente y que quizas ya sepáis, sois todas unas putas. Ni liberales, ni swingers ni nada de nada. Putas. Aunque la parte definitoria de la prostitución, que es el cobro por un servicio, no aparezca nunca, o muy raramente, en nuesto mundo golfo. Esa es la opinión de la mayoría de personas que os rodean.
En la oficina a veces me siento como un Clark Kent del vicio, con las gafitas y el pelo peinado con ralla al lado para que nadie sospeche que es el hombre de traje azul y capa roja que salva una y otra vez Metrópolis. Seguro que el pánfilo de Superman nunca se llegó a plantear si realmente la ciudad merecía subsistir. Si se hubiera parado a reflexionar sobre ello, habría utilizado sus super poderes para someter a toda la ciudad y escoger , como el emperador de Zimbabwe, a las más bellas vírgenes para su harén, participar en brutales orgías, desnudar a todas con sus rayos x, y arrojar litros y litros de esperma desde cualquier rascacielos para que los niños creyeran que nevaba en pleno verano y llegaba la Navidad a destiempo.¿Os habéis parado a pensar que cuando se comercializó la Viagra se decidió que el color fuera azul? como el uniforme de Superman. Jamás una medicina nos acercó tanto a un super hombre. Seguramente habréis comprobado que la mayoría de chicos, cuando se les sugiere tomar la pastilla de pfizer responden con un "A mi no me hace falta". Claro, ya sabéis que los hombre tienen una media de 5 relaciones a la semana, tienen erecciones brutales y sus pollas siempre miden más de 18 cm, y lo más curioso, eso es independiente de la edad. Todos somos poderosos fornicadores, machos polludos y auténticos Casanovas capaces de satisfacer legiones de mujeres deseosas de sexo.
Acabo de recibir una llamada de un cliente que quiere un informe sobre una mierda totalmente inservible. No sé para que coño hay gente que necesita estos documentos y cálculos cuando la mayoría de decisiones importantes se toman con una moneda al aire. ¿Tanto estudio y estimaciones para que nadie se percatara de la crisis que se nos venía encima? realmente acabas planteándote tu trabajo y la farsa en que vivimos. De momento, para animar la mañana, voy a echarle un chorrito de brandy Luis Felipe al café que ya no humea. Compró la botella nuestro querido jefe "para motivar al grupo" dijo el cabroncete con sus cuatro pelos jugando al escondite en la brillante calva. Estoy esperando que cualquier día aparezca con unos gramos de coca en una bandeja de plata como premio al empleado del mes. O con unas Viagras. Nunca digo no a un regalo.
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