sábado, 30 de abril de 2011

María me deja

Deja, del verbo dejar. Dejar es un verbo de multiples significados. Puede significar prestar, también permitir y el más terrible de sus sentidos, abandonar. Quedémonos con sus dos últimas acepciones.

María me deja. En efecto, desde el uno de Mayo hasta el uno de Agosto estaré solo. Le ha salido una oportunidad laboral de esas que no se pueden rechazar. Durante esos tres meses ganará más dinero que yo en todo el año. No, no tiene que follar con nadie por contrato. Digamos que contratan a la María cara A, no a la cara B que vosotros conocéis. Ya sabéis que somos muy celosos de nuestra identidad y que poca gente sabe quien somos realmente. Alguna vez en algún club swinger hemos hablado con otras parejas sobre este o aquel blog. Es realmente divertido oir la sincera opinión que la gente tiene de nosotros y de nuestras aventuras. Sorprende lo que pueden decir u opinar de tí cuando se aparca la hipocresía. Recuerdo un chico que decía estar loco por María, "sí, la que sale en el blog... Gema ya sabe que me pone" entre risas y copas Gema parecía aceptar complice el deseo de su chico. Horas más tarde María tenía la polla del chico en la boca, y estuvo tentada de decirle quién era ella en realidad. No le dio tiempo... el muchacho no estaba muy acostumbrado a la garganta profunda.

Desde que estamos juntos nunca hemos pasado tanto tiempo separados. No sé como nos sentará este periodo. Ahí viene la segunda acepción del verbo.

María me deja. Es decir, me permite. Ambos sabemos que no vamos a estar tres meses sin estar con otras personas. Por mi parte estaré encantado de que María folle con otros chicos y chicas. Hemos convenido que me envie fotos de sus conquistas, para disfrutar en la distancia de su atrevimiento. El ambiente de trabajo que va a encontrar María no es precisamente conservador, así que no creo que tenga muchos problemas para encontrar pollas y coños de su gusto.

 
Por mi parte no me apetece dedicarme al cansino arte de la seducción en pubs y discotecas. Supongo que tontearé en el chat en busca de alguna aventura o en la mayoría de los casos, recurriré a invertir en la economía sumergida. No las traeré a casa, eso se ha pactado en los protocolos de nuestra temporal separación, así que seguramente visitaré algún hotel o piso lleno de encanto. También me quedará el postergado arte de la paja. Película porno, algo de ciber y la seductora idea de María siendo follada por otros, parecen buen plan para sobrellevar la soledad.

Os iré contando.

sábado, 26 de febrero de 2011

sábado, 5 de febrero de 2011

21 días

Respeto. Respeto y admiración. Quiero empezar este post con esas dos palabras para que nadie pueda luego echarme en cara la falta de alguna. Respeto porque considero que debe ir en el equipaje de cualquier persona medianamente inteligente. Es una norma básica de convivencia muy práctica y sana que deberíamos practicar más. Lo segundo porque me quito el sombrero ante la gente que se acepta y se muestra como es, con todo lo que eso conlleva. No soy muy partidario de salir del armario. Considero que nadie fuera de nuestro entorno más íntimo debe saber si tenemos hemorroides, que marca de papel higiénico usamos o si nos depilamos a la cera. Cuanto más en nuestra sexualidad.

Ayer vi atento el programa 21 días. Soy así de básico, dame algo de carne y me tienes de fiel televidente. He de confesar que lo que más me motivaba del programa era ver a esa presentadora medio mema, niña buena y seguro que excelente estudiante, vestida con un corset mostrando escote. Además intento no desaprovechar la oportunidad de aprender siempre que puedo.

Algunos amigos me tientan con el mundo BDSM. No sé si me equivoco pero creo que hay varios aspectos en esas siglas que para mí son más o menos apetecibles.

Empecemos por la estética. El fetish me parece muy sugerente y la cumbre de la estética sexual. Como cualquier otro aspecto de la moda habrá gente con más o menos gusto y más o menos elegante, pero estaremos de acuerdo en que una mujer vestida con ese tipo de ropa está por lo general deseable (el blog de mi amigo Danton Maltés es buena muestra de ello). Otra cosa son los hombres. Ahí me pierdo. No le pillo el gusto a esos tangas con tachuelas, pantalones de látex o  a esas máscaras tipo "el zorro".

El aspecto sádico es el que más compromete mi moral. Quizás a personas con cierta tendencia a la violencia mental, nos pone en un aprieto la petición de alguien para que le hagamos daño. Un culo desnudo, una fusta y la petición de que golpeé me parecen una tentación en la que quizás pierda el control. Prefiero no asomarme a ese balcón, no vaya a ser que se me cague una paloma.

La sumisión puedo aceptarla hacia mí, pero nunca por mi parte. Sencillamente no lo concibo. Supongo que eso nos viene marcado en el código genético. Eso de tener una esclava para todos mis caprichos me parece muy tentador, de hecho me encantaría ser un patricio romano rodeado de esclavas y esclavos.

El concepto del sufrimiento o el dolor como peaje a cambio del placer no entra en mi concepto de la vida. Nuestra moral judeo-cristiana nos empuja a creer en eso, el que estudia tendrá un buen empleo, el que trabaja mucho vivirá mejor, el esfuerzo y el sacrificio siempre tienen recompensa. Si ponéis "Salvame" me daréis la razón en que eso no es exactamente así. 

Me sorprende la vinculación del BDSM con la religión cristiana. Existe un "dress code" (sotana y alzacuellos vs látex y máscaras), la penitencia a cambio del perdón (cilicios o fustas vs mmmmm... cilicios o fustas?), el sufrimiento como camino al cielo (la vida eterna vs el placer el sexual) Me gustaría saber si el BDSM como tal existe fuera del orbe cristiano (a excepción de nuestros queridos tarados japoneses)

Sinceramente, creo que sufrimos bastante sin desearlo como para buscar voluntariamente el dolor. Soy de los que prefiero que me coman la polla a que me zurren en los huevos con una fusta. Soy raro? quizás... Espero que nadie me diga que debería probarlo, nuestro cerebro es un simulador maravilloso para saber si algo nos puede gustar o no. Nunca me han cortado un dedo para saber que debe doler horrores. Tampoco voy a parir y seguro que cuanto menos debe ser molesto.
(foto del blog de mi amigo danton maltes, fiesta devotion)

sábado, 22 de enero de 2011

Experiencia H

La letra "h" es muda y eso, siendo una letra, es una putada. Junto a la "k" y la "z" forman ese grupo de amigas gorditas y gafudas del instituto que no se mezclan con sus compañeros, esas que al cabo de las años no recuerdas como se llamaban ni que hacían. Sólo recuerdas que se sentaban al final de la clase y que oían grupos de música raros. La "z" últimamente está más presente en nuestras vidas, casi a diario nos acordamos de ella, no en vano es la inicial del apellido de nuestro amado presidente. La "k" está viviendo, gracias al sms, una segunda juventud, nos ahorra tiempo y su uso hace moderno. Pero nuestra querida "h" es como una animal en extinción. Con su forma de silla vista de perfil me hace pensar en eso, en esa silla que tenemos arrinconada en alguna habitación y que arrimamos a la mesa cuando se apunta algún invitado de más a cenar. Una experiencia "h" es algo que ha pasado, que está ahí, pero que no suma ni resta. Más por voluntad propia que por otra cosa. Algo que ocurrió pero que preferimos no analizar demasiado, no vaya a resultar que seamos culpables.

Los que seguís el blog sabéis que no somos una pareja liberal al uso. Tenemos algunas prácticas que en el ambiente swinger no son muy aceptadas. Precisamente un colectivo que se jacta de libre tiene también sus tabú y su doble moral. A veces hemos pagado por sexo. Y eso no es que esté muy bien visto.

Desde hace tiempo tengo ganas de probar una chica oriental. En mi estuche de plastidecor falta el amarillo. Me consta que a María también, así que me pareció buena manera de empezar el año vicioso regalándonos unas horas de placer con una chica de ojos rasgados. Si alguien conoce alguna dispuesta a liarse con una pareja y que no cobre, nos encantaría que nos pasarais su contacto. Mientras tanto, en loquo, podéis encontrar muchas de ellas.
No le dije nada a María. Ese fin de semana estábamos en Barcelona y decidí contactar con una chinita (luego resultó que era de Taiwan) que me pareció por las fotos muy apetecible. Estas que veis aquí son sus fotos reales, pero no voy a poner su nombre ni su dirección, no quiero hacerle publicidad. De todos modos, si miráis en loquo, la localizaréis fácilmente
La llamé el viernes saliendo del trabajo. La conversación fue un tanto caótica, pero me dio la impresión que la chica me comprendía, quizás eran mis ganas lo que me hizo interpretarlo así:
-Hola guapa, mira es que visto un anuncio tuyo en Loquo y me gustaría saber si atiendes a parejas.
-si si si (en efecto, tres "si", encadenados)
-Me gustaría hacer un trío y me has gustado mucho...
-si si si, no problema, tu vienes en mi piso y bien, todo bien
-(silencio)
-Para mañana como lo tienes sobre las 5?
-si si si, no problema.
El resto de la conversación acordamos el precio, me dio la dirección y entre "sies" por triplicado empecé a notar la excitación de una cita que sin duda encantaría a María.

Comimos en un restaurante del Passeig de Gracia y me encargué de que María acompañara cada bocado de un trago de vino. A ella no le hacen falta los efectos del alcohol para dejarse llevar, pero yo soy más místico. Al salir la dirigí hacia unas calles que no frecuentamos habitualmente. María llevaba un mini vestido rojo con medias y calcetines largos, de esos hasta el muslo. No me costó mucho encontrar el portal y por suerte estaba abierto.:
-Y esto?
-Bueno, un regalito que he preparado... no te apetece?
-Joder sabes que no me resisto a una buena sorpresa.

Ella franqueó la puerta y yo la seguí Era un primer piso y viendo el estado del ascensor, decidimos subir a pie. Las paredes estaban desconchadas y se podía ver las sucesivas capas de pintura, desde un lila estridente, pasando por un verde pastel y otros tonos indescifrables, hasta un blanco roto que ahora intentaba darle luz y salubridad a la escalera. Evité tocar el pasamanos de la baranda. El suelo estaba sucio y se oían voces de los pisos de arriba. Todos lo que hayáis ido de putas o a un club de intercambio, sabéis que muchas veces lo que vemos no tiene que ver con nuestro ideal de decoración. En la mayoría de ocasiones se trata de locales sórdidos y rancios, pero en esas ocasiones no es nuestro cerebro el que suele mandar, así que miramos hacía delante, como los burros, en busca de nuestra dosis de vicio.

Al llegar al rellano encontré cuatro puertas, como Alicia en el país de las Maravillas. Sólo una de ellas tiene la alfombra acordada. La mirada de María se ha transformado y noto sus pulsaciones aceleradas. Abre la puerta una chica delgada y bajita, por el físico parece nuestra compañera. Su look es acorde al recinto, lleva unas zapatillas de estar por casa, de esas de crío con forma de elefante, y una bata rosa. Parece que se ha levanto hace poco porque lleva el pelo revuelto y sofoca con esfuerzos un bostezo. Mira sorprendida a María, y aunque sonriendo, dice que no trabaja con mujeres. Le recuerdo que por teléfono habíamos acordado que venía "en pareja". Ella se disculpa diciendo que entendió una pareja sí, pero de dos hombres. Viendo que mi sorpresa va a naufragar antes de zarpar me dispongo a darme media vuelta. Ella me retiene por el hombro al tiempo que vocifera algo ininteligible hacia el interior de la casa. Otra voz le contesta y en breve aparece una segunda chica, clónica de la primera. Sonriente y vestida con un batín de pseudo seda me pide disculpas y dice que ella trabaja con chicas. María mira la escena desde un segundo plano. A mi la nueva chica me gusta y sinceramente no se cual de las dos es la del anuncio. Eso sí, la chica se anunciaba como "recibo sola en mi piso del centro"
Nos acompaña hasta una habitación con puerta de cristal glasé, con un pequeño baño dentro y sábanas verdosas de franela. Por el pasillo le toco el culo y noto que al menos algo bueno habrá para comer. Nos sentamos en la cama y pago lo convenido. La chica se dirige al baño y tras oír la música celestial del bidé manando agua, entra en la habitación con un conjuntito de Hello Kity! sí, el de la foto. Debe ser su uniforme sexy. Me colocó detrás de ella, mientras María sentaba en la cama me mira excitada.

La rodeo con los brazos, le acaricio el pecho, el culo y aspiró el aroma de su cuello. Huele muy bien, por suerte su perfume aparta de mi nariz el olor que me sacudió al entrar al piso, a refrito de pan de gamba. Paso mi mano por encima de las bragas, donde está el dibujtio de la gatita sin boca más famosa del mundo. Meto mis dedos dentro. Tiene mucho vello, suave, pero demasiado para nuestros gustos. Le meto los dedos en el coño y no tarda en mojarse. Empieza a gemir de esa manera tan característica de las asiáticas, a medio camino entre el quejido y el placer. María se ha empezado a quitar la ropa. Le bajo a la chinita las bragas y le quito el sujetador. María se acerca y se arrodilla. Le separa las piernas y empieza a comerle el coño recién lavado. Yo también me agacho y le meto la lengua en el culo. Mi lengua choca con la de mi chica y saboreamos el peludo coño de la puta. Parecemos dos vampiros ansiosos de sangre. No tarda mucho en correrse y tumbarse en la cama.
Con la polla dura busco la boca de la chinita para que me la coma. Ella la acaricia con una mano mientras con la otra busca un condón en la mesilla. Le pido que me la chupe sin, pero no acepta. Aparto a la china y María me la chupa hasta el fondo. Mientras me la come seguimos sobando a la puta, su coño, sus pezones duros y rosas, como golosinas. Nuestra fulana acompaña la mamada de María acariciándome los huevos y metiendo respetuosamente la punta de un dedo en mi culo. María me pide que me la folle. Pongo a nuestra amiga a cuatro patas y me advierte que por el culo no. No era mi intención, me pongo el condón y he aquí mi sorpresa cuando me dice sin perder la sonrisa:
- cuidado con coño, tengo regla...
Por eso nos sentimos como vampiros cuando la comíamos. Me apetece mucho su coño, pero la idea de que la esponjita no cumpla su función y ver mi polla ensangrentada me hacen desistir. Le propongo a la puta que le coma el coño a María, que se coge la situación con humor y empieza a tener problemas para contener la carcajada. Separa las piernas y ofrece su coño rasurado a la chinita. Esta lo mira sorprendida y saca un rollo de papel film, si el de envolver el pollo, para colocarlo sobre el coño y no tocarlo directamente! María ahora no puede contenerse y ríe a mandíbula abierta. Aparto a la chica y a su rollo de papel glad y empiezo a follar el coño de María. La chinita sigue a nuestro lado y entre los dos, sin mirarla, le metemos los dedos por todos sus agujeros, la pellizcamos, la acariciamos, la sobamos. Aguanto hasta que María se corre. Se ha retorcido hasta llegar con su boca al coño de la china y nuestra amiga parece encantada. Saco mi polla hinchada del coño de María y colocó mis rodillas a cada lado del cuerpo de la puta. Me pajeo sobre ella. La chinita sigue buscando mi culo y contribuye a que aguante poco más. Me apreto con fuerza la polla, y me corro sobre la china. María observa de reojo recobrando el aliento. Le lleno a la puta los pechos, un hombro y los labios. Hago todo lo posible para manchar las horribles sábanas verdes.
La china se retira y en segundos estamos deambulando por el pasillo hacia el exterior. Oímos los gemidos y el tran tran de la habitación de al lado, donde algún afortunado está follándose a la chinita hetero. Bajando la escalera María comenta:
-Esta no cuenta, lo de la china mejor lo aparcamos hasta el verano en Tailandia ok?
Solo puedo afirmar, decepcionado. La verdad es que me siento un poco hueco, herido, de mal humor, humano al fin y al cabo. No empiezan todas esas palabras por "h"?

jueves, 6 de enero de 2011

sábado, 18 de diciembre de 2010

Cena de empresa 2010

De las pocas cosas que me gustan de la Navidad una es la cena de empresa. Es como un carnaval invertido anticipado, me explico: todos dejamos nuestro disfraz colgado en el armario y nos vestimos de lo que realmente somos. El quillo es quillo, la choni es choni, el carca es carca y así toda la empresa en un ejercicio de solemne sinceridad. Semanas antes del evento los corrillos en la oficina recaudan dinero para coca y planean el after party, cuando los jefes se hayan retirado. Se cruzan apuestas sobre quien se emborrachará antes y en un círculo más íntimo, sobre quien se follará a quien. Este año yo cotizaba alto con Sonia. Hacía meses que se oían comentarios sobre la gran afinidad que tenía con ella. Sonia es una tía mayor que yo, morena con cuerpo endurecido por el gimnasio y la cirugía, y una actitud sonriente y complaciente que la hacen la compañera ideal. Su sonrisa permanente me hace pensar en todo menos en llenársela de leche. Muchos de mis compañeros me envidian por mi aparente pole position en la cena, pero lamentablemente Sonia sólo me apetece para que me la chupe si no encuentro nada mejor.

Hace un par de años que la cena de empresa de María coincide con la mía. Ambos sabemos que es una de esas veladas en las que cada uno podrá dejarse llevar por unas horas a cambio de una morbosa confesión. Mientras me relajo frente a la tele viendo vídeos musicales, María se ducha. Escucho como golpea la maquinilla de afeitar contra la bañera para retirar los restos de vello. Se está rasurando el coño, dejándolo suave y apetecible. Pasa frente mí desnuda y veo como de su coño pende un hilo. Se ha metido las bolas chinas y me está mostrando que no se va a guardar nada esa noche. Escoge un conjunto negro, de blonda. Se viste con una mini negra, un top del mismo color y unos calcetines-media hasta medio muslo, de esos que dios ha querido que vuelvan a ponerse de moda. No le comento nada sobre las bolas y el conjunto de lencería, forma parte de pacto no escrito.

Me apresuro en llegar al restaurante. Algunos de mis compañeros llevan ya el cubata a medias y sé que debo esforzarme para no perder comba. Sonia ya he llegado y no tarda ni cinco segundos en acercarse a mi y arrimarme su cuerpo. Me recuerda la actitud de las putas en cualquier burdel, Sonia al menos tiene la decencia de no poner su coño en mi rodilla, como haría cualquier fulana medio profesional. Hay una especie de karma en el ambiente que parece empujarnos a mi y a Sonia acabar la noche en la misma cama. A medida que caen las botellas de vino y la comida desaparece de los platos, el coño de Sonia me parece más apetecible. Un zumbido me avisa que mi móvil tiene un sms que enseñarme. María me ha enviado una foto sacada con su iPhone desde debajo de la mesa. Veo su faldita, sus piernas abiertas y el tanga ladeado mostrando su coño y el hilo de las bolas chinas. Ni una sola palabra de texto. Me agacho fingiendo recoger la servilleta y miro que tal es el panorama bajo la mesa. Sonia lleva unos pantalones negros y ceñidos.

Los viajes al baño se repiten, Sonia y varios de mis compañeros y compañeras aumentan su elocuencia y simpatía tras volver del servicio. Cada vez me parece mas inevitable meterle la polla en la boca a mi querida Sonia. Sobre la mesa sólo quedan los cubatas, botellas de licores varios y restos del delicioso pastel de chocolate que nos ha servido una mulatita caderosa. María me vuelve a enviar un sms. Esta vez sin foto, sólo texto: "me voy a comer una polla". Ahora miro a Sonia con toda la ferocidad que puedo. Ella parece percibir mis intenciones, pero su caída de ojos me hacer ver que empieza a estar fuera de sí. La boca que antes parecía reservada solo para mi polla parece ahora aceptar más candidatos. Algunos de mis colegas empiezan a insinuar una escisión. No estamos para discotecas, muchos estamos de acuerdo, suena mucho mejor un lugar de esos en los que las mujeres no te rechazan.

Al salir del restaurante nos repartimos en coches. Curiosamente los conspiradores puteros vamos en el Audi de Juan. Como en las películas un estuche de cd, creo que era de Alejandro Sanz, sirve de bandeja para preparar unas rayas. El club está bastante cerca de donde hemos cenado, discreto, sin neones, con un sólo letrero en el que se lee "club de caballeros, reservado el derecho de admisión". En la puerta juego mi particular quiniela: si encuentro una negra con buenas tetas, alta y que huela como los ángeles, pago, si no, me retiro. Ni una sola negra. Mujeres de todos tipos, a cual más deseable, cualquiera deliciosa para compartir con María, pero nada parecido a mi apuesta. En breves instantes sólo quedamos dos en la barra, los otros tres hace rato que viven su particular subida al cielo. Entre sorbo y sorbo no puedo evitar pensar en las caras de Lourdes, Ana y... no sé como se llama la tercera, todas convencidas de la honorabilidad de sus maridos. Juan, el conductor, parece estar viviendo su momento de bajón. Me habla de sus hijos, de su mujer, de su casa de la costa y hasta de su colección de dvd, las putas captan tan rápido como yo que Juan esta luchando contra sus deseos de manera feroz, tanto que lo convierten en cliente no potencial. Joder después de tanto rato y no consigo dejar de trabajar. Me temo que Juan va a entrar en fase llorica, así que lo convenzo para que me lleve a la disco donde está el resto de la empresa.

Tras un par de palmadas en la espalda Juan me agradece mi comprensión y enfila el camino a casa, satisfecho de haber vencido sus demonios y deseoso de abrazar a su mujer. Pobre Juan, mejor que no sepa lo que se comenta de ella. A pesar de ser ya las tantas el portero me saca diez euros que saco del bolsillo arrugados, desafiantes. En cuanto llego a la música busco con la mirada a mis compañeros, y entre ellos a Sonia. No voy a negar que prefería a la negra pero la boca de Sonia me parece ahora absolutamente deseable... hasta que la veo ocupada por la lengua de un morenito, el camarero del restaurante. La besa y la manosea con fiereza. Envio un sms a María diciéndole que tengo ganas de llegar a casa. Me contesta tras unos minutos que a ella a un le queda un ratito.

Definitavemente Sonia se va con el morenito. Sentado en un punto estratégico escurro el Bacardí con cola mientras hago esfuerzos para que Antonia, la asistente del jefe se aparte de mi. La noche se acaba pero aun tengo mi dignidad intacta.

Llego a casa, pongo el plus esperando la peli porno para poder hacerme una paja y no esperar a María como un desesperado. Cuando vuelvo a abrir los ojos un partido de la liga brasileña ha sustituido a las rubias pneumáticas de antes. El reloj me sopla que son las ocho de la mañana. En la habitación veo el cuerpo arrullado de María. Con su peculiar "sentido del humor" ha preferido dejarme frente a mi apasionante partido y mi gin-tonic, mientras ella se acostaba. Busco entre su ropa y encuentro el tanga empapado. Palpo con los dedos y reconozco el tacto. Me acerco a su bolso y encuentro el móvil. Busco las fotos y nada, los vídeos y lo encuentro. Siento el dolor delicioso de la infidelidad y la dulce satisfacción del morbo. Veo una mediocre polla en primer plano y una mano que la pajea. En un confuso movimiento veo el suelo y la pared del servicio, la cámara se estabiliza y ahora veo como María se mete la polla en la boca mientras mira a cámara. El sonido es confuso, una música inconfundiblemente discotequera, gemidos de un hombre madurito y los lametones de la lengua de María. No aguanto más, no llego a ver si el tío se corre. Con la polla durísima por la excitación y la droga, separo los muslos de María y la penetro con furia. Con la mano derecha le pellizco los pezones y el coño alternativamente. Esta mojada y busca con su lengua mi boca, consciente de que he visto como ha sido su noche. Sólo puedo decirle al oído "puta, puta" mientras me corro en su coño. Ella se arquea buscando hasta la última embestida. Nuevamente María me deja pequeño, como un crío inocente. No somos nada al lado de una mujer poderosa.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Panic Button

Últimamente me duele la cabeza. Y la barriga. Digamos que no estoy fino. Cada vez que abro el blog para escribir algo lo tengo que cerrar, sin que ni una línea valga la pena. Claro que tengo historias para contar, demasiadas quizás, por eso tengo esta sensación de hartura. Estoy saturado de sexo, de porno y de vicio. Lo único que aún no me sacia es el amor.

Mi jornada laboral lleva años empezando de la misma manera, taza de café que remuevo mientras el ordenador ronronea desperezándose. Al poco la musiquita de Bill Gates que me indica que ya puedo trabajar. Abro el mail y las páginas oficiales, el País, Vanguardia y algunas específicas de mi oficio. En otro navegador con panic button abro la retahíla de mis favoritos guarros. Algunos blogs, porno amateur, cornudos y alguna que otra web de buenas fotos eróticas. Paso por ellos casi sin prestar atención, como un cura rezando el rosario, mecánicamente. Sólo algunos detalles me centran, la deliciosa Matilda Rouge, la última fiesta de UHL, alguna buena contri en Morbocornudos, pero poco más. Diez minutos son suficientes. Sólo algunos textos me atraen, bien escritos, originales, la mayoría me parece bazofia. Algunas veces con dos lineas tengo bastante, faltas de ortografía, mala redacción, idioma sms, y historias que no me motivan para nada. Evidentemente con las fotos me ocurre lo mismo, paso de polvos en calcetines, culos con granos y sexos selváticos.

Me doy cuenta de que me he vuelto tan sibarita y exigente que soy repelente. Recuerdo que hace ya muchos años, cuando me senté frente al primer pc con conexión a internet, miré ansioso la página de Clima. Era la revista con que más me había pajeado de crio y la posibilidad de acceder a todos aquellos contactos desde casa me ponía loco. Más tarde encontré otras históricas páginas como Parejas.com y Parejas.net que en cierta medida nos llevaron a disfrutar del ambiente liberal y Parejabcn que nos enseñó que la ciudad del vicio de que hablaba Houllebecq existía y estaba a tan sólo 200km de casa.

Mi mayor impactó fue cuando hicimos cibersexo por primera vez. A tan solo unos clicks de distancia, al otro lado de la pantalla, una parejita rozando mayoría de edad se mostraban sin pudor. Ella rubia con tirabuzones, muy cría y él fuerte, rapado y tatuado. Recuerdo como el chico miraba continuamente a la pantalla para comprobar que su polla y el tatoo de su pubis quedaran perfectamente encuadrados. La niña se entregaba con pasión a la mamada mientras mostraba su culo y su coño a través de un tanguita blanco empapado. María me la chupaba en lo que parecía un duelo frenético entre las dos rubias. Me corrí enseguida, aquello me parecía la puerta a un nuevo mundo tan excitante que mi semen no pudo contenerse.

El fin de semana siguiente fuimos por primera vez a un club de intercambio de Barcelona, el ya desaparecido Ire Gold, y pudimos transformar aquellos amantes virtuales en algo de carne y hueso. Ni que decir tiene que en aquel club ninguno de los asistentes se parecía a la dulce parejita del ciber. La edad de los asistentes y sus más o menos tersas pieles no nos impidieron follar con nuestras dos primeras parejas. Una regordeta ama de casa con su polludo y escuálido marido y un abogado gordito y peludo con su ¿mujer? morenita, caderosa y desmotivada que repetía si papi, si papi a cada embestida.

Desde aquel fulgurante inicio sólo han cambiado los colores, tamaños y cantidades. Pocas veces más hemos sentido aquel dolor de barriga y cosquilleo tan delicioso, quizás sólo a las puertas de Le Glamour. Aquella maravillosa promesa que eran los inicios de internet está más que desvanecida. Los que ya éramos pervertidos lo seguimos siendo y los que no lo eran siguen sin pasar a nuestro bando, a pesar de la deliciosa tentación. Por el camino he visto como muchas parejas, alguna chica adicta a los tríos con quien pasamos interminables horas, y muchos blogs amigos han desaparecido (¿todo bien Lara?). Algunos han durado más que otros, muchos de los mejores se han desvanecido sin dejar rastro, y otros mas bien molestos perduran para atormentar muchas de mis mañanas.

¿Estamos saciados, hartos, decepcionados de internet/vicio/porno? ¿se ha convertido el internet golfo en un basurero en el que cuesta encontrar algo fresco y excitante? ¿se han vendido los mejores por cuatro monedas? ¿falta interactividad?¿el anonimato y la libertad de acceso han hecho que cualquiera se crea capaz de excitar o entretener? ¿Soy yo el que me debo formatear, restaurar y dedicarme a leer el Marca?

Uy el jefe, voy a hacer ver que me preocupa mucho el nuevo presidente de la Generalitat. Panic Button.

sábado, 16 de octubre de 2010

sábado, 2 de octubre de 2010

Antisistema

- Sr. Huertas, el sr. Roque XXX quiere verse contigo el miércoles.
- El dia de la huelga?
- Tienes algún problema?
Claro que no tenía ningún problema. Soy free-lance. Si no trabajo no cobro, además el señor Roque es uno de los mejores clientes que tengo. Vive apartado de la ciudad en una enorme finca oculta tras una verja dorada, pero una vez al mes baja a Barcelona para repasar cuentas y que le ponga al día de sus inversiones. La verdad es que me cae muy bien. Aún recuerdo la primera vez que me cité con el. Podéis imaginaros la tensión de explicarle a un señor que no conocéis de nada que sus inversiones se han desplomado y que ha perdido en pocos días una cifra que no ganaríais ni en dos vidas. En cambio Roque se lo tomó con tranquilidad y para mi asombro, me preguntó por un buen sitio para tener compañía. Me comentó con una naturalidad pasmosa que aprovechaba su visita mensual a Barcelona para irse de putas. Los treinta días restantes del mes Roque es un devoto marido y un mimoso abuelo. Debía conocer los mejores clubs de la ciudad y sabiendo yo el poderío de su bolsa, me puso en un aprieto. Sólo se me ocurrió llevarle al Riviera, que por entonces aun era legal. Después fuimos a cenar, a tomar una copa, a pasar por el Camp Nou para ver a las trans, y para acabar la noche vuelta al Riviera. Nuestra cita empezó a las tres de la tarde y acabó a las cinco de la mañana. Desde esa noche siempre quiere que le atienda yo.

Nuestra cita era en el Starbucks de la Rambla. Roque tiene fijación con ese local. Se sienta en una de las roñosas butacas y abre su portátil de última generación, creo que lo cambia cada mes trae un trasto nuevo, ahora se ha pasado al Ipad, el de más prestaciones claro. Imagináros Barcelona a esa hora, día de huelga general y yo bajando por un lateral con mi traje y mi maletín. Casi no se notaba que iba a trabajar. Sorprendentemente nuestra cita fue muy rápida. Roque parecía apremiado y bebía a sorbos apresurados su café indescifrable. Asintió a todos los gráficos, y power points que le mostré. Le deslumbran las presentaciones en pp, a veces creo que le podríamos vender altímetros a los pinguüinos si se los presentáramos bién. Enfundó su ipad, lo introdujo en una bolsa Louis Vuiton y me dejó acabando mi café y estudiando como hacía yo para volver al despacho atravesando la marabunta que se empezaba a apoderar de la Rambla.

Los protestantes tenían muy poca pinta de sindicalistas. Siempre imaginamos a los miembros de UGT y de CCOO como barrigones, descamisados barbudos, mal humorados y chillones. Estos en cambio, a pesar de sus adhesivos rojos que les identificaban como miembros de los sindidatos, lucían un look de sindicalista post-grunge que no cuadraba. Rastas, tatuajes, melenas, otros rapados, torsos desnudos y todos de una juventud sospechosa de absoluta ignorancia. Su actitud no era la del palurdo sindicalista al que sus superiores envían a coaccionar al pobre comerciante en un piquete. No, estos no eran piquetes. Ya los tenemos vistos, son los mismos que en Euskal Herria queman autobuses o contenedores de la basura, que rompen escaparates en Madrid cuando hay una celebración deportiva, o que se enfrentan a la policia en la fiesta mayor de cualquier ciudad media. Antisistemas. Me soprendió que muchos de estos muchachos contrarios a la globalización, que se coordinan gracias a facebook o twitter, calzaran caras deportivas que se confeccionan en paises del sudeste asiático por sueldos de risa, y que tomaran fotos con teléfonos "designed in californa assembled in China". En plena línea de coherencia sabotearon una tienda Levi´s, la marca de vaqueros más deseada durante años por cualquier ciudadano del mundo no capitalista, el tejano icono de la globalización. Por cierto también se llevaron la caja fuerte y los ordenadores.

Destrozar cosas es una gozada. Yo lo hice en mi adolescencia y no me cuestionaba si estaba bien o mal, sólo me divertía. Cajeros de la Caixa, cabinas telefónicas.... vandalismo. Si, me declaro culpable y me arrepiento. Pero mis amigos y yo no nos refugíabamos en ninguna ideología hipócrita. La primera vez que me abrieron la cabeza los antidisturbios se me acabaron las tonterías. Un punto de sutura por cada cristal roto, una cicatriz para recordarme que la estupidez tiene un precio.
Me increparon y empujaron algunos de esos niñatos, tuve que forcejear con uno para que no se llevara mi portátil. Uno de ellos con piercings en la ceja y nariz, y cigarro liado en la comisura del labio, me gritó a un palmo del oido "Esquirol!!!" juraría que ese muchacho hace malabares en Portal de l´Angel, no creo que sepa lo que es trabajar. Seguro que en casa de sus padres nunca le faltará un plato de sopa.

Hace años hablé con un perroflauta en una tasca del barrio viejo de Bilbao. Se me acercó pidiendo con su gorro de lana "unas moneditas" le di la espalda pero curiosamente uno de nuestros amigos lo era también del pedigüeño. Resultó ser un tío simpático, iba acompañado de una chica que sería muy aprovechable tras unas depilaciones y lavados. Entre vino y vino nos dio una lección magistral de sinceridad "haber tio, yo no defiendo ningún estilo de vida. Yo me levanto cuando me sale del rabo, me saco mi dinerito, y no doy golpe. Si todo el mundo hiciera como yo se me acabaría el chollo. Déjate de movidas antiglobalización y que todo siga como hasta ahora ¡coño que están jugando con mi futuro!" Un cachondo además de brutalmente honesto. Por cierto le tuve que pagar la ronda, invitarle a tabaco y darle el cambio "es que estoy ahorrando para comprarme una reflex, tío a mi lo que me va es la fotografía"

sábado, 18 de septiembre de 2010

Los polvorones empachan

Hace ya bastantes años, unas Navidades en las que aún esperaba encontrar un paquete a mi nombre bajo el árbol, me empaché. Durante toda la noche, mientras los mayores hablaban de cosas que no entendía, arrasé con los polvorones, mazapán, frutos secos y demás abominables alimentos que sacamos de la despensa sólo para esas fechas. Recuerdo que pasé una de las peores noches de mi infancia inclinado sobre la taza del inodoro. No sé si alguno de vosotros ha vomitado mazapán, pero os aseguro que es una experiencia agónica. El vómito se vuelve dulzón, pero es tan denso que la sensación de asfixia es brutal. Intenté no hacer ruido, ser sigiloso, pues mi mente infantil creía que mis familiares podían pensar que estaba borracho. Uno de mis tíos había insistido ante la negativa de mis padres en que tomara una copita de pacharán, porque ya tenía 12 años. La verdad es que el primer sorbo me encantó y contuve mis facciones para demostrar que no me impresionaba el sabor del alcohol. Bebí aquella copita a sorbos lentos ante la complacencia de mis familiares excepto de mi padre, que me miraba severo augurándome un futuro de decadencia y alcoholismo. Frente al inodoro no podía pensar en otra que en no darle la razón a mi padre y en no asfixiarme. No he vuelto a probar los polvorones.

Quizás es un problema de personas con tendencia al extremo. Podemos hacer algo casi mecánicamente pareciéndonos lo más normal hasta que alguien nos de un toque cordura. Así fue este verano, llevado a un exceso demasiado peligroso. Después de tanto frecuentar el abismo sólo hay dos vías, caer en él o alejarse buscando algo de sensatez y cordura. Tras dos semanas de vicio en todas sus vertientes, decidimos pasar unos días en Menorca, icono del relax y la quietud. Las playas de la isla Balear son lo más parecido al Caribe que existe en el Mediterraneo y seguramente mucho mejores que aquellas. Entre la oferta playera destacan las nudistas, pequeñas calitas frecuentadas por hippies poco aficionados a la depilación y invadidas del dulzón olor del hachís.

En Macarelleta conocimos a Jan y Sonia. He de reconocer que la chica me volvió loco. Era bajita, con poco pecho, un coño que parecía gritar que lo comieran y un culo duro y menudo. Lo que me alucinó fueron sus gruesos labios del mismo color rosado que su coño. No podía para de mirarla e imaginar mi polla dentro de su garganta. No recuerdo como comenzamos a hablar, creo que fue algo tan inocente como pedirnos la hora, no sé. Lo cierto es que sin darnos cuenta la conversación se enredó deliciosamente. Es curioso como se olvida la desnudez cuando transcurren unos minutos de charla, aunque como decía Berlanga no dejaba de mirar a Sonia deseando vestirla lentamente.

Aunque estábamos en nuestra semana de desintoxicación sexual no pude evitar desear locamente a Sonia. Los ojos de Maria se habían fijado en la polla de Jan, vi como se esforzaba para no mostrar como su coño deseoso había empezado a mojarse. La polla de Jan no era para menos. Muy gruesa, morena, con el glande descubierto de un color morado que contrastaba viciosamente contra la negruzca piel de la polla. A pesar de intentar llevar la conversación a un tema sexual que nos acercara a pasar una noche golfa, las horas pasaron sin la más mínima insinuación. Todo transcurrió dentro de la más solemne normalidad. Cuando la playa empezaba a quedar vacía conseguimos arrancar una cita para la cena de esa noche. No todo estaba perdido.

María se arregló para la ocasión. No es fácil seducir cuando ya te han visto desnudo. Para seguir con la costumbre del verano, María dejó el tanga en la habitación y salimos hacia el restaurante acordado envueltos en una nube de perfume y aftersun. Antes de que llegara el primer plato habíamos tomado una botella de cava. Estaban absolutamente deseables, y a diferencia de nuestra jornada playera, la conversación se deslizaba con mayor normalidad hacia el morbo y el sexo. Sonia vestía de blanco y podía ver sus pezones morenos a través del tejido. Jan, con un pantalón de lino, a duras penas podía ocultar la monstruosa polla que mi mujer quería meterse en el coño. Una botella de vino más tarde y mediado el segundo plato creí llegar el momento:
- Somo liberales, una pareja liberal.
Mi afirmación no pareció alterar para nada la plácida y alcohólica sonrisa de Sonia.
- A nosotros también nos gusta el nudismo, somos de izquierdas y algún porrito fumamos...
Por lo visto no utilizábamos la mismo acepción de la palabra. Tras un trago y con la complicidad de la mesa añadí.
- Somos swingers, nos gusta hacer intercambio con otras parejas, los tríos... en fin, jugar.
Jan sonrío y Sonia carcajeó sin disimulo. Su respuesta me dejó atónito.
- Genial, nosotros no, no nos atrae.
A continuación cargó un tenedor con su rissotto y la velada continuó. Sin aspavientos, sin sorpresa, con una normalidad tan extraordianaria que nos quedamos en fuera de juego. A esas alturas de la velada, no dudábamos de que eran "de los nuestros". Pero no. Estuvimos juntos hasta las cuatro de la mañana. Nos preguntaron por nuestras experiencias, por nuestras sensaciones y reían satisfechos de saberse deseados, pero nada alteró su conducta.
Lo pasamos tan bien que casi no echamos en falta follar con ellos. Durante los siguientes tres días estuvimos juntos en la playa, cenando y de copas. Creo que nunca hemos estado tanto tiempo viendo a una pareja desnuda sin haber follado con ellos. Cuando se marcharon nos sentimos hasta tristes aunque no pudimos evitar un sentimiento de decpeción por no haber podido llegar a más.

No cabe decir que todas esas noches cuando María me comía la polla, no era a mí quien chupaba, sinó el pollón de Jan. Cuando yo le metía la polla con fuerza a María, no era su coño el que follaba, Sonia estaba en mi mente. Así era y así nos lo susurrábamos al oido, con la esperanza de que el día siguiente fueran nuestros compañeros de cama.

La negativa de Jan y Sonia, tan normal, tan serena, fue un sobresalto para nosotros. Después de pasar las semanas anteriores prácticamente sin desear a nadie y obtenerlo, nos encontrábamos con lo contrario. El deseo incumplido, el que te hace perseverar. Una vez ya en casa hemos vuelto a una normalidad que asusta. Solos Maria y yo. Quizás la sensación de la adicción al sexo, del descontrol y la sexualidad desmedida necesitaba de unas dosis de convencionalidad. Gracias Sonia y Jan, dicen que el mejor sorbo de tequila es el que tomas después de estar interno en una clínica de desintoxicación. Y es que como los polvorones, los polvos también empachan.

sábado, 10 de julio de 2010

Obediente nena

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