domingo, 24 de marzo de 2013

De putas con Maria

"Vuelvo el 23 por la noche, serás capaz de darme una buena bienvenida?"

Esta foto es un fetiche para nosotros. Es de la misma sesión que la foto que encabeza el blog. Una noche de hace muchos años ya, de las primeras en las que ví a Maria salpicada del semen de otro hombre. No folló con él. El pobre hombre se tuvo que conformar con pajearse sin tocarla.

Sé perfectamente que quiere decir esa foto. Unas horas más tarde tenía preparada una reserva en un hotel de Barcelona a la altura de los acontecimientos. Tenía ganas de ir al W. He estado por alguna reunión de trabajo, pero me apetecía follar en él. No es precisamente barato pero la lujuria tampoco suele serlo. 
Durante los días previos a nuestro reencuentro no hablamos por teléfono, ni por facetime, ni por mail. Sólo mensajes, escuetos, sugerentes, lascivos.... creo que me he hecho más pajas en estos últimos días que en todo un año. Maria tiene ese poder sobre mí, puedo estar harto del sexo pero su olor, su tacto y la promesa de volver a tenerla, me hacen perder la razón.

Se negó a que fuera a buscarla al aeropuerto. Supe que llegó a media mañana pero quedó con una amiga y sólo se presentó en la habitación del hotel para ir a cenar. Yo ya me había tomado cuatro o cinco copas y había recorrido todo el hotel de arriba a abajo. Golpeó la puerta con los nudillos. Juro que pude notar como su perfume se colaba por las rendijas de la puerta. Me acerqué para abrir y aspiré con los ojos cerrados, no podía ser nadie más. El perfume, sus zapatos UN, las medias Wolford, el vestido negro de una pieza con el escote asimétrico mostrando uno de los hombros, la gargantilla de cinta de raso anudada al cuello con un pequeño charm en forma de zapato de tacón rojo, las uñas lacadas en negro, el cuello, su sonrisa, el pelo recogido y sus ojos de espejo. No supe que hacer, tieso como un perchero, sólo pude sonreír. Mi cuerpo se debatía entre la risa y el llanto, la alegría y la pasión desbocada, como una procesión de semana santa. María dejó caer el bolso al suelo y me abrazó, me besó y no hubo más palabras.

La sobé, pellizqué, estrujé, manoseé, acaricié pero nada más, no follamos. Maria, recordándome que no había cambiado, susurró "la noche es muy larga".

Tras recomponer nuestra vestimenta, y ponerse Maria un poco de gloss en los labios, nos dirijimos al restaurante. Para la ocasión había reservado en Torre de Alta Mar, quizás el restaurante con las mejores vistas de Barcelona. No íbamos a cenar mucho, somos más de beber, y eso no faltó. Volvíamos a ser los de siempre, juntos, sin dudas ni fisuras, disfrutando de Baco. María volvió a entregarme su tanga tras ir al baño. No quería dejar lugar a dudas, la noche no había hecho más que empezar. A la altura del segundo plato me contó alguna de sus aventuras y me mostró varios de sus trofeos en el móvil. Una galería de pollas de todos los tamaños y formas. No se cuantas veces me llegué a empalmar en la cena. Tuve miedo de que el mecanismo erector de mi polla acabara fallando.

La primera copa de la noche la tomamos en el mismo restaurante. Muchas de las mesas se habían ido ya y los camareros empezaban a pulular esperando que les pidiéramos la cuenta. No tardamos en irnos. Las siguientes horas las pasamos recorriendo varios locales de la zona del Born, bebiendo y besándonos como adolescentes. Maria me señaló varios chicos a los que le comería la polla sin dudarlo. Os podéis imaginar como reaccionaba mi entrepierna. No sé cuantas copas tomamos, pero una torcedura de los tacones de Maria y un resbalón mío sobre los adoquines húmedos de la calle del Rec me convencieron de que era la hora de que un taxi nos llevara a nuestro siguiente destino.

Sorprendentemente no fue difícil conseguir taxi. En cuanto le indiqué la dirección al conductor pude ver, por su media  sonrisa, que conocía el destino, de la misma manera que ví que Maria no tenía ni idea de donde íbamos. Maria empezó a interrogarme de la mejor manera que sabe, metiendo sus manos bajo el pantalón y pajeándome mientras me preguntaba al oído. Yo hice lo mismo y metí mis manos bajo su vestido para acariciarle el coño. Pude ver como el taxista miraba de reojo por el espejo y decidí alegrarle el trayecto, separando las piernas de Maria mostrando bien su coño empapado. Mi chica, cómplice, se recolocó hacia el centro del asiento para que el conductor disfrutara plenamente de al vista.

Al parar el taxi Maria miró a través de la ventana y mostró su sorpresa al no reconocer donde estaba. Una simple calle y una simple puerta, sin ningún letrero. El taxista cobró la carrera y, si hubiera sido algo más discreto en sus comentarios, le hubiera dejado sobar el coño de mi acompañante, pero hasta para ser grosero hay que tener arte.

Respondió al telefonillo una señora de acento sudamericano, dulce y atenta, tal como me había atendido días atrás por teléfono. Nos hizo esperar unos segundos hasta que abrió la puerta. Maria seguía un tanto confundida, pero intuitiva como es, sabía que no la iba a decepcionar. Lo primero que llama la atención del local es la cuidada y oscura, los aromas y la delicadeza de la señora de la entrada, la Mami. Dio dos besos a Maria y nos llevó a una de las habitaciones. Nos dejó a solas para que se nos presentaran las chicas. Las recibimos con mis dedos en el coño de Maria. Pasaron todas las muchachas que atendían parejas y Maria se encargó de escoger. De todas las candidatas sólo tres habían mirado con morbo mi mano hundida en el coño de mi chica, de las tres sólo una era morenita. La elección fue sencilla. Laura.

Maria parecía nerviosa y sorprendida por el ritual de higiene obligatorio en estos lugares de pecado. La sonrisa de Laura la relajó y poco después estaban las dos tumbadas en la cama, acariciándose delicadamente. Me aparté de la escena, me bajé los pantalones y me agarré la polla con fuerza. Pocos minutos después Maria estaba hundida en el coño de Laura. Yo veía desde mi silla el coño empapado de mi chica, saqué el móvil del pantalón y busqué la aceptación de Laura. No necesitó mucho para decirme con un sutil movimiento de cuello "nada de fotos". Teníamos una hora por delante y quería que Maria disfrutara de su primera noche putera. Laura se retorció para llegar a Maria en un sesenta y nueva que duró hasta que mi chica apartó la boca de Laura de su coño: primera corrida.

Me sacaron de mi refugio y Maria me invitó a compartir su regalo. Lamimos el coño de Laura con furia, nuestras lenguas se entrecruzaban y sincronizaban haciendo que la puta se retorciera de placer. Yo me encargué de su culo y Maria del coño. Pude ver como metía la lengua dentro y sorbía con los labios. Laura se corrió. No todos los clientes comen los coños y los culos de las putas, para mí es una obligación.
Dejamos a Laura descansar mientras Maria se metió mi polla en la boca. Hacía tanto que no me la comía que había olvidado su maestría, nadie me la ha chupado mejor. Quería correrme, meterme en su coño, pero cuando notó que me aceleraba, retiró la boca y mirando a Laura me dijo "fóllatela, quiero verlo" Laura parecía recuperada y Maria se inclinó nuevamente sobre su coño para comprobarlo. Me excité mucho cuando me pusieron un condón entre las dos, me notaba la polla a punto de reventar y mi vanidad se llenó cuando Laura me dijo riendo que después de mi iba a necesitar un "dencansito".

Se sentó sobre mí, le cogí el culo y no encontré resistencia para meterle un dedo. Pareció agradecerlo. Empecé a lamerle los pezones, marrones y duros como el turrón. María estaba ahora sentada y se masturbada con dos dedos dentro del coño. Laura saltaba sobre mi polla con fuerza y Maria, tras darse al placer voyeurista, se levantó para unirse a la fiesta. Vi como le tocaba las tetas, como la besaba en el cuello y apretaba las nalgas. Maria se acercó a mi y me metió la lengua en la boca, sabía deliciosamente a coño. Me corrí como un criajo, de no ser por la insonorización del local hubiera despertado a media ciudad.

La despedida fue borrosa, Laura se quedó arreglando la habitación y la Mami nos acompañó a la calle. El silencio de la madrugada nos hizo plantearnos si todo había sido realmente tan perfecto. Un taxi llamado por la propia Mami nos recogió. Maria me echó mano a la polla y me dijo "vamos al Oops?" Se me puso dura de nuevo, sólo imaginar que Maria quería más, me hizo excitarme. Imaginar a Maria con una polla en la boca en nuestro reencuentro me hizo excitarme, recuperarme con si la hora anterior la hubiera pasado en un balneario, y no en un burdel. "Si vamos al Oops tu tendrás que conformarte con mirar, quiero que me folle otro" la sugerencia me calentó y apunto estuve de sacarme la polla en el taxi, pero la cara del conductor me hizo controlarme, no creo que le hubiera hecho mucha gracia.

Maria indicó al taxista la dirección. No era el Oops. Llegamos al hotel media hora más tarde. Yo seguía con la polla dura como si me hubiera pinchado viagra. Maria no me dejó ni tumbarme en la cama, de pie, apoyado en la puerta del baño, se arrodilló y se metió mi polla hasta la garganta. Con la mano izquierda se acariciaba el coño y no pude aguantar mucho. No duré nada, me corrí y Maria no dejó que se escapara de su boca ni un mililitro de semen. Me besó en los labios y tras susurrarme "lo echaba de menos" me arrastró a la cama.

Esta mañana hubiera deseado ser accionista de Bayer. No sé cuantas aspirinas debo llevar en el cuerpo. He bajado a desayunar mientras Maria seguía enroscada en el lado izquierdo de la cama y he aprovechado, aun abotargado por la endorfina, para anotar en el portátil cuatro sensaciones de la noche. En casa me he sentado para intentar contaros como mejor sé, que vuelvo a ser prisionero de Maria. 

PS: mil gracias a Felinabcn por hacernos más fácil pecar a las parejas pervertidas.


sábado, 9 de marzo de 2013

Peluqueria china

Como ya os dije en el anterior post, he vuelto a trabajar. Me había acostumbrado demasiado bien a ponerme ante el ordenador sólo para perder el tiempo. Que curiosa expresión, perder el tiempo, matar el tiempo, todo un sin sentido cuando el tiempo nos acabará matando a todos. Como os decía, mis cervicales y los tendones de mi mano derecha han vuelto a rechinar como hacían antaño. No acostumbro a tomar medicinas para aliviar el dolor, prefiero reservar la química para aspectos más lúdicos de mi vida. Estirándome en la silla, pasándome la mano por la nuca y doblando el cuello a un lado y otro intentando relajar mi tensa musculatura, me sorprendí observado por un compañero de la oficina.
- Quieres un ibuprofeno?
- No gracias, creo que no he dormido en buena posición.
No había cruzado con Miguel más de dos palabras a excepción de las formas protocolarias evidentes entre compañeros de trabajo. Parece un buen chico, dispuesto a ayudar, siempre con una sonrisa bajo el bigote. Aun así su amable gesto parece turbio, como la sonrisa del payaso: falsa para los mayores y sólo grata para los niños puros de espíritu. Sus buenos modos parecen más propios de una exquisita educación que de sentimientos reales. De todas formas, siempre es mejor compartir tu jornada laboral con alguien agradable que con un orco de Mordor. Sin mucha más conversación me deslizo un post-it con una dirección y un teléfono. 
- Como se llama el fisio? yo voy de vez en cuando a uno que me deja arreglado un par de meses.
Miguel estiró hacia la punta de los bigotes su perenne sonrisa.
- Esta no es fisio. No creo ni que sea masajista, pero bueno yo te recomiendo que te pases. Seguro que te "arregla".
Acompañó esta última palabra arqueando las cejas, buscando mi complicidad. Yo sonreí intentando parecer confuso.
No acabo de entender la mística que hace que una persona que no te conoce de nada dude recomendarte una película pero en cambio sugiera sin reservas sobre algo tan íntimo como el sexo. Supongo que algo tiene que ver con las feromonas y sobre todo con los machos. El resto de la tarde la conversación entre ambos y el resto de compañeros volvió a los términos técnicos y asépticos del trabajo. No os agobiaré con eso.

Sólo un par de horas más tarde estaba en una esquina distante pocos metros del número que me había indicado Miguel. Repasaba una y otra vez los números de la calle, contaba los locales y llegaba siempre a la certeza de que mi compañero me había dado la dirección de una peluquería china. Noté ese gusanillo en la barriga habitual antes de una cita, de entrar a un club liberal o a una casa de putas, el morbo y la curiosidad. Crucé la calle y entré al local. En efecto había tres sillones de peluquería de color granate, con otros tantos señores siendo podados de la azotea. Las paredes estaban decoradas con fotos de modelos chinos con peinados que nunca he visto llevar a ningún chino. Dos chicos jóvenes cortaban el pelo a dos de sus clientes mientras el otro parecía sestear a la espera de su turno. En un pequeño mostrador a la izquierda de la entrada había una señora arrugada. Aparentaba sesenta años pero quizás tenía algunos más, ya sabéis que los orientales firmaron un pacto con Satán para parecer siempre más jóvenes de lo que son. Empecé a pensar seriamente en sentarme y dejar que me cortaran el pelo. Hace años que llevo el pelo muy corto así que no se notaría mucho un posible estropicio en mi cabellera. Se me apareció la sonrisa de tiralíneas de Miguel y empecé a barruntar la manera de devolverle al jugada.
La señora, que pareció notar mi me aturdimiento, preguntó amablemente:
- Pelo o relax señol?
Los señores a los que estaban pelando siguieron con su incomprensible charla, aparentemente comentando algún artículo de un periódico tan incomprensible como su cháchara. Levanté dos dedos.
- Pelo y relax?
- No, sólo relax.
Me acompañó a través de un pasillo. Pude ver un puchero borbotear en una de las salas adjuntas donde varias chicas descansaban en un sofá mirando mtv. La señora me indicó la siguiente puerta donde vi una camilla con una sábana de papel tensa, esperándome. En la habitación entraron las dos muchachas que veían la tele y preparaban la comida en la habitación contigua. Una de ellas era regordeta, con una sonrisa propia de alguien no muy cuerdo, no dejaba de retorcerse las manos y pistonear el suelo con el pie izquierdo. Sólo unos enormes pechos que no parecían made in china despertaron mi curiosidad. La otra muchacha era delgada, de pelo largo y obviamente negro. Me miraba seria, sin mover un milímetro de su tensa piel blanca. Me fijé en sus dedos alargados y sus uñas con una manicura de colores imposibles. Ya me siento bastante pecador pagando por sexo así que decidí no aumentar mi condena abusando de la borderline y escogí la borde girl. Pareció fastidiada en la misma proporción que la regordeta se alegró de poder volver a vigilar los fideos.

Liu, así me dijo que se llamaba. Imagino que el nombre será tan auténtico como el que da cualquier puta hasta en el más sofisticado de los prostíbulos. Me tendió una toalla y se giró pidiéndome que me desvistiera. Me sorprendió su pudor y mis dudas sobre la recomendación de Miguel volvieron a asaltarme. Hasta que no oyó el chirrido de la camilla al tumbarme no se giró. Empezó a frotarse las manos para que se calentaran y suavemente me untó la espalda y las piernas con un tónico aceitoso de fuerte olor. Sus dedos finos como las cuchillas de Freddie Krueger se hundían en mis músculos, hurgaban entre mis huesos y tendones como si tuvieran visión infrarroja y fueran directos al foco del dolor. Poco a poco los nudos de mi cuerpo se deshicieron como hace una abuela paciente con una enrollada madeja de lana. Mi cuello se relajó, mi espalda retomó su elasticidad, mis piernas se aligeraron y me sentí durante media hora en manos de un allien con conocimientos de otra galaxia.

Me giré desnudo sobre la camilla. Liu no me miró la polla. No estaba empalmado, la situación no lo requería y yo ya sólo deseaba que aplicara en mi pecho la misma magia que había derramado sobre mi espalda. Liu siguió concentrada, viendo lo que sólo ella parecía ver, guerreando con tendones y músculos. Otros quince minutos de terapia me hicieron elevar a Miguel y a Liu a los altares. Me sentía nuevo, pletórico, lleno de energía... El vicioso que hay en mí pareció recordarme al oído que había que hacer cuando uno se sentía tan bién. No hizo falta ninguna insinuación. Liu sabía perfectamente manejar los tiempos. Empezó a acariciar la parte interior de mis piernas, de las rodillas. La decisión de cada una de sus maniobras anteriores se transformó en suavidad. Sus dedos ya no eran firmes y se limitaba a rozar mis huevos y mi polla como al descuido, sin querer. Su rostro se había transformado, aquella segunda parte de su trabajo no parecía satisfacerla como la primera. Estuve tentado de pedirle que lo dejara, pero mi polla se opuso. Empezó a palpitar, a endurecerse. Poco a poco mis neuronas se fueron debilitando ante el gran dictador que ahora marcaba el camino. Liu seguía con sus preparativos, yo deseaba que me tocara pero ella insistía en añadir pólvora al cartucho de dinamita. Yo ya estaba absolutamente empalmado, ansioso. Tenía la polla brillante, untada de aceite y ambos mirábamos a Liu reclamando que nos ayudara a acabar con aquella rigidez. Se alejó de mi, mirándome la polla como hace una artista mirando el lienzo, alejándose para tomar perspectiva. Supuse que se iba a quitar la parte de arriba de la camiseta, pero se acercó a puerta y gritó algo. Se quedó con medio cuerpo dentro de la sala y medio en el pasillo. Parloteaba con su cabeza hacia el pasillo y de vez en cuando volvía a mirar dentro, hacia mi polla. Sentí unos pasos. Liu sonrió agachando la cabeza y salió de la sala para dar entrada a la señora que me había recibido. 

Sonriente miró mi polla afirmando con la cabeza. Se untó las manos con aceite y antes de que pudiera protestar me estaba haciendo una paja con sus manos endurecidas. Parecía llevar unos guantes de porcelana, suave y dura. La cadencia, la presión, la pausa todo era de una perfección que sólo un hombre puede lograr a base de mucho entrenamiento pajillero. Me acarició los huevos y deslizó un dedo en mi culo, subió la frecuencia de sus manos y me corrí gimiendo como un poseso. Veinte segundos, treinta quizás. Solté un chorro de semen como si hubiera estado invernando meses enteros.  Me arqueé y estiré los dedos de los pies como un águila a punto de capturar un ratoncillo del bosque. La señora no perdía la sonrisa y estuvo hábil al esquivar la corrida: le podía haber vaciado un ojo. Me quedé encorvado, retorcido, respirando alucinado y confuso a la vez. No quedó en mi ni el más mínimo reproche y cuando la señora salió de la sala, tras ofrecerme un rollo de papel higiénico, juro que la ví levitar sobre el suelo, rodeada de una extraña luz. Me prometí peregrinar cada semana a ese templo, a sufrir los rigores de las manos milagrosas de Liu y a vivir la reencarnación de las manos de santa de la china de edad inclasificable. Miguel jamás te confesaré que fui a tu santuario, lo negaré todas las veces que haga falta, pero no podré negarte la sonrisa jamás en la vida.

sábado, 23 de febrero de 2013

Óxido

Me duró poco el retiro laboral. Por suerte, intento ser políticamente correcto, he vuelto a trabajar. Menciono lo de la corrección política porque la verdad es que no he echado de menos levantarme a las siete de la mañana. Puedo parecer frívolo, pero si me dedicara a escribir lo que le parece bién a los demás haría un blog de jardinería. El tema económico no me ha agobiado y he podido dedicarme a leer como un poseso, ver cine y husmear por todos los museos de Barcelona y Madrid. Nunca fue mi ilusión tener un gran coche y, como en los buenos tiempos me gané bién la vida, he podido recurrir a mis ahorros para ser lo más parecido a un tío feliz que puedo de imaginar.

No sólo he estado entregado a la cultura, no creo que haga falta que os lo asegure. Soy a aficionado a sumergirme en toda la mierda que me rodea así que no me ha costado pasar  de los textos de Jung a estar poco después absorto en  la compleja dicción de Mila Ximenez. El problema radica en como encaras cada cosa, no pretendas aprender de Sálvame y divertirte con Jung, si lo haces a la inversa vas en el buen camino.

Me seguí viendo con Sandra algunas veces más. No era la princesa casta y pura que esperaba para desintoxicarme de mi adicción al sexo, pero como buen adicto en rehabilitación, he sido incapaz de pasar sin mi dosis de metadona. Creo que Sandra aparecerá en breve en algún portal de porno amateur o buscando la fama rápida en Mujeres hombres y viceversa. Las últimas veces que follamos mi polla y yo éramos como el atrezzo en una obra de teatro, dábamos contenido a la función pero no teníamos ni una línea de texto. Sandra sólo existe para su orgasmo, para mirarse al espejo mientras cabalga poseída Debo tener algún misterioso radar interno para detectar viciosas y adictas al placer.

No me costó mucho dejar de verla, no recuerdo la excusa que le dí. No fue difícil auyentarla de mi lado, aunque intenté hacerlo con sutileza, dejando en lo posible la puerta abierta. Lo cierto es  no me ha conocido en mi mejor época. La chica es una auténtica golfa en la cama, dispuesta a todo, pero con un punto kamikaze para el que no estoy de humor. Lo que lamentaré es que no haber podido ver como follaban juntas Maria y Sandra.

Maria volverá a casa en Mayo. De este periodo separados no hablaremos, será como el recuerdo brumoso de una noche de alcohol. Supongo que nos susurraremos al oído las noches de vicio que cada uno hemos tenido en nuestros momentos de golfeo. Pero no sé como me comportaré ante la posibilidad de nuevas aventuras. Todo va y viene y a mi ahora me viene todo bastante a traspiés.

Como imaginaréis no me he contentado sólo con masturbarme cuando no he tenido cerca a Sandra. Atraído por las noticias del atentado contra el burdel más grande de Europa, cogí mi coche y acudí a la Jonquera junto a mi socio puteril Gerard. No conozco a nadie que renuncie al placer de coger lo que quiera sin reproches, sin culpa, sin miedo a que le señalen. Lo sórdido, la decrepitud, la tragedia y el drama siempre están presentes en los burdeles y hay personas como yo a las que esa mezcla dulzona les atrae. Muchos swingers no estarán de acuerdo con mi lado putero pero os aseguro que la sensación de entrar en cualquier club swinger o en una casa de putas es calcada. Probad y me decís.

Como el post me está quedando un tanto espeso os voy a colgar unos minutos musicales. Me irá bien porque saldrá en las etiquetas de otros blogs que me tienen entre sus favoritos y os distraerá un rato. Este vídeo me lo envió una pareja alemana, creo recordar, a la que no he tenido la suerte de conocer. La verdad es que no lo recordaba y hace poco lo redescubrí. A los pajilleros les gustará. Cuando lo acabéis de ver seguimos.
Lo cierto es que he vuelto a escribir por un ataque de vanidad. Recibí ayer un mail de una lectora y su aire de reconocimiento póstumo al blog me ha hecho volver a las teclas. M.P. (fíjate que majo soy que no doy tu nombre) me alegraste el día. Cada vez que una lectora me dice que se ha calentado con mis aventuras me da un no sé qué... que me lo digan chicos no es que me desagrade, pero lo de las niñas me vuelve loco. Escribo poco, lo sé, pero no sé a vosotros, pero a mi la vida no me da para tener tantas cosas como para compartirlas. Si este blog fuera de deporte, de cine o de política, quizás estaría cada día tecleando... bueno no creo, me paso el día al ordenador en el trabajo, así que acabo algo saturado del clic clic del qwerty.

Repasando asuntos pendientes desde mi último post he revisado el mail que me envío un amigo, Aiglos Glad, hace pocos días... qué son dos meses sino? Espero que no te hayan desahuciado, ni te hayan detenido por corrupción ni que te hayan despedido... no voy a hacer critica social con esto. Yo hace muchos años que no creo en este sistema que reduce la democracia a la centésima de segundo que tardan el índice y el pulgar en separarse y dejar caer tu papeleta en una urna. Tampoco voy a confesar mis instintos con toda la clase política, banquera y en general con media humanidad. Sólo quiero dejaros una pregunta, quien de vosotros no es potencialmente corrupto? no levantéis la mano tan rápido, pensad en la de veces que habéis engañado, cogido algo que no era vuestro o habéis mirado para otro lado, cuando alguien no hacía lo correcto. De los pirineos para abajo no tenemos remedio. No es de ahora, nuestra herencia genética latina-judía-árabe no nos predispone a la honradez. Ni el Homo Antecessor burgalés debió ser de fiar.

Volviendo al mail de mi amigo. Déjala. Os podéis imaginar de que iba el escrito de Aiglos. No doy un consejo, sino la resolución a un silogismo. Os comento, mi socio quiere tener una sexualidad algo más atrevida de la que tiene. Tampoco os penséis que quiere convertirse en un libertino, se conformaría con follar con la luz encendida, con ver a su mujer con un conjunto de ropa sexy, le gustaría sentir la boca de su esposa en la polla... que atrevido verdad? Ella es reacia a todo eso, pero él lo anhela. Jamás nos hemos mentido entre Maria y yo. No sé si el modelo es exportable, pero estoy convencido de que mi amigo acabará buscando alguna  salida a sus pulsiones. Eso le llevará a mentir, y a la larga a no ser feliz. Si le pidieras a tu mujer sodomizarla cada noche y verterle cera ardiendo en los pezones, entendería que de entrada se negara... pero le estás pidiendo lo que cualquier enamorado quiere de su princesa. Tu no eres el malo de esta historia.

Sé que os debo un post con mis vivencias en Tailandia. Os podéis imaginar lo que hice por allí. Me da cierta pereza escribirlo pero ya os adelanto que no hice nada del otro mundo, bueno de aquel mundo sí. A parte de las orientales siempre me había fascinado el mundo del opio del sudeste asiático de principios del siglo XX, Indochina, la magia de los lugares lejanos, la trastienda de bares poco recomendables, el peligro, así que tras indagar un par de semanas dí con el lugar adecuado. Me recosté y sólo recuerdo con claridad como pinchaba el cojín de lino que me pusieron bajo el cuello. Tengo enormes lagunas, o más bién alguno ligero atisbo de luz sobre que pasó la noche de autos. Recuerdo mujeres con pollas flácidas, de piel suave, recuerdo placer y despertar con el pecho embadurnado de algo reseco y blanco. Me autoconvencí de que aquello había salido de mi cuerpo, aunque en momentos de lucidez me doy cuenta de que no tengo ninguna prueba, así que no sé si soy muy hipócrita cuando me defino como hetero. Si alguna vez me hacen una regresión hipnótica prometo contaros toda la verdad y nada más que la verdad.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Atrapado por la blogger

Una mano se alza de una tumba recién sepultada. Los dedos estirados, la piel rasgada. Habréis visto esa escena en cientos de películas de zombies y vampiros. Así me siento yo. Llevo cerca de seis meses sin aparecer por aquí y me he visto morir cibernéticamente. Sólo algunos de los bloggers que antes me incluían entre sus favoritos, siguen haciéndolo. Todos sabemos que lo blogs más seguidos son los que se actualizan más frecuentemente y que otros medios como twitter están quitando fuerza a estas bitácoras. Aún así es una experiencia curiosa verse morir en la red.

Ya comenté hace tiempo que el trabajo me había dejado. Por suerte ni los coches ni otras frivolidades me han seducido, así que he podido dedicar parte de mis ahorros y tiempo libre a viajar, a desconectarme de todo y a intentar superar algún que otro trauma.

Los que nos habéis seguido sabéis que Maria y yo no somos una pareja swinger al uso. Nunca he acertado a definir lo nuestro, quizás pareja abierta. Como algunos recordaréis Maria se fue a vivir a Madrid por una irrechazable oferta de trabajo. Allí sigue. Primero eran dos meses, después seis, ahora un año, así que aparte de pareja abierta ahora somos pareja a distancia. No hemos roto. Maria sigue follando con su amigo, frecuentando clubs de la capital y comiendo pollas madrileñas. No me disgusta, me lo cuenta y cuando podemos follamos como leones.

Lo cierto es que mi cabeza no estaba bien últimamente. Cuando conoces a una chica y te la imaginas con la cara llena de semen para valorar si es realmente bella, es señal clara de que algún tornillo se te ha aflojado. Adicto al sexo cibernético? si la mayoría del tiempo online lo pasas viendo blogs, vídeos y fotos de todas las perversiones posibles, quizás la respuesta es afirmativa. Jamás se me ocurrió ir a un psicólogo, no tengo mucha fe en esa disciplina y para drogas no necesito a un psiquiatra. Prefiero usar mis métodos. Que mejor remedio que una terapia de choque? Cogí las maletas y me fui a Tailandia, Camboya y Vietnam. Ya contaré en detalle algunas de mis aventuras allí, pero como os podéis imaginar no he sido casto y puro.
A mi vuelta, una par de meses después, sin ver un coño o una polla en la pantalla, me sentía bastante más cómodo conmigo mismo. Durante mi ausencia mantuve el contacto con Maria. A mi llegada estaba en casa y creo que hicimos el amor, al menos yo. Pasamos unos días geniales pero volvió a dejarme solo. Incluso me recomendó que me buscara una amante.

Poco tiempo después conocí a Sandra. En una librería. Preciosa, morena, alta, curvosa y con una sonrisa a la altura de su físico. Estaba buscando un libro, parecía entretenida entre las estanterías. Soy un fetichista de los libros y una mujer rebuscando entre volúmenes me parece muy erótico. La ayudé en sus pesquisas y juntos encontramos la biografía de Ana Obregón...

Sandra es dependienta de una tienda Inditex. Estudia derecho pero lleva un tiempo atascada con asignaturas de primero. Es divertida y podríamos decir que fresca. No creo que me ganara al Trivial, pero es amena y parecía una buena candidata a amante convencional, con gustos normalitos... ideal para recuperarme de mi adicción.

No la toqué hasta la tercera cita, y no follamos hasta la quinta . No le conté mucho sobre mí, sólo que vivía solo, y que trabajaba en casa. La verdad es que tampoco me preguntó, podría haber sido un psicópata que ella no hubiera tenido la mínima sospecha. Aquella quinta cinta cenamos juntos, bebimos y me inivitó al piso que compartía con dos compañeras a fumar marihuana. Quizás no era tan pura como imaginaba, ver como trasegaba las copas de vino ya me puso en alerta.

Con un par de mensajes despejó el piso para que estuviéramos solos. Cruzamos la puerta y empezamos a besarnos, con fuerza y deseo, antes de mover un músculo Sandra ya me estaba tocando la polla. Me llevó a su habitación y me tumbó en la cama. Ella se quedó a los pies y sacó un porro ya liado de un cajón. Lo prendió, dio unas caladas y me lo acercó. Se giró y rebuscó entre las canciones de su Iphone, lo colocó sobre un dock y se dispuso a hacerme un strip-tease al ritmo de Pitbull... no me gustan los strip-tease y menos a ritmo de Pitbull, pero puse mi mejor sonrisa, intenté alejar mis fantasmas y aspiré del porro todo lo que pude.
Al quitarse la parte de arriba mis sospechas se hicieron realidad, no creo que pudiera lamer todos los rincones de aquellos enormes pechos ni en tres noches de sexo. Se quitó el sujetador y pude ver la preciosa cicatriz bajo sus areolas: no siempre había tenido aquellas tetazas. La luz seguía encendida y Sandra parecía seguir un ritual mil veces ensayado...

El tanga a conjunto con el sujetador no tardó en estar arrugado en el suelo. Rosa combinado con rojo, sin duda Oysho, una combinación que hace años hubiera sido una herejía pero que le sentaba de muerte al suelo. No se tapó con la mano, no se giró, se quedó quieta dejando que viera su coño depilado, con un bigotito Hitleriano en la parte superior, y un ligero brillo metálico al que replicó mi polla poniéndose más dura. Yo seguía vestido, expectante. Se acercó a la cama y se sentó sobre mi cara. Pude lamer, sorber y comprobar de donde venía aquel resplandor. Pechos operados, piercing en el coño... ya no quedan princesa para un enfermo en rehabilitación.

Se corrió en mi boca, me comió la polla mirándome desafiante a los ojos. La puse de rodillas y me coloqué detrás para follarla. Como un explorador titubeante, apunté con la polla a su culo y no noté el mínimo reproche, pero como dijo Séneca "no te folles un culo antes que un coño o estarás perdido para siempre" bueno no recuerdo si era Séneca quien lo dijo, pero es lo que me vino a la cabeza. Bajé el punto de mira un centímetro y le metí la polla en el coño encharcado. Con las caderas me marcaba el ritmo, así que acabé follándola con fuerza, sudando y con dos de mis dedos en su culo que se empañaba en demostrar que no era ajeno a aquellos juegos. Se volvió a correr y tras unos instantes le volví a comer el coño con suavidad, saboreando su alegría.

Sandra se levantó y sacó el Iphone del dock haciendo que la música parara, no sabía que Pitbull tenías tantas canciones. La verdad es que verla allí de pie, con ese culo de mármol y esos pechos de plástico desmesurados me hizo pensar en Maria: como le gustaría mi nueva amiga. Me cogió la polla con la mano izquierda metiéndome con habilidad un dedo de la misma mano en el culo. Coincidiendo con mi respingo me sacó una foto con el teléfono, "para mi colección" Acto seguido lo dejó al lado y volvimos al ataque. Me resistí a follar su culo, no en la primera noche de sexo, aunque ella parecía desearlo con ansia. Seguimos un buen rato retorciendo las sábanas y ambientando la habitación con ese olor del sexo vicioso. Sandra se tumbó en la cama y yo me arrodillé cerca de su cara. Me la chupó con fuerza y me pidió que me me corriera. Así no hay quien se rehabilite. Le llené la cara de leche mientras ella se toqueteaba el piercing del clítoris. Me quedé derrumbado al lado mientras oía el chasquido de la cámara de fotos.
Bajando las escaleras del piso de Sandra no podía dejar de pensar en las ganas que tenía de hacer el amor. Tanto cuesta encontrar alguien con algo de piedad que se conforme con follar normalito?

A la mañana siguiente recibí un mensaje de un blog que no conocía "gran noche, sexo guarro del bueno" No conocía a quien me lo enviaba, un nick que no había visto nunca. Entré a pesar de que limito mucho mi dosis de porno diario. Allí pude ver mi polla y las fotos de Sandra con leche en los labios, en la lengua. Varios comentarios de amigas y seguidores apreciando mi polla, preguntando y alabando la hazaña de mi amante. Por lo visto no era el primero en su colección. Desplazando el ratón pude ver a varios de mis antecesores retratados en la misma habitación.
Tras unos días de duda volví a quedar con Sandra. Es una auténtica viciosa y no he podido evitar follar su culo. Me ha propuesto un trío con una amiga y que visitemos un club de intercambio... Cuando creía que estaba volviendo a ser un tío  convencional y soso me encuentro este zorrón. Por favor, es que ya nadie hace el amor?

sábado, 28 de abril de 2012

Enough

Enough es enough, ya hablaremos. Gracias a tod@s.

viernes, 6 de abril de 2012

Video de Viernes Santo

Llevo 15 días solito. Estando como está el trabajo, Maria ha aprovechado una oferta para ir a Madrid estos 15 días. El jueves, viernes, sábado y domingo de Semana Santa no creo que trabaje mucho, pero lo cierto es que no vuelve hasta el lunes. Durante este tiempo he visto mucho porno, me he puesto muy caliente leyendo los comentarios sobre las fotos de Maria y he estado muchas veces tentado de pajearme con las fotos de alguna amiga especial, pero no. Mañana saldré con mi amigo Gerard y no voy a portarme bién. 

Maria está más caliente de lo normal. El éxito de sus últimas fotos entre vosotros y la primavera la tienen enloquecida. Muchos habréis visto que se ha creado una identidad de blogger para poder contestaros y tener una mayor participación en el blog. 

Esta semana me envió dos vídeos y sólo una orden "cuélgalos". Yo me he limitado a editarlos y obedecer. No tengo dudas de que el primer vídeo lo ha grabado una tercera persona. Maria ha vuelto a ir con el mismo equipo que anteriores veces, así que me puedo imaginar lo peor... o lo mejor? No me dolían así los huevos desde que era un crío y veía a mis primas mayores en bragas. Más tarde aprendí como evitar ese dolor, pero no voy a caer ahora. Es un experimento raro, 15 días sin sexo cuando tu pareja parece estar gozando como una loca. Mañana acaba mi penitencia de Semana Santa y prometo contarlo en breve... espero que la resaca me dure un par de días.





sábado, 17 de marzo de 2012

jueves, 1 de marzo de 2012

sábado, 11 de febrero de 2012

Pajillero

No me sienta bien el invierno. Ni me sienta bien ni me gusta. Odio el frío. Uno de los motivos por los que me gustaría ser millonario es para no volver a notar el tacto de una bufanda de lana en el cuello. Digamos que estoy invernando como un oso pardo. La verdad es que desde el último post que escribí no han pasado cosas demasiado remarcables, hasta diría que estoy en retroceso. Quizás es la edad, la maldita ola  de frío siberiano, los abrigos o la interminable crisis. O puede que haya otra explicación, no soy supersticioso, pero este año, por primera vez, no me acabé las uvas el día de fin de año. Mal presagio empeorado al no empezar el 2012 con la acostumbrada buena dosis de sexo, pero mejor os lo cuento.

Empezar el año en Madrid se ha convertido en una especie de tradición para nosotros. Nada de uvas en la puerta del sol, no, un buen hotel con rica cena y maratón de vicio en algún club de la ciudad. En esta ocasión algunos de nuestros amigos se habían apuntado a la cena, así que se nos planteaba un reto de escapistas: ir al club a desbocarnos y volver a la fiesta, a última hora, a desayunar con nuestros amigos. Ellos no tienen idea de nuestro lado sórdido, de nuestros vicios y perversiones. Algo intuyen, pero prefieren no preguntar, no vaya ser que a alguno le entren dudas. A veces las mentiras menos elaboradas son las que mejor funcionan, así que simplemente les dijimos que teníamos que pasar por casa de unos conocidos. 

En la recepción del hotel había un bullicio de mujeres de todas las edades maravillosamente vestidas, perfumadas y calzadas. Las mujeres de mis amigos estaba deseables y preciosas; asiduas del jersey de lana y los tejanos, estaban deliciosas con sus vestidos. Me sorprendí con el escote de alguna, el culo de la otra o los labios de aquella: toda mujer tiene algo por lo que matar. Una cena con amigos en la que abunda el alcohol tiene un alto riesgo de ebriedad. María me miraba de reojo intentando calmar mi ansia de beber, pero lamentablemente no le hice mucho caso. En el segundo plato estaba bastante perjudicado. El cava, los chupitos, los cubatas... perdí la cuenta en las uvas. Empecé tarde y me quedaban en la mano aun tres cuando el chef acabó de golpear la cacerola al ritmo de las campanadas. Baco me pidió su peaje cuando me levanté para ir al baño. Estaba muy mareado, casi choco con una mesa vecina y me equivoqué de puerta un par de veces antes de encontrar el servicio. Al volver María estaba muy molesta, así que antes de sentarme me agarró de la mano y, excusándome, me sacó del restaurante.

Si no fuera por los 240€ que nos costaron las entradass para el club, me hubiera quedado en el hotel, pero María no era de mi misma opinión.
-Porque tu te desmadres no me vas a dejar a mi con las ganas- Me recompuse como puede y fuimos hasta el club, que estaba muy cerca, en un taxi. Me concentré para entrar al club con la máxima dignidad. Creo que lo conseguí. El ambiente era, o me pareció a mi, delicioso. Igual que en el hotel vi a la mayoría de asistentes bien vestidos y sexys. También vi unas cuantas parejas que no entiendo como les habían dejado entrar en el local. Debería haber una policía que detuviera a la gente que no respeta un mínimo de dress code, y más en una noche tan especial. Estaba muy lleno pero faltaba algo de química en el aire, mucha pose, parejas preciosas, pero poco sexo. Opté por acercarme a la barra y empezar a canjear mis vales por cubatas. Uno tras otro. María bailaba, miraba, se dejaba mirar, se rozaba con uno y con otra. Yo sostenía la barra y empezaba a lamentar mi ansia. María me cogió de la mano y me adentró en el laberinto, eso me parecía a mi, de habitaciones oscuras. Los gemidos eran aquí más insistentes y capté con mucha claridad el olor del látex caliente, de los cuerpos, del sudor y del resto de fluidos posibles. Sexo en mayúsculas.

Nos acercamos al glory hole. Sólo una polla asomaba por uno de los agujeros. María se puso en cuclillas y empezó a chupar. La polla estaba dura, no era muy grande pero era la que había, y por lo que vi, María se moría de ganas de meterse una en la boca. Me sentí invisible y afortunado a la vez. Vi como el tío empujaba y metía la polla todo lo que podía a través del agujero. Oía los gemidos ensordecidos a través del tabique y veía la cabellera rubia de mi chica moviéndose con ritmo. Yo, que estaba apoyado mirando desde lejos, me arrodillé y me puse cerca de María, escuchando como sorbía y chupaba. No me miraba, era como verla a través del espejo. No me sostenía muy bien, así que estaba recostado en la pared. Noté algo suave en mi cuello. Pensé que alguien me reclamaba, y me giré con la mejor de mis sonrisas. Delante de mis ojos vi amenazante una polla que se colaba por otro de los agujeros del Glory Hole. Estaba tan borracho que incluso dudé si tenía que chuparla, cumpliendo con lo que se suponía que debía hacerse allí, retorcerla, escupirle o pegarle un collejón. Así que opté por levantarme muerto de la risa mientras oía al dueño de la polla insistir con un seductor -chupa, vamos, chupa- pobre hombre seguro que no tenía ni idea de lo que estaba al otro lado.

María miró de reojo al nuevo inquilino pero viendo su tamaño, siguió mamándosela al primer afortunado. Aún así se apiadó de la polla confundida y la pajeó como pudo. María empezó a engullir más hondo y más rápido y el chico gemía y decía -te quiero follar, te quiero follar- Vi como mi chica deseaba la leche del muchacho, pero este parecía querer más. Cuando estaba a punto de correrse el tío retiró la polla del agujero, y apareció ante nosotros. María casi no se había levantado y allí estaba ya el tío con la polla al aire. Mi chica lo miró de arriba abajo, pasó por su lado y me agarró del brazo. 

Se veían ahora más cuerpos, carne, había sexo y mirones por todas partes. En el cuarto oscuro perdí a María. Yo me saqué la polla y deambule tanteando cuerpos. Me pajearon, me chuparon, toqué, estrujé, me tropecé y salí a tomar el aire, subiéndome el pantalón por el camino. María apareció a mi lado -Vámonos de aquí antes de que te echen- Habíamos estado en el cuarto oscuro mas de media hora. Ni idea de lo que hizo mi chica por allí.

Volvimos al hotel caminando. María me agarraba para darse calor y equilibrarme. La fiesta del hotel estaba en pleno apogeo y no fue difícil encontrar a nuestros amigos. Probablemente a causa del lugar de donde veníamos y del alcohol, me pareció ver a nuestras amigas muy cariñosas entre ellas y desinhibidas. Ellos comentaban en la distancia, cubata en mano, con la misma mirada que tantas veces les había visto en las casas de putas, fantaseando con la presa a elegir. Estuve a un tris de hablar más de la cuenta proponiéndoles a mis amigos un fin de fiesta "diferente"; por suerte algo de razón entró en mi mollera, cerré la boca y me alejé a por otra copa. María bailaba con las chicas y me controlaba por el rabillo del ojo.

En unos segundos se desmoronó el mundo, me flojearon las piernas y la gente se volvió borrosa y ondulante. Mi cuerpo dijo basta y el ron se reía de mi en el vaso. Lamenté mi poca cabeza, no me pasaba algo así desde hacía años. La camarera me miraba con cara de malas pulgas y lástima. María me cogió del brazo nuevamente y me arrastró a la habitación. Me desnudé y me dejé caer sobre la cama. Mi chica me miraba con los brazos cruzados dede los pies de la cama. 
-Yo no me voy a acostar todavía- después de decir eso oí cerrarse la puerta. Me quedé con la tele encendida. Creo que estaba Sandro Rey haciendo predicciones para el sorteo del niño, tal vez lo imaginé. Me levanté a vomitar varias veces, me perdí en la habitación y casi vomito en el balcón. Dentro de mi patetismo intenté hacerme una paja, pero me quedé dormido sin llegar a empalmarme. Me desperté varias veces. El reloj avanzaba y María no volvía. 

Me desperté con la luz del sol, la persiana abierta hasta arriba, y no había nadie a mi lado. Vi por el suelo de la habitación las prendas de María, su sujetador, las medias... y su tanga. Afilé mis sentidos y oí el correr de la ducha. Me levanté con un dolor de cabeza horrible y busqué pruebas de como le había ido la noche a mi pareja. No sé que hizo, no me lo ha contado, pero puedo imaginar cualquier cosa.

Desde que empezó el año María me sigue pasando factura por mi lamentable espectáculo. En este mes y medio poca cosa ha ocurrido. Follamos, eso sí, pero no me ha explicado nada de sus horas a solas en Madrid. No fantasea, no juega conmigo, ni siquiera hemos utilizado nuestros vibradores en lo que llevamos de 2012.

Tal como decía al principio yo tampoco estoy en mi mejor momento. Por suerte alguna amiga del blog me ha alegrado con sus fotos y me he devirgado en una nueva práctica. En nuestros inicios en el vicio colgábamos fotos en morbocornudos o amateurtotal. Recuerdo cuando los chicos nos enviaban sus fotos corriéndose sobre el cuerpo de María. Cuantas corridas les debo a esos benefactores! Mi chica se ponía muy caliente viendo el efecto que provocaba en otros chicos y, en parte gracias a eso, se ha convertido en quien es ahora. En este trance invernal parece que he completado un bucle. Ahora soy yo quien se corre con las fotos de sus amigas y se las devuelve llenas de leche. Después de todo me he vuelto un pajillero. Creo que hasta que no le devuelva a María la noche que le escamoteé en fin de año me lo va a hacer pagar. Quizás tampoco me vaya mal un poco de vida de marido convencional: sexo ortodoxo con la esposa y pajas furtivas con amantes imaginarias. A alguno os suena de algo?

*Las fotos corresponden a admiradores pajilleros de María durante estos años.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Puto soy

Me esperaba que Sonia fueses tu, misteriosa T.
Me esperaba que Sonia fueses tu, Marieta.
Me esperaba que Sonia fueses tu K, o que fueras tu, pero Sonia resultó ser Sonia, casada y triste.

No hago mucho caso de los comentarios anónimos, pero he de reconocer que el mensaje de Sonia me impactó. Su declaración de intenciones era clara y contundente: quería comerme la polla. Desonfiado le pedí que me enviara un mail, y al poco recibí su mensaje. Era un mail no muy extenso donde me explicaba que hacía poco tiempo había descubierto el blog de Obediente Nena. Nuestra musa del vicio no la dejó indiferente y siguió indagando por otros blogs de temática golfa. Me confesaba que se había masturbado con nuestras vivencias y con la de otros amigos bloggeros (UHL, Skhorpio y Traviesa Pareja, de entre los que soy asiduo). Lo que al principio le pareció una fantasía fue tomando cuerpo poco a poco. Así hasta que me ofrecía una cita.

Me envió fotos (vestidita y formal) y me resultó del todo normal, aunque ese pueda ser el peor piropo que nos dediquen. Ni gorda ni delgada, ni fea ni guapa, sobria, sin maquillar, con poco pecho y con esa sensación de poder discurrir entre la gente sin que nadie reparara en ella. La sinceridad de su mail y que lo acompañara con varias fotos me convencieron de quedar con ella en un conocido bar de Barcelona, en la calle Ferran el Catòlic por donde pasan miles de guiris y lugareños al día.

Yo la esperaba en un mesa a lado de la cristalera que da a la calle. Ella no conocía mi rostro pero yo tenía claro como era ella. Desde aquel sitio veía la entrada y no sería dificil hacerle una señal. Llegó puntual y enseguida me localizó, de hecho era el único solitario del bar. Se acercó desabrochándose la chaqueta y quitándose el foulard.
- Carlos?
-Si, eres Sonia?
Me contestó colocando la chaqueta sobre el respaldo de la silla y sonriendo como si acudiera a una entrevista de trabajo en una juguetería. La verdad es que la situación no dejaba de ser sorprendente, esa mujer me quería comer la polla, así sin más. Tras pedir un martini comenzamos una conversación lo más alejada posible del asunto que nos había reunido.

Poco a poco la charla comenzó a girar sobre ella y su vida. Tras comentarme que me había imaginado más feo (sic), pasó a relatar como nuestro blog había despertado su morbo e imaginación. Llevaba casada diez años en los que había sido madre de dos niñas preciosas de las que me mostró fotos, en un momento realmente embarazoso. Me explicó que en su adolescencia no había sido como su actual marido creía. Creció en una zona periférica de Sevilla y ni el sexo ni las drogas le había sido ajenas. Con catorce años había perdido la virginidad y en pocos años más había perdido la cuenta de chicos con los que había estado. Un embarazo no deseado, con su correpondiente aborto, y la muerte de un amigo en accidente de tráfico la convencieron de abandonar su alocada adolescencia para buscarse la vida en Barcelona, en casa de sus tíos. En estos momentos de la charla no me veía capaz de meterla la polla en la boca, para que os voy a engañar.

Al llegar a Barcelona, ya sobre la veintena, había dejado de lado el mundo de las discotecas, la noche y las drogas. En el gimnasio había conocido a un muchacho de su edad, Francesc, estudiante de derecho y de buena familia que más que un príncipe azul, era una boya flotando en un océano de mugre a la que agarrarse. Tras un casto flirteo actuando como de una buena chica se esperaba, llegó el noviazgo, el cariño, algo de sexo puro y silencioso, la boda, las felicidad de plástico, la maternidad y el aburrimiento.

Estaba enamorada de Francesc como padre, como amigo, como compañero e incluso como abogado, pero jamás lo había deseado (también intentó enseñarme una foto en el iPhone pero la disuadí de que lo hiciera) Lo quería tanto que no se imaginaba tener una relación paralela, así que, resumiendo, había buscado en la Sodoma y Gomorra de la red alguien que le diera terapia.

Sonia me cayó genial, pero la verdad es que no me hubiera acostado con ella y dudaba que fuera capaz de algo más que mantener una conversación. Me confesó que le gustaría ser como Maria o como Lara, pero le faltaba lo básico, la complicidad de su marido, que como podéis imaginar andaba en otro concepto del erotismo y el morbo. La miraba a los ojos y veía algo parecido a la tristeza, aunque sus labios y el tono de su voz cada vez me resultaban más atractivos. Me habló sin tapujos de las fotos de mi polla y del vídeo donde María me la chupaba. Se había corrido viéndonos y eso la hacía estar más cerca de mí que muchas otras personas.
Sin más me dijo que la acompañara al servicio. Fui tras ella en silencio y entré en el baño. Estaba sentada en el inodoro. No hubo preámbulos, me echó mano al cinturón y me desabrochó el pantalón. Fue la última vez que me miró a los ojos, con una sonrisa tibia. Me bajó el calzoncillo y me cogió la polla con mimo. Se la metió en la boca, aun flácida y la degustó como un helado en una tarde de verano. Yo no la tocaba, me dejaba hacer. No me costó nada empalmarme y Sonia lo celebró lamiendo, sorbiendo y pajeándome con pasión. Se la metía hasta la garganta, la sacaba y la besaba, pasaba la lengua arriba y abajó... no entiendo como su marido no había notado que la chica tenía escuela. Le desabroché un par de botones de la camisa y busqué sus pechos. Parecían vacíos, trémulos, como si hubiera amamantado a un tercio de legionarios, pero me sorprendió el tamaño y la firmeza de los pezones. Los pellizqué y acaricié provocando que se arqueara y gimiera. Se desabrochó el pantalón y metió su mano izquierda en las bragas. Intenté ver su coño, su pubis pero ella pareció esconderlo, supe que estaba allí porque engullía con más furia mi polla y se movía sobre el inodoro buscando la manera de que su mano estuviera más cómoda.

Busqué mi móvil para dejar prueba de mi sorprendente aventura, pero Sonia me lo impidió soltando mi polla y sujetándome la muñeca. Volví a dejar el iPhone en el bolsillo y decidí que era momento de dejar de ser un objeto. Cogí a Sonia del cuello y le metí la polla con firmeza pero lentamente en la boca, hasta que noté como entraba en su garganta. La mano de Sonia aceleró y empecé a follarle la boca con más fuerza. Le costaba respirar, notaba sus balbuceos y gemidos mezclados con sorbidos llenos de placer. Noté que me iba a correr. Pellizqué su pecho y la avisé con un gemido de que iba a llenarle la boca. Ella no la apartó. Siguió ofrecida, separando sus muslos y gimiendo. La primera oleada le llenó la boca, incluso tuve miedo de que con una arcada me mordiera, la segunda le escurrió por la comisura de los labios y el resto siguió ese camino. Se sacó la polla de la boca y escupió sobre el suelo mucho menos de lo que yo le había dado. Se limpió con papel higiénico y se recostó sobre la taza del inodoro buscando aire. Se abrochó la camisa, el pantalón y pasó por mi lado acariciándome el pecho con la mano, sin mirarme. Yo seguía con la polla untada de saliva y semen. Me retiré para dejarla salir y me limpié como pude.

Sobre la mesa había un billete de veinte euros sobre la cuenta. Ni rastro de Sonia. Parecía el pago a mis servicios, propina y dinero para el taxi, como un puto.

Días más tarde recibí un correo de Sonia. No le he contestado, así que aprovecho el blog para hacerlo. Por el texto parecía que había escrito con su marido husmeando la pantalla. Tenía un solemne aire de felicitación navideña borbónica, que tuve que interpretar:
"Gracias por tus consejos" (imagino que se refiere al blog, yo esa tarde hablé poco)
"Es una suerte tener amigos como tú" (creo que no somos amigos aún, no digo que no podamos serlo, la verdad ningún amigo me la ha chupado aun, nunca se sabe)  
"Espero seguir contando con tu apoyo" (aquí tengo claro que es un juego de palabras, no se refiere a "apoyo" sino a "polla", bueno Sonia, no voy a negar que eres toda una profesional en el francés) 
"Amigos que lo dan todo si pedir nada a cambio" (bueno, lo que te di me sale gratis, pero puestos a pagar... hombre algo más que veinte euros te agradeceré)
"Espero volver a tener una charla tan agradable como la del otro día" (Sonia si te gustó la experiencia creo que podríamos subir un nivel, estuve apunto de darte la vuelta en el baño, pero como ves soy un caballero. Por otra parte si te apetece repetir seguro que si me das permiso para poner tu mail en el blog, no te faltarán "amigos").

No voy a negar que disfruté como un animal. Creo que es una de las experiencias más bizarras y gratificantes que he tenido. Tras la apariencia dulce y apagada de Sonia hay una  auténtica depredadora dormida. Pobre Francesc, creo que ha empezado una cuenta atrás que va a hacer saltar su conservador modo de vida. Bienvenida de nuevo al mundo de los golfos.

Maria se está enterando al mismo tiempo que vosotros de mi escarceo barcelonés. Lástima no tener una foto para ilustrarlo. Si alguien fue al baño de señoras del Schilling y encontró un líquido blanco en el suelo, que sepa que no era gel, era fluido de blog golfo.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Playing leds

Hay que ver el juego que da un buen hotel y un equipo de leds...



sábado, 5 de noviembre de 2011

El agridulce reencuentro

Fue poner la llave en el contacto, retorcerla y escuchar el motor ronronear. El mecánico ha hecho un buen trabajo. Todo funciona bien, pero no es como antes. Por suerte la factura no ha subido tanto como esperaba.

Tardo tanto entre entrada y entrada que siempre creo que debo dar explicaciones. La verdad es que desde el último post muchas cosas han cambiado. Después del verano mi principal fuente de ingresos me dijo que de momento prescindirían de mis servicios. No es exactamente un despido ya que no tenía contrato, pero de hecho ya no recibo una transferencia al mes por mi trabajo. Digamos que estoy en paro. Por suerte durante los años buenos no hice el loco y puedo pasarme los días viendo series y leyendo en mi sofá sin impacientarme.

María sigue colaborando con la empresa que la contrató hace unos meses y una buena cantidad de dinero entra en casa gracias a eso. María me anima a que escriba y me descuide por un tiempo de buscar trabajo, pero se me hace difícil guardar mis trajes y corbatas.

Hasta aquí creo que sólo algunos os sentiréis interesados. Quizás muchos otros esperáis que os explique como fue el reencuentro con María. Ya os adelanto que ahora la comparto con su amante. Él sabe que yo estoy al corriente e incluso le propuso a María que folláramos los tres, pero ella prefiere no mezclarnos. Es su juego y nosotros debemos respetar las normas.
Nuestro reencuentro fue en Ibiza. Pocos sitios mejores para gozar de buenas playas, copas y noches. A los que penséis en la Ibiza de los programas playeros de Cuatro ya os advierto que os equivocais de isla. Hay otra Isla Blanca diferente. María volvía de Madrid y nos pareció genial reencontrarnos en el hotel. Nuestra primera vez tras la separación fue visceral, animal. Follamos y nos besamos. Apenas la toqué como si quisiera concentrar todas mis energías en la polla. Nos corrimos jodiendo la siesta de los vecinos y empezamos nuestra semana romántica. Hubo paseos al atardecer, puestas de sol y mil caricias.

Pasábamos el dia en la playa de es Cavallet, en la zona nudista, salpicando nuestro convencional romanticismo con cuerpos morenos de alemanes y nórdicos. Parece que el nudismo está de baja entre los latinos y los jóvenes. Por mucho que nos esforzáramos en ser un parejita enamorada al uso, no podíamos renunciar a nuestros juegos. María separaba las piernas, como de costumbre, ante las miradas de nuestros vecinos y yo no perdía detalle de las intenciones de sus admiradores. Aunque no lo habíamos hablado aun, los dos nos moríamos por follar con alguna de aquellas parejitas  en su mayoría pasados de los cuarenta y deliciosamente depilados.

La farsa duró tres días. Al cuarto, mientras cenábamos en un restaurante del puerto, le pregunté directamente por su amigo. María me miró fijamente, con una sonrisa segura que me cohibió. No tuvo reparos en contarme lo bien que follaba con él. Que le daba un morbo terrible ser amante y esconder su aventura ante los compañeros. El chico estaba casado. Saber que María también tenía pareja le hacía sentir menos culpable y mucho más caliente. Supongo que a todos nos llena de vanidad follarnos a la pareja de otro. Ya sé que muchos os sentiréis indignados y pensaréis que debía hacerme valer, enfadarme, pero María me conoce demasiado. Pasando de mis miradas y gestos reprobatorios, me cogió la polla: Ella no engañaba, estaba durisima, deseosa de correrse. La sinceridad de mi polla la animó a asegurarme que no pensaba dejarle. Le gustaba como follaba y su polla, y por suerte, no sentía absolutamente nada por él. Habían ido incluso a algún club de intercambio, así que no era cornudo por una sola vía.  

Durante los meses que María estuvo trabajando fuera yo no me quede en casa fustigándome. Al principio si, pero tras masturbarme con toda la pornografía posible, decidí tocar carne. Ya sabéis de mis salidas con mis amigos. Fui de putas sólo y acompañado, por la tarde y por la noche, e incluso follé con una mujer mayor que yo si pagar. Eso si, no repetí nunca compañera. Una extraña percepción de la fidelidad la mía, verdad?

Aquella noche alargamos la velada todo lo que pudimos. Bebimos, fumamos y buscamos compañía sin suerte hasta que el cuerpo dijo basta. María se desnudó y se exhibió delante mio de una manera nueva. Se sentía fuerte, deseable y dominante. Le comí el coño con ansia, me empujaba la cabeza con fuerza y tuve que evitar el deseo caníbal. Me susurraba al oído como la follaba su amigo, como le chupaba la polla en el baño de cualquier restaurante mientras cenaban con los compañeros. Aguanté hasta que María me suplicó que me corriera, quería derrotarla, darme una dulce venganza, así que cuando me corrí ella llevaba bastante rato en fase REM.

Me vestí y miré por la ventana. Aun era de noche. Cogí la cartera y bajé a recepción. No me costó encontrar un club cercano. Las chicas estaban somnolientas, así que no perdí el tiempo. Descarté las rusas y rumanas, de preciosos cuerpos, y me fijé en una mulata de caderas anchas, tetas enormes y caídas. Seguramente era la que menos había trabajado en la noche. No discutí el precio. Desnuda era aún más desagradable que vestida, pero saboreé su coño con pasión. Ella gozaba y juraría que se corrió enseguida. Me pareció adivinar cierta mirada romántica, quizás la falta de costumbre. No sé si muchos clientes le habían comido el coño en aquel local. Sin desentornar los ojos me empezó a chupar la polla, creo que pensaba en su marido. No mamaba mal, pero nadie me la ha comido como María. La follé a cuatro patas, incluso me planteé metérsela por el culo, pero la vista de sus posaderas me disuadió. No se cuanto tiempo estuve embistiéndola. No me contuve, cada vez más fuerte, apretando sus enormes tetas y buscando con mis dedos su clítoris. Me sentí un cabrón y noté el alivio de la chica cuando le di la vuelta y me quité el condón. Me corrí en su pubis. No me había fijado en la barriga que tenía y en el vello rizado que me hizo pensar que estaba follando con la protagonista de alguna película porno de los setenta. Me vestí y dejé a la puta en su ensoñación romántica.

Al salir el jefe del lugar estaba colocando las sillas sobre las mesas y solo quedaba una chica en el local. Seguramente la puta que esa noche debía pagar su cuota por trabajar allí. Regresé al hotel y María parecía no haberme echado en falta. La marihuana siempre le hace el mismo efecto.

No le dije nada de mi salida de aquella noche. Seguimos hablando de nuestra nueva relación abierta y me propuso que yo buscara alguien para mis juegos. No hubiera querido escuchar aquello. No sé donde nos va a llevar esto. Se que el amante de María no tiene el menor interés en que su relación vaya más allá. Para él María es el barquero que la lleva a la otra acera, al infierno. No necesita fingir, goza con ella y se siente realizado haciendo cosas que no se atrevería a pedir a su esposa. No he visto ninguna foto de el, prefiero no hacerlo. Si he visto como es su polla y como María se la chupa. No os voy a negar que me excitó verlo y tampoco os negaré que siento algo parecido al desasosiego.

Quizás ahora entendais mi demora en escribir. Ya lo veis, sin trabajo, cornudo, angustiado, más pervertido que nunca, pero terriblemente enamorado de María. Alguien lo entiende?

también te puede interesar

Related Posts with Thumbnails